Explotación la­bo­ral en la me­ca ja­po­ne­sa del bu­dis­mo

Un mon­je de­nun­cia a su tem­plo por ex­ce­so de tra­ba­jo y le re­cla­ma 66.000 eu­ros por los da­ños

La Voz de Galicia (Viveiro) - - Economía - D. CA­SAS

A la vis­ta de lo ocu­rri­do, pa­re­ce que al mon­je bu­dis­ta de 40 años que ha de­nun­cia­do a sus su­pe­rio­res por ex­ce­so de tra­ba­jo le ha aban­do­na­do una de las en­se­ñan­zas de es­ta doc­tri­na mi­le­na­ria ori­gi­na­ria de la In­dia. Y no es otra que la pa­cien­cia. O qui­zás no, si se tie­ne en cuen­ta que en­tre los pre­cep­tos de es­ta fi­lo­so­fía de la vi­da el «sa­ber aguar­dar el tiem­po opor­tuno pa­ra res­pon­der» es una vir­tud.

El re­li­gio­so en cues­tión tra­ba­ja­ba en uno de los tem­plos de Ko­ya­san, en el oes­te de Ja­pón. Du­ran­te los diez años que vi­vió re­clui­do en aquel cen­tro bu­dis­ta, su jor­na­da la­bo­ral so­lo se in­te­rrum­pía du­ran­te unas cuan­tas ho­ras, las que de­di­ca­ba al sue­ño. Co­men­za­ba a las 5 de la ma­ña­na pa­ra aten­der a las per­so­nas que se hos­pe­da­ban en el lu­gar y a los vi­si­tan­tes que acu­dían a re­zar, y ter­mi­na­ba bien en­tra­da la noche. Una di­ná­mi­ca ha­bi­tual, di­cen, en 50 de los 117 tem­plos que al­ber­ga el monte Ko­ya, el com­ple­jo de­cla­ra­do pa­tri­mo­nio de la hu­ma­ni­dad por la Unes­co y me­ca del bu­dis­mo en Ja­pón, que es don­de tra­ba­ja­ba el re­li­gio­so.

Tan­ta era la pre­sión que aca­bó co­gien­do una ba­ja por de­pre­sión. Ya sa­na­do, un año des­pués, vol­vió al ta­jo. Na­da cam­bió. Tra­ba­jo y más tra­ba­jo. De for­ma inin­te­rrum­pi­da. Pri­me­ro, du­ran­te un mes se­gui­do. Des­pués, du­ran­te 64 días; y lue­go, otros 32.

Ahí se plan­tó. Ni la me­di­ta­ción, pa­ra la que, vis­to lo vis­to, ya ape­nas le que­da­ría tiem­po, le hi­zo desis­tir de la idea de que la so­lu­ción es­ta­ba en de­nun­ciar la explotación. Pa­ra, ade­más, arro­jar con ello luz so­bre la gran car­ga de tra­ba­jo que su­fren los en­car­ga­dos de ges­tio­nar es­tos tem­plos, por cu­yas ins­ta­la­cio­nes pa­san ca­da año mi­les de tu­ris­tas.

Su abo­ga­do hi­zo el res­to. Y aho­ra el mon­je re­cla­ma una com­pen­sa­ción 66.000 eu­ros por los da­ños que le han oca­sio­na­dos tan­tos días de ta­jo sin des­can­so y por las pa­gas no per­ci­bi­das.

EFE

Mon­jes bu­dis­tas en un tem­plo en la In­dia.

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