¡VOY CON­TI­GO AL BA­ÑO!

ES­TOS SON LOS MÁS BO­NI­TOS Y LOS MÁS ORI­GI­NA­LES DE AQUÍ

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: PATRICIA G. LE­MA Y TA­NIA TA­BOA­DA

Asear­se con gus­to o mo­rir. Que aho­ra lo bo­ni­to de un lo­cal no so­lo es­tá en el pla­to. Tam­bién en el re­tre­te. Ya sa­ben, al fon­do a la de­re­cha. Los hay de pe­lí­cu­la y tam­bién de ri­sa. Es­tos son al­gu­nos de los res­tau­ran­tes y ba­res con los ba­ños más cu­rio­sos que en­con­tra­mos re­co­rrien­do Ga­li­cia. Don­de el au­tén­ti­co te­so­ro del lo­cal ca­si siem­pre se en­cuen­tra al fon­do, a la de­re­cha.

Si en los ba­ños fu­tu­ris­tas del Sketch en Lon­dres es ca­si im­pres­cin­di­ble ha­cer­se un sel­fie, en los aseos de mu­je­res de Fin­ca Mon­tes­quei­ro, en el mu­ni­ci­pio co­ru­ñés de Olei­ros, pa­sa al­go pa­re­ci­do. Si co­no­ces a al­guien que ha­ya es­ta­do en una bo­da en es­te re­cin­to, ca­si se­gu­ro te ha ha­bla­do de los ba­ños de chi­cas. Nor­mal, el inodo­ro de chi­cas es un gran to­ca­dor con mu­chos mu­chos es­pe­jos, ja­bo­nes, me­dias, la­ca, se­ca­dor y has­ta plan­chas del pelo.

«Cuan­do te­ne­mos una bo­da, por ejem­plo, las vi­si­tas al ba­ño em­pie­zan ya en los pin­chos. En cuan­to va una mu­jer al ser­vi­cio co­mien­za la rue­da de co­men­ta­rios ‘¿pe­ro no has ido al ba­ño?’ y bajan en gru­po a ver­lo», cuen­ta la di­rec­to­ra de Fin­ca Mon­tes­quei­ro, Lu­cía Ci­dón.

«Las no­vias sue­len ha­cer­se fo­tos con la fa­mi­lia y ami­gas allí. Y si es una ce­na de em­pre­sa y hay con­fian­za, las chi­cas avi­san a los chi­cos pa­ra que va­yan a ver los ba­ños». ¿No lo creen? Lla­man tan­to la aten­ción que a ve­ces hay tan­ta gen­te en el ba­ño como en la fies­ta.

A es­te es­pa­cio no le fal­ta de­ta­lle. Es muy Gos­sip Girl. Tie­nen has­ta un ser­vi­cio de pe­lu­que­ría y ma­qui­lla­je den­tro, del que se en­car­ga el sa­lón de be­lle­za Maryl. «Mu­chas clien­tas se lle­van una sor­pre­sa cuan­do van al ba­ño y se en­cuen­tran allí con una per­so­na que les re­to­ca el pei­na­do y ma­qui­lla­je». Pa­ra Ci­dón, los ba­ños «son un re­fle­jo del es­ta­ble­ci­mien­to, no so­lo se tra­ta de ha­cer­los bo­ni­tos, sino de que es­tén im­pe­ca­bles».

UN SA­LÓN DE BE­LLE­ZA

«Le di­mos mu­chas vuel­tas al di­se­ño. Que­ría­mos que fue­se al­go es­pe­cial, como una es­pe­cie de sa­lón de be­lle­za. Y, aunque a mu­chos les lla­ma la aten­ción, el res­pon­sa­ble del ba­ño de mu­je­res fue un hom­bre, Ale­jan­dro», ex­pli­ca la res­pon­sa­ble de Fin­ca Mon­tes­quei­ro. Las pa­re­des son de cue­ro, acol­cha­das, el sue­lo de ce­rá­mi­ca de Por­ce­la­no­sa, imi­tan­do a la ma­de­ra en­ve­je­ci­da. «Se cui­da­ron todos los de­ta­lles, des­de la lám­pa­ra cen­tral has­ta las lu­ces que caen de for­ma dis­cre­ta so­bre los es­pe­jos o el pa­pel que imi­ta al azu­le­jo fran­cés con las que se cu­brie­ron las ca­bi­nas de los inodo­ros». Siem­pre hay flo­res fres­cas y ve­las aro­má­ti­cas. Si en el de mu­je­res dan ga­nas de que­dar­se a vi­vir en él, es­pe­ra a ver los de hom­bres, con olor a vai­ni­lla, y los de ni­ños, con to­do muy mi­ni, pa­ña­les, un rin­cón «de duen­des», pis­ci­na de bo­las y ci­ne.

Si en el ba­ño de Fin­ca Mon­tes­quei­ro te que­da­rías a vi­vir, es­pe­ra a ver los de la Ta­ber­na Zen­to­la, en la ca­lle Paio Gó­mez Cha­ri­ño, en Pon­te­ve­dra. Pa­ra «mear­se» de ri­sa. Al me­nos, esa es la in­ten­ción de los pro­pie­ta­rios del lo­cal. «Mu­cha gen­te nos pre­gun­ta si pue­den ha­cer­le una fo­to. ¡Creo que son los ba­ños más fo­to­gra­fia­dos de Ga­li­cia!», cuen­ta Nely Ma­quiei­ra, en­car­ga­da de es­te lo­cal que el pa­sa­do 30 de di­ciem­bre cum­plió cua­tro años. Sus pa­re­des es­tán lle­nas de gra­fi­tis y men­sa­jes con mu­cha re­tran­ca ga­lle­ga. Ya sa­ben. Moi­to per­ce­be, números de te­lé­fono, fra­ses de amor, re­co­men­da­cio­nes pa­ra «ori­nar por den­tro»…

«El fin de que pa­ses un ra­to di­ver­ti­do mien­tras es­tás en el ba­ño. Ade­más, las pa­re­des ya es­tán lle­nas de gra­fi­tis na­die se sien­te ten­ta­do a pin­tar na­da y la gen­te los cui­da más», ase­gu­ra Nery.

Los guar­dia­nes de los ser­vi­cios de chi­cos y chi­cas son Ma­ru­ja y Ma­no­lo, dos per­so­na­jes fic­ti­cios que dan la bien­ve­ni­da a todos los que se sien­tan en la ta­za del vá­ter de es­ta ta­ber­na pon­te­ve­dre­sa. «Cuan­do el lo­cal es­tá lleno si ve­mos que la gen­te tar­da más de lo ha­bi­tual en el ba­ño y mu­chos clien­tes sa­len rién­do­se y co­men­tan­do lo que vie­ron den­tro. Por ejem­plo, los ni­ños que ya sa­ben leer sa­len rién­do­se a car­ca­ja­das por­que hay al­gu­na gro­se­ría en las pa­re­des y les re­sul­ta muy gra­cio­so».

El hu­mor de los ser­vi­cios de es­te res­tau­ran­te en Pon­te­ve­dra no pa­sa des­aper­ci­bi­do. El bo­ca a ore­ja lle­ga in­clu­so has­ta Tri­pad­vi­sor, don­de hay que in­vi­tar a pa­sar por el ex­cu­sa­do como atrac­ti­vo del lo­cal. «Mu­chas de las fo­tos que subimos a nues­tras re­des so­cia­les son de los ba­ños», cuen­ta Nely.

HO­ME­NA­JE A LOS OCHEN­TA

Hay re­tre­tes que es­tán he­chos por y pa­ra nos­tál­gi­cos. Fran Gu­tié­rrez con­vir­tió los aseos del bar Ti­po X, en la ca­lle Real de Vi­go, en un ho­me­na­je a los lo­ca­les de mú­si­ca más fa­mo­sos de Vi­go de la dé­ca­da de los ochen­ta.

Abier­to des­de 1983, un día su due­ño de­ci­dió que era ho­ra de re­mo­de­lar los ba­ños. Y lo hi­zo a su ma­ne­ra y ti­ran­do de re­cuer­dos. «Es­ta­ban muy feos. Es­tu­ve dán­do­le vuel­tas, pen­san­do có­mo cam­biar­los y como te­nía mu­chos pa­ses de puer­ta y en­tra­das de los lo­ca­les de mú­si­ca, sa­las de con­cier­tos, pubs y dis­co­te­cas que ha­bía en Vi­go en los 80 de­ci­dí em­pa­pe­lar las pa­re­des con es­tos re­cuer­dos».

La idea gus­tó y los clien­tes se ani­ma­ron a lle­var­le a Fran más en­tra­das con las que po­ner más mo­nos sus ba­ños, al­gu­nos in­clu­so de fue­ra de Ga­li­cia: «Ten­go pa­ses de dis­co­te­cas de Ma­drid y has­ta de la ru­ta del ba­ka­lao de Va­len­cia».

«Me gus­tó como que­dó y con­ti­nué con la idea por to­do el lo­cal, uti­li­zan­do tam­bién re­cor­tes de un li­bro con las me­jo­res por­ta­das de LP». Sus ba­ños son ca­si un mu­seo. «Ten­go 53 años y la gen­te de mi edad que va al ba­ño fli­pa al ver las en­tra­das», cuen­ta el pro­pie­ta­rio de Ti­po X.

EN EL BA­ÑO CON NA­CHA POP

«Se di­vier­ten mi­ran­do las pa­re­des y re­cor­dan­do los lo­ca­les que ya ce­rra­ron como No se lo di­gas a mamá, Oli­ver, El Krem­lin, La Ca­ma, El Man­co y al­gu­nos muy mí­ti­cos como el Mim­bre, en Sa­mil, que fue el pri­mer ca­ba­ret que hu­bo en Vi­go, o El­vi­rí­za­te, un pub que ha­bía en la pla­ya he­cho de ma­de­ra».

En­tre las pa­re­des del ba­ño del Ti­po X

pue­des en­con­trar una en­tra­da del con­cier­to que dio Tom Jo­nes en el No­va Olim­pia o ti­ques del Va­ni­tas Va­ni­ta­tis, «que ha­cía unos con­cier­tos im­pre­sio­nan­tes, con gru­pos como Ra­dio Fu­tu­ra y Na­cha Pop». «Hay al­gu­na en­tra­da que po­ne el pre­cio de las con­su­mi­cio­nes de la épo­ca, 150 o 250 pe­se­tas, y has­ta el de los tic­kets de, 1.500 o 2.000 pe­se­tas por un con­cier­to. Es­to les lla­ma mu­cho la aten­ción a los más jó­ve­nes que vie­nen al bar, que ni co­no­cie­ron la pe­se­ta».

Fran Gu­tié­rrez tie­ne nue­vos re­cuer­dos pa­ra col­gar en las pa­re­des de sus aseos: «El otro día re­bus­can­do en ca­sa en­con­tré en­tra­das de Chas­ton y Pi­rá­mi­de, en A Co­ru­ña, por­que hu­bo una épo­ca en la que iba mu­cho por allí y ya ten­go un hue­co pa­ra po­ner­las».

EN SIN­TO­NÍA NA­TU­RAL

Hay ba­ños que lla­man la aten­ción no so­lo por los de­ta­lles, ¡sino tam­bién por sus vis­tas! Al­go así pa­sa con El Ma­zo de Santa Com­ba. En­tra­mos en un es­ta­ble­ci­mien­to hos­te­le­ro ubi­ca­do en un en­torno na­tu­ral de Lu­go. Lo re­gen­ta des­de ha­ce diez años Jo­sé Ra­món Fer­nán­dez y se si­túa en la ri­be­ra del río Cha­mo­so, a es­ca­sos ki­ló­me­tros de la ciu­dad de la mu­ra­lla. Lla­ma mu­cho la aten­ción en es­ta ca­sa ru­ral su de­co­ra­ción. Se tra­ta de un es­ti­lo rús­ti­co y tra­di­cio­nal que agru­pa a la vez ele­men­tos rompe­dores y cier­to ca­rác­ter mi­ni­ma­lis­ta. Es­ta com­bi­na­ción se per­ci­be in­clu­so en los cuar­tos de ba­ño.

Es­tos ín­ti­mos lu­ga­res es­tán cons­trui­dos con pa­re­des de pie­dra si­mé­tri­ca y rús­ti­ca, se en­cuen­tran siem­pre im­po­lu­tos y des­pren­den un olor a pu­ra lim­pie­za; al­go acor­de con el en­torno. Si al­go des­ta­ca en par­ti­cu­lar, tan­to en los aseos fe­me­ni­nos como en los mas­cu­li­nos, son los la­va­ma­nos de El Ma­zo de Santa Com­ba.

La pi­le­ta es­tá cons­trui­da a ba­se de ce­rá­mi­ca blan­ca y már­mol y tie­ne una ori­gi­nal for­ma ci­lín­dri­ca. Ade­más, es­tán si­tua­dos en un lu­gar es­tra­té­gi­co, al la­do de un in­men­so ven­ta­nal, lo que per­mi­te al usua­rio ver un pai­sa­je na­tu­ral mien­tras se la­va las ma­nos, lo que se­me­ja un pa­ra­le­lis­mo en­tre fres­cor de la na­tu­ra­le­za con esa sen­sa­ción de ma­nos lim­pias. «La­vas las ma­nos y ves có­mo pa­sa el agua a es­ca­sos me­tros de ti». Un aco­ge­dor es­ta­ble­ci­mien­to don­de la com­bi­na­ción de ele­men­tos rús­ti­cos y tra­di­cio­na­les es­tá pre­sen­te y con unos ba­ños que in­vi­tan a que­dar­se.

Ya pue­den ir to­man­do no­ta el res­to de los hos­te­le­ros. El ar­te y el con­fort en el aseo han lle­ga­do pa­ra que­dar­se. El clien­te se ha vuel­to más exi­gen­te y al lle­gar al fon­do a la de­re­cha a ve­ces ¡has­ta se que­rría que­dar! Ya no bas­ta con po­ner un lo­cal de ci­ne, en lí­nea con las nue­vas ten­den­cias, y ca­fé con su es­pu­mi­ta. Aho­ra pa­ra ser un si­tio cool hay que es­tar muy pre­pa­ra­do. Y dar­lo to­do en el aseo. Hoy has­ta te pue­den pe­dir una vi­si­ta guia­da... al ba­ño.

FO­TO: ÓSCAR CE­LA

Ma­zo de

Santa Com­ba

LU­GO Lo que más sor­pren­de de es­tos aseos son los la­va­ma­nos con vis­tas.

¿Les pa­re­ce na­tu­ral?

Ta­ber­na Zen­to­la

PON­TE­VE­DRA En sus re­tre­tes te pue­des echar unas ri­sas. To­das las pa­re­des de es­ta ta­ber­na, de la ca­lle Paio Gó­mez Cha­ri­ño, es­tán cu­bier­tas con men­sa­jes con mu­cha re­tran­ca ga­lle­ga.

FO­TO: XOÁN CAR­LOS GIL

Ti­po X

VI­GO

Los ba­ños de es­te bar de la ca­lle Real de Vi­go es­tán cu­bier­tos con por­ta­das

de dis­cos y en­tra­das de lo­ca­les mí­ti­cos de la

dé­ca­da de los 80.

FO­TO: RA­MÓN LEIRO

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