«Lle­ga un mo­men­to en que me gus­ta re­cor­dar­me de don­de son mis raí­ces»

Hoy vol­ve­rá a Los Án­ge­les, don­de vi­ve, tras ro­dar aquí el cor­to mu­do «To the sea»

La Voz de Galicia (Viveiro) - Viveiro local - - A MARIÑA - YO­LAN­DA GARCÍA

Car­los Leal, ac­tor sui­zo de pa­dres ga­lle­gos y con raí­ces en Vi­vei­ro, de­ja mó­vil, ga­fas y un li­bro so­bre la me­sa mien­tras pi­de ca­fé con le­che y agua. Ha aca­ba­do a las tres de la ma­dru­ga­da de ro­dar To the sea de Ju­lian M. Grünt­hal en A Ma­ri­ña y va a re­en­con­trar­se con sus fa­mi­lia­res vi­vei­ren­ses an­tes de re­gre­sar, hoy, a Los Án­ge­les. Allí vi­ve aho­ra. Ha par­ti­ci­pa­do en films y pro­yec­tos en los idio­mas que ha­bla (fran­cés, ale­mán, ita­liano, in­glés, es­pa­ñol) y sal­pi­ca la char­la con frases en gallego y un me­ló­di­co acento.

—¿Có­mo sur­gió su par­ti­ci­pa­ción en es­te tra­ba­jo,

—Co­noz­co al di­rec­tor, que es de ori­gen sui­zo. En un fes­ti­val de ci­ne, ha­ce dos años, él me ha­bló de un pro­yec­to que te­nía y des­pués me en­vió el guion. Me gus­tó mu­cho. Aun­que ya no ha­go cor­to­me­tra­jes, mu­chas ve­ces la crea­ti­vi­dad se en­cuen­tra en los cor­to­me­tra­jes. Es­te to­ca el te­ma de la crisis mi­gra­to­ria en Eu­ro­pa de los úl­ti­mos años, que se­gu­ra­men­te se­gui­re­mos te­nien­do, pe­ro de una ma­ne­ra muy su­til por­que la his­to­ria prin­ci­pal no es esa. Es... la so­le­dad. Una mu­jer que se mue­re de so­le­dad en un pue­blo cer­cano al mar y es­pi­ri­tual­men­te lo que esa mu­jer pi­de al mar o a «Dios» o lo que sea y lo que el mar le trae. Me pa­re­cía muy bo­ni­to y muy poé­ti­co. Es di­fí­cil ha­blar de te­mas co­mo el de los re­fu­gia­dos y aña­dir poe­sía. Co­mo yo vi­vo en Los Án­ge­les era di­fí­cil pe­ro... no sé por qué [son­ríe] en los úl­ti­mos me­ses Ga­li­cia «me es­tá cha­man­do». Isa­bel Blan­co, que va a es­tre­nar el do­cu­men­tal Pa­sa­por­te gallego, vino a ver­me a Los Án­ge­les y des­pués me tra­jo aquí. Ha­cía mu­chí­si­mos años que no ve­nía y... de re­pen­te, unos me­ses más tar­de, aquí es­toy de nue­vo ha­cien­do mi tra­ba­jo. Cu­rio­so. La úl­ti­ma vez yo vi­vía en Ma­drid, ha­ce 8 ó 9 años. Y es­te año vi­ne dos ve­ces. Ten­go fa­mi­lia en Vi­vei­ro, Fe­rrol y A Co­ru­ña. Y la coin­ci­den­cia de que la pe­lí­cu­la se gra­be en Vi­vei­ro no vie­ne de mí. Na­da de eso. El di­rec­tor es­cri­bió la his­to­ria y su di­rec­tor de fo­to­gra­fía es de aquí, quien le di­jo «ten­go el si­tio per­fec­to pa­ra es­ta his­to­ria: Vi­vei­ro». Y cuan­do vie­ne a ha­blar­me de es­ta pe­lí­cu­la y me di­ce que la van a gra­bar en Vi­vei­ro, yo di­go... «¿Quééé?» ¡Es in­creí­ble! Ten­go 48 años y lle­ga un mo­men­to en que me gus­ta re­cor­dar­me de don­de son mis raí­ces.

—Es un ac­tor sin fron­te­ras.

—Siem­pre di­go que pa­sa­por­tes ten­go uno, dos... no sé cuan­tos. Me gus­ta de­cir que me sien­to más eu­ro­peo que sui­zo o es­pa­ñol. Na­cí en Suí­za. Tam­bién ten­go mu­cho de la cul­tu­ra sui­za den­tro de mí pe­ro tu­ve suer­te de via­jar mu­cho con la mú­si­ca, con Sens Unik, en­con­trar gen­te di­fe­ren­te. Es una ri­que­za in­creí­ble.

—Su pro­yec­to más in­me­dia­to.

—Em­pie­zo se­rie pa­ra la ca­de­na na­cio­nal ame­ri­ca­na NBC, con uno de los pa­pe­les prin­ci­pa­les.

—¿Qué di­fe­ren­cias per­ci­be en­tre se­ries es­pa­ño­las y ame­ri­ca­nas?

—No hay di­fe­ren­cias en el sen­ti­do en que los equi­pos en Es­pa­ña tra­ba­jan de ma­ra­vi­lla. Los te­mas sí son di­fe­ren­tes. Amé­ri­ca tie­ne una cul­tu­ra a la que me cues­ta adap­tar­me. Es un país que se cons­tru­yó con mu­chas ga­nas de oro, de con­quis­ta, po­se­sión, di­ne­ro y se ve mu­cho en se­ries y pe­lí­cu­las. El ci­ne de Holly­wood no es mi ci­ne. Me gus­ta­ría mu­cho ser un ac­tor de Holly­wood pe­ro eso no quie­re de­cir que me quie­ro mo­rir ton­to... no sé si me en­tien­des. Por eso ha­go pe­lí­cu-

las co­mo es­ta o de vez en cuan­do re­gre­so a Eu­ro­pa pa­ra ha­cer otras que mu­chas ve­ces tie­nen te­mas más pro­fun­dos, in­te­lec­tua­les e in­tere­san­tes (...) Es­toy in­ten­tan­do te­ner una carrera in­ter­na­cio­nal pe­ro sin per­der de vis­ta que el ar­te es lo más im­por­tan­te.

—¿Tie­ne ya su rin­cón en Vi­vei­ro?

—De Vi­vei­ro, don­de ve­nía aquí más bien de va­ca­cio­nes, no me acor­da­ba mu­cho y no te­nía un lu­gar en par­ti­cu­lar. Ayer [por an­te­ayer] co­mo te­nía tres ho­ras de des­can­so me fui a pa­sear por Vi­vei­ro [co­men­ta que en una far­ma­cia le re­co­no­cie­ron]. Con el sol in­creí­ble de Ga­li­cia en es­tos días me sen­té en un ban­co y me que­dé mi­ran­do la ría y [su­su­rra] el agua no se mo­vía un pe­lo. Tu­ve una sen­sa­ción de paz in­creí­ble así que ya sé adon­de ir al vol­ver.

—En­ton­ces, ya tie­ne su ban­co.

—Sí. Y en Sui­za ten­go otro.

PE­PA LO­SA­DA

Car­los Leal, ayer en el par­que Per­nas Peón de Co­vas.

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