Gin Phi­llips

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Que Hay De Nuevo -

Yo ha­ría todo por mi hijo pe­ro, ¿dón­de de­ja eso al tu­yo?

Un lu­gar idí­li­co, el zoo, se con­vier­te en un in­fierno cuan­do irrum­pen unos fran­co­ti­ra­do­res, y una mu­jer de­be po­ner en mar­cha to­dos sus re­cur­sos pa­ra pro­te­ger a su hijo. Ese es el arran­que de Reino de fie­ras (Su­ma de le­tras), una tre­pi­dan­te no­ve­la con­tra­rre­loj so­bre las lu­ces y som­bras de la ma­ter­ni­dad y las de­ci­sio­nes ex­tre­mas.

Un ti­ro­teo en un zoo es una tra­ma ori­gi­nal. ¿Có­mo se le ocu­rrió? Es­ta­ba bus­can­do una his­to­ria y to­das las que se me ocu­rrían me lle­va­ban a la ma­ter­ni­dad. Yo pa­sa­ba mu­cho tiem­po con mi hijo en el zoo y, cuan­do te de­tie­nes por enési­ma vez a mi­rar a un cai­mán in­mó­vil, pien­sas en mu­chas co­sas. Me en­con­tré dán­do­le vuel­tas a lo que ha­ría si al­guien en­tra­ra en el zoo con un ar­ma. ¿Dón­de iría?¿qué ha­ría? Al final, esos pen­sa­mien­tos se con­vir­tie­ron en el mar­co que ne­ce­si­ta­ba pa­ra ex­plo­rar to­dos los án­gu­los de la ma­ter­ni­dad.

Hay un mo­men­to te­rri­ble, cuan­do la pro­ta­go­nis­ta ve un be­bé aban­do­na­do y no se atre­ve a lle­vár­se­lo pa­ra no arries­gar la se­gu­ri­dad de su hijo. No se pue­de es­cri­bir so­bre ma­ter­ni­dad sin dar­se cuen­ta de que im­pli­ca cier­to egoís­mo. Yo ha­ría cual­quier co­sa por mi hijo... pe­ro ¿dón­de de­ja eso al tu­yo?¿qué ha­go cuan­do se tra­ta del bien ma­yor con­tra lo que be­ne­fi­cia a mi fa­mi­lia? Creo que Joan, al final del li­bro, des­cu­bre una de­fi­ni­ción más am­plia de la ma­ter­ni­dad: mol­dea­mos a las per­so­nas de nues­tro en­torno. Nos de­be­mos al­go mu­ta­men­te, in­clu­so si nos aca­ba­mos de co­no­cer. In­clu­so si no nos co­no­ce­mos.

¿Có­mo con­ci­bió a los tres ti­ra­do­res que irrum­pen en el zoo?

In­ves­ti­gué to­dos los ti­ro­teos en lu­ga­res pú­bli­cos de los úl­ti­mos años: qué ar­mas usa­ron, có­mo lle­va­ron a ca­bo su plan... Y, pa­ra el per­so­na­je de Rob­bie, el ti­ra­dor más pre­sen­te en el li­bro, bus­qué ras­gos re­co­no­ci­bles: pe­re­za, ba­ja au­to­es­ti­ma, ten­den­cia a cul­par a los de­más... Que­ría que a los lec­to­res les re­cor­da­ra a al­guien con quien fue­ron al co­le­gio, o a al­gún ami­go de sus hi­jos. Crear unos ase­si­nos sin ros­tro dis­mi­nui­ría su mal­dad.

¿Y sus mo­ti­va­cio­nes?

No creo que exis­ta una ra­zón, en un sen­ti­do que no­so­tros po­da­mos en­ten­der. Tras ca­da ti­ro­teo, hay mu­chas pri­sas por aver­guar los mo­ti­vos de los ase­si­nos. Y los hay: su­fren, es­tán lle­nos de ira, son en­fer­mos men­ta­les o psi­có­pa­tas... Pe­ro, en reali­dad, na­da de eso es una res­pues­ta.

En cier­to mo­men­to, los ani­ma­les se mues­tran más com­pa­si­vos con sus muer­tos que los hu­ma­nos. ¿Por qué in­clu­yó es­ta es­ce­na?

No sé si ten­go una res­pues­ta pro­fun­da. Me gus­ta­ba ese mo­men­to de be­lle­za y gra­cia. No sé si los ani­ma­les son más com­pa­si­vos que los hu­ma­nos; sos­pe­cho que, como no­so­tros, son ama­bles y egoís­tas, ase­si­nos y ge­ne­ro­sos, todo jun­to.

¿To­da­vía le gus­ta el zoo?

Sí, aún me en­can­ta. Aun­que aho­ra mi hijo pre­fie­re ir a com­prar dul­ces.

La es­cri­to­ra Gin Phi­llips y la por­ta­da de Reino de fie­ras (Su­ma de le­tras).

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