TE CON­TA­MOS SI FUN­CIO­NA O NO EL MO­DE­LO DE NU­RIA RO­CA

EL POLIAMOR ES­TÁ EN EL AI­RE Es­pe­cial­men­te des­de que Nu­ria Ro­ca y Juan del Val han abier­to la bo­ca pa­ra po­ner so­bre la me­sa el ad­je­ti­vo de su re­la­ción. Ellos, di­cen, es­tán abier­tos a que el de­seo va­ya por li­bre y se lo mon­te con otros. Cua­tro ex­per­tos resp

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEXTO: ANA ABELENDA

Ese­tán­dem tan gua­po y ero­crea­ti­vo Nu­ria Ro­ca-Juan del Val lle­gó al Hor­mi­gue­ro fe­liz con su nue­vo li­bro, abier­to ba­jo el bra­zo. Y arri­ma­ron el as­cua a su sar­di­na, la no­ve­la Pa­re­ce men­ti­ra. La chis­pa pren­dió cuan­do ella, «ca­len­ti­ta», y él, lan­za’o, pi­ca­ron el an­zue­lo de Mo­tos: «Sois una pareja abier­ta...». Di­je­ron «sí». Y vi­mos llo­ver ra­nas, sa­pos y cu­le­bras. Con­mo­ción. La de­cla­ra­ción, aún de van­guar­dia, nos pi­lló por sor­pre­sa y con­fe­sa’os.

La cuestión, más allá de tu ce­rra­zón o tu «ancha es Cas­ti­lla» sen­ti­men­tal, es: ¿fun­cio­nan o no las pa­re­jas abier­tas, me­jor o peor? «¡Có­mo no van a fun­cio­nar si las hay y fun­cio­nan...!», plan­tea la se­xó­lo­ga Na­ya­ra Mal­ne­ro, psi­có­lo­ga clí­ni­ca y au­to­ra del blog Sex­pe­ri­men­tan­do. «Pue­de ser más com­ple­jo man­te­ner una re­la­ción abier­ta que mo­ver­se en otra con­ven­cio­nal, por­que hay que ma­ne­jar­se en tér­mi­nos nue­vos que no nos han en­se­ña­do. Pe­ro una pareja abier­ta no tie­ne por qué ser me­nos exi­to­sa», ase­gu­ra Mal­ne­ro.

Si se abre el me­nú de al­co­ba, hay va­rie­dad: pa­re­jas abier­tas que es­ta­ble­cen un pac­to que con­sien­te re­la­cio­nes con otras per­so­nas (ca­da uno por su la­do),

swin­gers (que par­ti­ci­pan jun­tas en in­ter­cam­bios con otras), trie­jas o el poliamor (man­te­ner si­mul­tá­nea­men­te va-

rias re­la­cio­nes de di­ver­so ca­la­do emo­cio­nal) que pi­sa fuer­te co­mo re­ve­la­ción li­te­ra­ria con el tí­tu­lo Ya va­mos, de Ron­ja Von Rön­ne. En una re­la­ción abier­ta, co­mo en otras, las re­glas las es­ta­ble­ce ca­da pareja: po­de­mos con­tár­nos­lo to­do o no en­trar en de­ta­lles. Es­te úl­ti­mo ca­so se­ría el de Ro­ca-Del Val. «Y si no quie­res que te cuen­ten... ¿por qué es? Eso te in­di­ca al­go... ¿Se­rá por­que te ha­ce su­frir?», plan­tea la se­xó­lo­ga Aránzazu Gar­cía, de la Clí­ni­ca Vi­da, de Vi­go.

CA­DA PAREJA, UN MO­DE­LO

Éti­ca pro­mis­cua, de Dos­sie Eas­ton, pue­de ser una ma­ne­ra de in­tro­du­cir­se a fon­do en los do­mi­nios del de­seo y el amor. Si se quie­re, o se desea ha­cer­lo. Los ex­per­tos ad­vier­ten que no hay fór­mu­las per­fec­tas en una re­la­ción. «El enamo­ra­mien­to es cosa de dos», se pro­nun­cia ca­te­gó­ri­ca Aránzazu Gar­cía. Y, en cual­quier ca­so, ad­vier­te, «la atrac­ción por una per­so­na es al­go que aca­ba pa­sán­do­se», lle­gue a con­su­mar­se o no.

Las que he­mos na­ci­do an­tes del 2.0 y cre­ci­do en­tre los lo­bos y las ha­das de los cuen­tos sen­ti­mos la pre­sión del ideal úni­co, el «de una vez y pa­ra siem­pre», el jun­tos y re­vuel­tos en que amor y de­seo oh no no no no se pue­den se­pa­rar. Pe­ro el enamo­ra­mien­to, ese subidón bru­tal que, por suer­te y por des­gra­cia (¡to­do a la vez!), no se pro­lon­ga en el tiem­po, es so­lo uno de los prin­ci­pios ac­ti­vos del amor. La es­tu­pi­dez tran­si­to­ria (ya me en­tien­des) que nos cie­ga con tu­les y ma­ri­po­sas tie­ne sus di­fe­ren­cias con una re­la­ción ma­du­ra y es­ta­ble. «El subidón quí­mi­co que sen­ti­mos al ini­cio de las re­la­cio­nes se es­ti­ma en torno a los 2 años. Hay a quien le du­ra más o me­nos, de­pen­dien­do de las cir­cuns­tan­cias y de có­mo sea la re­la­ción. Pe­ro el amor por sí so­lo no es su­fi­cien­te pa­ra que una re­la­ción fun­cio­ne; hay que cul­ti­var­la, re­gar­la, abo­nar­la, y siem­pre es­ta­re­mos ex­pues­tos a las in­cle­men­cias del tiem­po», ad­vier­te la psi­có­lo­ga y te­ra­peu­ta de pareja Mar­ti­na Gon­zá­lez Vei­ga, di­rec­to­ra de Con Mu­cho Gus­to, en San­tia­go.

«La pareja que me­jor fun­cio­na es siem­pre la que sa­tis­fa­ce a la pareja, sea una re­la­ción abier­ta, ce­rra­da o me­dio­pen­sio­nis­ta», di­ce con hu­mor el psi­coa­na­lis­ta y psi­có­lo­go clí­ni­co del Chuac Ma­nuel Fer­nán­dez Blan­co, que apun­ta que de­fen­der las vir­tu­des de un mo­de­lo de pareja es ig­no­rar «pro­fun­da­men­te» lo que ha­ce pareja en el ser hu­mano. «No ele­gi­mos li­bre­men­te —ar­gu­men­ta—; la vi­da amo­ro­sa se go­bier­na por con­di­cio­nes muy par­ti­cu­la­res, y la elec­ción que ha­ces res­pon­de a una con­di­ción o un ras­go eró­ti­co, que tie­nen to­das esas per­so­nas que eli­ges. Es un ras­go in­cons­cien­te. No hay na­da más ajeno a la li­ber­tad que el fle­cha­zo».

¿Po­de­mos es­tar enamo­ra­dos de dos o más per­so­nas a la vez? «Sí —di­ce el psi­coa­na­lis­ta—. Y en reali­dad to­dos so­mos mo­nó­ga­mos. Po­de­mos ser mo­nó­ga­mos... con 30 a la vez, por­que esas 30 per­so­nas que nos gus­tan com­par­ti­rán el mis­mo ras­go eró­ti­co».

Una re­la­ción abier­ta im­pli­ca un ma­yor tra­ba­jo de ges­tión emo­cio­nal, ex­po­ne Mar­ti­na Gon­zá­lez. «Im­pli­ca comunicarte de ma­ne­ra ín­ti­ma y ho­nes­ta con tu pareja; im­pli­ca apren­der a pen­sar en tu bie­nes­tar y en el de las otras per­so­nas; im­pli­ca res­pe­to. Si se ha­ce de la me­jor ma­ne­ra im­pli­ca tra­tar­se bien, lo mis­mo que de­be­ría im­pli­car una re­la­ción ce­rra­da en­tre dos... que, por des­gra­cia, no es lo más ha­bi­tual. Apren­de­mos que el amor es li­mi­ta­do, que si tú lo de­po­si­tas en una per­so­na no te queda na­da pa­ra otras, pe­ro no es así».

La di­fe­ren­cia en­tre in­fi­de­li­dad y re­la­ción abier­ta es clara: la pri­me­ra im­pli­ca en­ga­ño, un ha­cer­lo a es­pal­das del otro (se­gún el in­for­me ela­bo­ra­do por el Ins­ti­tu­to Fran­cés de Opi­nión Pú­bli­ca es­te 2017, una de ca­da tres mujeres es infiel); la se­gun­da, un pac­to con la ver­dad por de­lan­te pa­ra ser equi­ta­ti­vos.

Con Mo­tos (y un buen pe­da­zo de tar­ta de la au­dien­cia) por tes­ti­go, Nu­ria Ro­ca y Juan del Val han pues­to so­bre la me­sa su acuer­do ma­tri­mo­nial. Es una ac­ti­tud que va­lo­ra Mar­ti­na Gon­zá­lez, «por­que nos lle­va a re­vi­sar nues­tras ma­ne­ras de re­la­cio­nar­nos». Pe­ro «pa­re­ce que hoy to­do de­be ser ex­pues­to. Y có­mo or­ga­ni­za su vi­da ín­ti­ma una pareja es una cuestión ín­ti­ma. Hay que ce­rrar la puer­ta de la al­co­ba. Nues­tra vi­da se­xual no de­be­ría re­ba­sar la ba­rre­ra del pu­dor», re­fle­xio­na Ma­nuel Fer­nán­dez Blan­co.

Sea co­mo sea, pareja abier­ta, ce­rra­da o equi­dis­tan­te, nin­gu­na op­ción previene de una de­cla­ra­ción uni­la­te­ral de in­de­pen­den­cia. No atien­de a le­yes... el amor.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.