PAU­LA VÁZ­QUEZ

«CUAN­DO DE­JÉ LA TE­LE, TO­QUÉ EL SUE­LO»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

No so­lo re­gre­sa con Fa­ma a bai­lar en Mo­vis­tar+, que ha­ce diez años le dio mu­chas ale­grías, sino que lo ha­ce con lo que más le gus­ta: el en­tre­te­ni­mien­to pu­ro y du­ro. La ga­lle­ga ha es­ta­do un tiem­po re­ti­ra­da de la te­le­vi­sión, pri­me­ro por­que Pao­lo Va­si­le pres­cin­dió de ella, des­pués por­que no le ofre­cían na­da de su gus­to y, fi­nal­men­te, por de­ci­sión per­so­nal. Du­ran­te es­te tiem­po se com­pró una fin­ca en Pan­tín, don­de es­pe­ra cons­truir­se una «ca­si­ña» al la­do de sus pa­dres.

—Hay una pis­ta de bai­le y ahí apa­re­ce Pau­la Váz­quez.

—[Ri­sas]. El es­treno fue muy emo­cio­nan­te, fue un día de re­en­cuen­tros por­que diez años des­pués vol­ve­mos a ser el mis­mo equi­po. En es­tos diez años, el bai­le, la dan­za, ha evo­lu­cio­na­do mu­chí­si­mo, por eso ca­si to­dos los alumnos tie­nen su pro­pia com­pa­ñía, vie­nen de in­no­var, de ha­cer co­sas al­re­de­dor del mun­do, y se no­ta mu­chí­si­mo. Son jó­ve­nes de en­tre 18 y 25 años muy pre­pa­ra­dos. Nos di­cen que de­ci­die­ron que iban a ser bai­la­ri­nes por­que veían Fa­ma con diez años. Los chi­cos, so­bre to­do, pu­die­ron de­cir­les a los pa­dres: «Yo quie­ro que es­ta sea mi pro­fe­sión». Has­ta en­ton­ces no es­ta­ba bien vis­to. Ha­ce diez años rom­pi­mos es­te­reo­ti­pos, y aho­ra es­ta­mos re­co­gien­do lo co­se­cha­do.

—¿Qué nos pa­sa? Úl­ti­ma­men­te to­do lo que sea can­tar y bai­lar...

—El pú­bli­co ya se ha can­sa­do de sen­sa­cio­na­lis­mos y de un en­tre­te­ni­mien­to muy ama­ri­llis­ta, y de nue­vo vuel­ven a apos­tar por ta­lent shows, don­de los va­lo­res que se trans­mi­ten son el es­fuer­zo, el tra­ba­jo, el éxi­to... Yo echa­ba de me­nos es­ta te­le tam­bién.

—¿Qué tie­ne «Fa­ma» que nun­ca di­ces no?

—Por un la­do que lo ha­ce Zep­pe­lin, con los que lle­vo más de vein­te años, y des­pués que el for­ma­to ya en su mo­men­to me dio mu­chas ale­grías. Ya di­je que es co­mo si el amor de tu vi­da vuel­ve a lla­mar a tu puer­ta.

—¿Tan­to?

—Sí, por­que esos tres años que du­ró Fa­ma los re­cuer­do de bue­nos ra­tos, ha­cía­mos una te­le pe­que­ñi­ta, pe­ro nos lle­vá­ba­mos unos ale­gro­nes con las au­dien­cias. Mar­có una fór­mu­la di­fe­ren­te en la te­le­vi­sión.

—Re­gre­sa en un mo­men­to di­fe­ren­te.

—Sí, la gen­te, so­bre to­do jo­ven, con­su­me des­de otras pla­ta­for­mas. Ya no ven tan­to la pan­ta­lla en ca­sa, sino des­de las ta­blets, mó­vil, or­de­na­dor... Por eso te­ne­mos las 24 ho­ras, el ca­nal de YouTube pa­ra po­der se­guir el día a día. To­do es­to vie­ne de Operación Triunfo, que lo ha pues­to de mo­da y les ha fun­cio­na­do muy bien, no­so­tros apren­de­mos y nos uni­mos a ese ciclón.

—Ya sé que tie­nes un me­nis­co ro­to y que no es­tás pa­ra mu­chos tro­tes, pe­ro ob­vian­do es­te per­can­ce... ¿eres muy bai­lon­ga?

—Yo con el 1,2,3, em­pe­cé bai­lan­do, pe­ro no ten­go ta­len­to. Pe­ro a echar unos bai­les en una fies­ta sí que me ani­mo, de he­cho de­trás de las cá­ma­ras me lo bai­lo to­do.

—Tus de­cla­ra­cio­nes so­bre el aco­so en las re­des con Évo­le fue­ron tre­men­das.

—Yo he no­ta­do en las re­des que ha cam­bia­do mu­cho el tono des­de ese día, aun­que si­gue ha­bien­do trolls y gen­tu­za, que de re­pen­te ha­ces un es­treno y lo úni­co que te po­nen es: «Ay, ¿qué te has he­cho en la ca­ra?», que te dan ga­nas de de­cir­le: «Pues lo que me da la ga­na, es mi ca­ra». Pri­me­ro, no me he he­cho na­da, y el ti­tu­lar de­be­ría ser que es­toy tra­ba­jan­do, no lo que me he he­cho en la ca­ra. A los pre­sen­ta­do­res que se po­nen bó­tox, que se re­lle­nan... no les sa­can es­tos ti­tu­la­res ma­chis­tas. Pues aho­ra cuan­do re­ci­bes un

feed­back de ese ti­po, sa­len seis o sie­te de­fen­dién­do­te. Mu­chos por­que han vis­to lo de Évo­le y se dan cuen­ta de que no es jus­to que se es­con­dan de­trás de un per­fil fal­so, por­que ahí se cre­cen.

—Es im­por­tan­te que lo hagáis pú­bli­co.

—Sí, yo cuan­do me di­cen al­gu­na bar­ba­ri­dad lo cuel­go, e in­clu­so pi­do ayu­da o eti­que­to a los cuer­pos del Es­ta­do pa­ra ver si pue­den ha­cer al­go. Pe­ro has­ta aho­ra nun­ca he re­ci­bi­do res­pues­ta, a pe­sar de que aho­ra di­cen que han de­te­ni­do a una per­so­na que es­tá de­trás de esos co­men­ta­rios. Eso es al­go que ha fil­tra­do la Guar­dia Ci­vil y no es cier­to. Es­tán ha­blan­do de al­guien a quien de­nun­cié ha­ce un año, pe­ro es que no es la mis­ma per­so­na de la que ha­blé con Évo­le. Es­tán sien­do unos opor­tu­nis­tas, han sa­can­do la no­ti­cia jus­to el día de la pre­sen­ta­ción de Fa­ma. Me due­le mu­cho por­que he es­ta­do es­pe­ran­do un año a que hi­cie­ran al­go, y no lo han he­cho has­ta aho­ra.

—A la per­so­na que te re­fe­rías en «Sal­va­dos» no la han de­te­ni­do.

—No, ni la de­ten­drán por­que qui­té la de­nun­cia.

—¿Lo has pa­sa­do muy mal?

—Due­le cuan­do ha­cen es­tas co­sas, ofen­de, hu­mi­lla, no es jus­to. Ade­más no se dan cuen­ta de que yo es­ta­ba que­ján­do­me de que tan­to pa­trio­ta, tan­ta ban­de­ri­ta... Y cuan­do Ga­li­cia es­ta­ba ar­dien­do, ¿dón­de es­ta­ba to­da esa gen­te que se subió a los au­to­bu­ses en me­nos de 24 ho­ras pa­ra ir a hu­mi­llar a los ca­ta­la­nes? ¿Dón­de es­ta­ban pa­ra de­fen­der Ga­li­cia e ir con los cu­bos de agua?

—Te en­fren­tas a to­dos. Les con­tes­tas.

—Sí, sí, es que se lo me­re­cen ¡qué le­ches! Lo sor­pren­den­te es que mu­chos de ellos, que son muy va­lien­tes de ca­ra al pú­bli­co, lue­go por de­trás no lo son tan­to. Ten­go pan­ta­lla­zos guar­da­dos, in­clu­so de di­rec­to­res de pe­rió­di­cos con los que me he me­ti­do por al­gún ti­tu­lar su­per­ma­chis­ta, que lue­go en pri­va­do me pi­den has­ta una reunión pa­ra ha­cer un per­fil fe­mi­nis­ta en su pe­rió­di­co. Una de las co­sas a las que te­ne­mos que per­der el mie­do las mu­je­res es a que nos di­gan eso de: «Ay, qué agre­si­va, qué ca­rác­ter», por­que si ellos lo ha­cen na­die se atre­ve a de­cir­les eso.

—An­tes nos tu­vis­te unos años un po­qui­to aban­do­na­dos. ¿Ne­ce­si­ta­bas des­co­nec­tar?

—No. Pres­cin­die­ron de mí en Fa­ma en

aquel mo­men­to, lue­go es­tu­ve en An­te­na 3, don­de tra­ba­jé 13 días en dos años, y lue­go me apa­re­cie­ron ofer­tas en Telecinco que no me ape­te­cía ha­cer, por­que es un ti­po de te­le­vi­sión que yo no sé ha­cer ni quie­ro ha­cer. A par­tir de ahí fue ele­gi­do, al prin­ci­pio no, por­que don­de yo que­ría es­tar me echa­ron, por­que apa­re­ció Pao­lo Va­si­le, com­pró Cua­tro y pres­cin­dió de mí. Yo ten­go muy cla­ro des­de que em­pe­cé que no voy a usar mi atril pa­ra hu­mi­llar a na­die.

—¿Qué has he­cho es­te tiem­po? ¿Apren­dis­te a co­ci­nar?

—A co­ci­nar no he apren­di­do [ri­sas]. Tu­ve tiem­po pa­ra com­prar­me unos te­rre­nos en Ga­li­cia, ahí al la­do de ca­sa de mis pa­dres, y ha­cer­me una ca­si­ña.

—¿Vol­ve­rás?

—Sí, cla­ro que vol­ve­ré. Yo me re­ti­ra­ré ahí. El tra­ba­jo me man­da a Viet­nam, a la Pa­ta­go­nia... al fi­nal da igual don­de es­té vi­vien­do, y yo quie­ro vol­ver a Pan­tín que es mi al­dea. Es­tos años tam­bién me han ser­vi­do pa­ra sa­lir de mi bur­bu­ja de cris­tal, por­que al fi­nal una se pien­sa que es­tá en el mun­do, pe­ro des­de los 17 años no ha­bía sa­li­do de los pla­tós. No sal­go por las no­ches pa­ra no te­ner ma­la ca­ra al día si­guien­te, pa­ra no es­tro­pear­me la voz y al fi­nal mi vi­da so­cial es­ta­ba li­mi­ta­da a mi en­torno. He sa­li­do al mun­do y me ha en­can­ta­do, por­que has­ta me in­ti­mi­da­ba es­tar en lu­ga­res don­de ha­bía mu­cha gen­te, me sen­tía ob­ser­va­da, no sa­bía muy bien có­mo lle­var la po­pu­la­ri­dad y reac­cio­nar a eso. Aho­ra, sin em­bar­go, el otro día en la ma­ni­fes­ta­ción me sen­tía su­per­có­mo­da. Es­tos años me han ser­vi­do pa­ra to­car un po­co el sue­lo.

—La úl­ti­ma vez que ha­bla­mos te­nías al­go pen­dien­te: ser ma­dre. ¿Có­mo va? ¿Con­ge­las­te los óvu­los? Aho­ra es­tá en au­ge.

—Me ale­gro mu­chí­si­mo de que se es­té con­cien­cian­do la gen­te, yo apren­dí mu­cho al ha­cer­lo. Al fi­nal hay una reali­dad so­cial y es que no­so­tras te­ne­mos que ir pos­po­nien­do nues­tra ma­ter­ni­dad si que­re­mos te­ner una ca­rre­ra es­ta­ble. Yo los con­ge­lé, te­nía 38 años, aho­ra ten­go 43 y to­da­vía no me han en­tra­do esas ga­nas tre­men­das de ser ma­dre, pe­ro creo que tar­de o tem­prano me lle­ga­rán. De mo­men­to, mien­tras la sa­lud me acom­pa­ñe voy a es­pe­rar un po­qui­to más, y si­gue sien­do una ilu­sión. Igual tar­de o tem­prano doy una no­ti­cia, pe­ro se­rá cuan­do ten­ga la ca­sa de Pan­tín ter­mi­na­da.

—¿Pa­ra que crez­can allí?

—Ten­go la ne­ce­si­dad de ha­cer un ni­do. Aquí en Ma­drid vi­vo bien en una zo­na muy chu­la, pe­ro me si­go sin­tien­do una ex­tran­je­ra, a pe­sar de que lle­vo 20 años. Has­ta que no ter­mi­ne mi ca­si­ña creo que no em­pe­za­ré a pen­sar­lo.

—La tie­rri­ña ti­ra...

—Mu­cho, y yo si ten­go hi­jos me gus­ta­ría que hue­lan ese cam­po, ese mar, ese cal­do...

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