FI­VE FINGER DEATH PUNCH

Pri­me­ra Par­te

Metal Hammer (Spain) - - CONTENIDO - TEXTO: MIGNON RO­SE FO­TO­GRA­FÍA: JA­VIER BRA­GA­DO

El pa­sa­do di­ciem­bre sa­cas­teis un re­co­pi­la­to­rio con vues­tros éxi­tos pa­ra ce­le­brar diez años de Fi­ve Finger Death Punch. Ten­go en­ten­di­do que fue una de­ci­sión de vues­tro se­llo dis­co­grá­fi­co Pros­pect Park.

¿Có­mo sa­bes eso? Ja, ja, ja, ja. Es al­go tan bá­si­co co­mo siem­pre quie­res gra­bar un dis­co y ha­cer­lo rá­pi­do. Po­cas ban­das pue­den per­mi­tir­se te­ner dos o tres años pa­ra gra­bar un dis­co y des­apa­re­cer ese tiem­po, pue­de que Me­ta­lli­ca o Tool. Ban­das más jó­ve­nes, co­mo no­so­tros que co­men­za­mos ha­ce on­ce años, no creo que po­da­mos per­mi­tir­nos des­apa­re­cer dos o tres años en me­dio de es­te rui­do de ban­das que exis­te en el pa­no­ra­ma de hoy en día. Pue­de que se ol­vi­den de ti muy rá­pi­da­men­te. Bueno, la cues­tión es que nos gus­ta ha­cer dis­cos y nos gus­ta sa­car dis­cos sin im­por­tar el mo­men­to. Pa­ra no­so­tros es muy di­ver­ti­do crear un nue­vo tra­ba­jo y es­ta era la pri­me­ra vez que tu­vi­mos que es­pe­rar tan­to tiem­po en­tre un dis­co y otro. No pu­di­mos pu­bli­car an­tes, por­que tu­vi­mos un pro­ble­ma le­gal con nues­tro an­te­rior se­llo dis­co­grá­fi­co, pero al fi­nal to­do se re­sol­vió y to­do el mun­do es­tá aho­ra de acuer­do y fe­liz con es­to. En lu­gar de es­pe­rar otro año más o así po­de­mos sa­car aho­ra en abril o ma­yo un nue­vo dis­co. Pa­ra no­so­tros lo que era im­por­tan­te es ofre­cer música a los fans de for­ma con­ti­nua­da y lue­go sa­lir de gi­ra, ese el círcu­lo que que­re­mos man­te­ner.

¿Ha si­do com­pli­ca­do el mo­men­to de po­ne­ros a ele­gir vues­tros te­mas fa­vo­ri­tos de Fi­ve Finger Death Punch?

Los gran­des éxi­tos no son los te­mas fa­vo­ri­tos de Zol­tan o los de Ivan... ja, ja, ja, ja Son can­cio­nes que son top 10, eso quie­re de­cir que han es­ta­do en las lis­tas de éxi­tos ame­ri­ca­nas en­tre los diez pri­me­ros pues­tos. Al­gu­nas can­cio­nes pu­die­ron ser nú­me­ro uno, dos o tres... En de­fi­ni­ti­va, acor­da­mos eso y así ele­gi­mos los 18 te­mas. No son ne­ce­sa­ria­men­te mis te­mas fa­vo­ri­tos pa­ra to­car en di­rec­to o con los que más co­nec­to, son sim­ple­men­te los gran­des éxi­tos de Fi­ve Finger Death Punch, son las que son más fa­mi­lia­res pa­ra la gen­te.

Ha­béis in­clui­do un te­ma nue­vo lla­ma­do Trou­ble y en las lis­tas de rock de itu­nes ya es nú­me­ro uno. Es un gran éxi­to, ja, ja, ja, ja. ¿Qué pue­des con­tar­me sobre es­ta can­ción?

Ja, ja, ja, ja, ja, ¡Es gra­cio­so! por­que lo in­clu­yes en un “gran­des éxi­tos” y se con­vier­te en un éxi­to. Es co­mo pre­de­cir el fu­tu­ro, ja, ja, ja. Bueno no­so­tros so­mos una ban­da muy du­ra, y

Me­tal Ham­mer se me­te has­ta las en­tra­ñas del Wi­zink Cen­ter de Ma­drid, pa­ra en­con­trar­se con el ca­be­ci­lla de los po­ten­tes Fi­ve Finger Death Punch, Zol­tan Bat­hory, pa­ra char­lar sobre su nue­vo dis­co, que ve­rá la luz aho­ra en pri­ma­ve­ra, la esen­cia de la ban­da, ha­cer un am­plio re­pa­so por los diez años de es­ta gran ban­da y la ale­gría de se­guir con­tan­do con Ivan Moody en sus fi­las. Fi­ve Finger Death Punch son ca­da vez son más im­pa­ra­bles, y es que una ban­da que tiene un al­ma tan enor­me y son, ade­más, tan au­tén­ti­cos y ho­nes­tos con lo que ha­cen, se te­nían que con­ver­tir en al­go más que una ban­da, son una fi­lo­so­fía de vi­da. Los ví­to­res que es­cu­ché de los fans que es­pe­ra­ban en la co­la pa­rar en­trar en el concierto de Ma­drid el pa­sa­do di­ciem­bre, me die­ron prue­ba de lo que os di­go. Zol­tan nos des­cu­bre en es­ta con­ver­sa­ción la fór­mu­la del éxi­to de Fi­ve Finger Death Punch.

usa­mos un len­gua­je un po­co ru­do, no te­ne­mos mu­chas can­cio­nes que pue­dan en­trar en las emi­so­ras de ra­dio, pero dos o tres sí, y sa­bía­mos que Trou­ble po­día ser una de ellas. Así que la in­clui­mos en el dis­co y la to­ca­mos en di­rec­to.

Ha­béis he­cho una ver­sión de Go­ne Away de The Offs­pring. De­bo de de­cir que me en­can­ta, por­que le ha­béis da­do una nueva al­ma, le ha­béis apor­ta­do emo­cio­nes nue­vas. ¿Por qué de­ci­dis­teis ha­cer es­ta ver­sión?

¡Oh! Por una ra­zón muy sen­ci­lla. The Offs­pring es la ban­da fa­vo­ri­ta de Ivan. Los ado­ra. Su otra ban­da fa­vo­ri­ta se­ría The Mis­fits. Y él me de­cía que te­nía mu­chas ga­nas de ha­cer una nueva ver­sión de es­te te­ma. Era co­mo una for­ma de mos­trar­les sus res­pe­tos, por­que es la ban­da con la que ha cre­ci­do. Pu­de traer un po­co de con­tro­ver­sia, por­que no es un te­ma muy an­ti­guo y hay mu­chos fans que aman The Offs­pring. Así que mu­chos pue­den de­cir: “eh, eh, no pue­des to­car mi can­ción sa­gra­da de The Offs­pring”. Pero, bueno, The Offs­pring com­par­tió nues­tra ver­sión es su pá­gi­na web y en las re­des so­cia­les y di­je­ron que es­ta­ba muy bien. Hay amis­tad en­tre las ban­das, y re­co­no­ce­mos el tra­ba­jo que ha­ce ca­da una. Bá­si­ca­men­te nos die­ron su ben­di­ción.

Es una in­ter­pre­ta­ción di­fe­ren­te de la can­ción, es­te te­ma sig­ni­fi­ca tan­tí­si­mo pa­ra Ivan. Cuan­do es­cu­chas una can­ción la le­tra sig­ni­fi­ca al­go pa­ra ti y pue­de sig­ni­fi­car tam­bién al­go di­fe­ren­te pa­ra mí. Es­ta can­ción tiene un sig­ni­fi­ca­do muy se­rio pa­ra Ivan, así que lo hi­zo de una for­ma muy per­so­nal, la can­ta más len­ta y le apor­ta un sen­ti­mien­to nue­vo. Hi­zo una nueva in­ter­pre­ta­ción de la can­ción y creo que es fan­tás­ti­ca.

Des­pués de más de diez años con Fi­ve Finger Death Punch có­mo va­lo­ra­rías la evo­lu­ción del gru­po des­de The Way of the Fist has­ta Got Your Six.

Cuan­do em­pe­za­mos con The Way of the Fist yo es­ta­ba em­pe­zan­do tam­bién a es­cri­bir dis­cos. Te­nía una cier­ta idea, una vi­sión, sa­bía có­mo que­ría que so­na­ra la música. Lo más cer­cano a lo que te­nía en men­te era Kill­witch En­ga­ge. Me gus­tan mu­cho Kill­witch En­ga­ge, pero me gus­ta tam­bién los so­ni­dos po­de­ro­sos. Te con­ta­ré la re­ce­ta, ja, ja, ja, ja. Cuan­do sa­lió el un me­tal no me gus­ta­ba, pero de ver­dad que me gus­ta­ba su so­ni­do. Co­mo Korn, que tiene un so­ni­do que na­die ha con­se­gui­do. Apren­dí a va­lo­rar lo que ha he­cho Korn. He­mos ido de gi­ra con ellos y aho­ra son bue­nos ami­gos, y pien­so que son real­men­te bri­llan­tes. Yo soy un me­tal­head, por aquel en­ton­ces es­ta­ba muy me­ti­do en el me­tal eu­ro­peo, así que no es­cu­cha­ba nu me­tal to­do el tiem­po, pero to­das es­tas ban­das co­mo Korn, que tie­nen ese tono tan pro­fun­do, ha­cen un so­ni­do oscuro ab­so­lu­ta­men­te bru­tal que me en­can­ta. De cual­quier for­ma, yo me he cria­do en Eu­ro­pa, he cre­ci­do con el me­tal eu­ro­peo que tiene mu­chí­si­ma in­fluen­cia de la música clá­si­ca. Aun­que tú no la va­yas a es­cu­char tal cual, si es­cu­chas las gui­ta­rras, los acor­des, las ar­mo­nías vie­nen de la música clá­si­ca. Si es­cu­chas la música ame­ri­ca­na vie­ne del rhythm and blues, y ahí tie­nes a Pan­te­ra, “po­wer groups”. Así que, pa­ra mí era co­mo me gus­ta el so­ni­do de las ban­das de nu me­tal y to­co gui­ta­rras más du­ras y pro­fun­das, por­que igual­men­te me gus­tan los “po­wer groups” ame­ri­ca­nos. La cues­tión era ¿có­mo uno es­tas dos co­sas? Pues es­to es lo que bá­si­ca­men­te es Fi­ve Finger Death Punch: un tono den­so, me­lo­días eu­ro­peas y el po­de­ro­so so­ni­do de los “po­wer groups” y la téc­ni­ca de la per­cu­sión “pic­king”, un pic­king muy téc­ni­co pro­gre­si­vo.

Así em­pe­cé a cons­truir esa idea que te­nía. En­con­tré pri­me­ro a Je­remy. Te­nía nue­ve o diez can­cio­nes y jun­tos tra­ba­ja­mos en las ver­sio­nes fi­na­les. To­da­vía no te­nía­mos can­tan­te, y tra­ba­já­ba­mos en el es­tu­dio. Así que el pri­mer dis­co fue co­mo si qui­sie­ra ha­cer un ál­bum en mi vi­da, así es co­mo qui­sie­ra que so­na­se. En el se­gun­do dis­co se unió Ja­son Hook. Ja­son tiene un es­ti­lo dis­tin­to, le en­can­tan Van Ha­len y vie­ne del hard rock, pero Ja­son ha­ce pic­king co­mo yo lo ha­go. Mien­tras que Yng­wie Malms­teen ha­ce shifts y co­sas así, Ja­son pun­tea ca­da no­ta. Te­ne­mos el mis­mo es­ti­lo a la ho­ra de to­car y fue có­mo: “¡oh!, sue­nas co­mo yo”. De es­ta for­ma, la lle­ga­da de es­tos dos ti­pos a la ban­da cam­bia­ron el so­ni­do por com­ple­to. Ya no era me­tal, esa mez­cla con la que com­pu­si­mos el pri­mer dis­co. A par­tir de ahí he­mos te­ni­do una evo­lu­ción a lo que so­mos hoy en día. El se­gun­do dis­co aún tiene un po­co la esen­cia del pri­me­ro, el se­gun­do ya es una mez­cla com­ple­ta de lo que apor­ta­mos to­dos no­so­tros, y el ter­ce­ro po­de­mos de­cir que fue una opor­tu­ni­dad pa­ra no­so­tros po­der ex­pe­ri­men­tar, por­que te­nía­mos más de un dis­co. Cuan­do tie­nes diez can­cio­nes no pue­des ir muy le­jos, por­que los fans es­pe­ran eso. Aun­que si ya tie­nes 24 ya pue­des ex­pe­ri­men­tar en tres o cua­tro, con piano, por ejem­plo, y otras his­to­rias. Lo hi­ci­mos, nos en­can­tó y a los fans tam­bién. Des­pués lle­gó Got Your Six, y con es­te dis­co nos preguntamos: ¿quié­nes so­mos real­men­te? Uni­mos to­do lo que ha­bía­mos he­cho an­te­rior­men­te que nos gus­ta­ba y es­cri­bi­mos el dis­co en esa di­rec­ción. Al­guien me pre­gun­tó

qué es Fi­ve Finger Death Punch y qué dis­co es­co­ge­ría pa­ra co­no­cer a es­ta ban­da. Yo res­pon­dí que Got Your Six, por­que re­su­me to­do lo que ha he­cho la ban­da has­ta el mo­men­to.

Tu­vis­teis un dis­co de pla­tino por Ame­ri­can Ca­pi­ta­lism, Wrong Si­de of Heaven, Right Si­de of Hell, fue oro. ¿Cuál es la fór­mu­la del éxi­to de Fi­ve Finger Death Punch? Bueno, creo que ya has da­do con tu an­te­rior res­pues­ta una idea...

Ja, ja, ja, ja. The Way of the Fist lo gra­ba­mos en mi cuar­to, ja, ja, ja. Las que­jas de, ¡uy!, no ten­go es­to, no ten­go lo otro, no va­len. Con los avan­ces tec­no­ló­gi­cos que te­ne­mos hoy en día pue­des ha­cer un dis­co en tu ca­sa. Con un or­de­na­dor y Pro­tools pue­des cons­truir un buen ál­bum. Te­ne­mos me­jor tec­no­lo­gía pa­ra tra­ba­jar que en los tiem­pos de los pri­me­ros dis­cos de Ro­lling Sto­nes. Así que no va­len las que­jas de que no se pue­de ha­cer fren­te a ha­cer un dis­co. ¡To­dos te­ne­mos un or­de­na­dor! Así que el pri­mer dis­co fue gra­ba­do li­te­ral­men­te en mi cuar­to. Las gui­ta­rras las gra­ba­mos en mi cuar­to, lue­go, in­de­pen­dien­te­men­te de si la voz o la ba­te­ría las gra­ba­mos en el es­tu­dio, po­de­mos de­cir que el dis­co lo hi­ci­mos en mi cuar­to. Ese dis­co lle­gó a ser oro. Más tar­de War is the Ans­wer lle­gó a ser pla­tino y Ame­ri­can Ca­pi­ta­list tam­bién. The Wrong Si­de of Heaven fue oro y Got Your Six fue oro. Así que, si al­guien di­ce que el me­tal es­tá muer­to, ¡no es así! Tie­nes que en­con­trar tu ca­mino, tu for­ma de ex­pre­sar­te. Hay mu­chas per­so­nas ahí fue­ra que ado­ran es­ta música, que van a los con­cier­tos. Lo que hay que ha­cer es ha­blar su idio­ma.

¡Ha­ble­mos de vues­tro nue­vo dis­co, por cier­to! Lo váis a sa­car aho­ra en pri­ma­ve­ra. ¿Qué po­de­mos es­pe­rar de es­te nue­vo tra­ba­jo?

Va ser una con­ti­nua­ción de lo que ve­ni­mos ha­cien­do, no va a ha­ber cri­sis o un gran cam­bio. Va a ser co­mo lo que pa­sa con Iron Mai­den. Si com­pras un dis­co de Iron Mai­den sa­bes lo que es­pe­rar, se­rá un dis­co de Iron Mai­den, no va a ser jazz fu­sión ni na­da por el es­ti­lo, ja, ja, ja, ja. No es lo mis­mo la ha­bi­li­dad de es­cri­bir una can­ción que la de to­car un ins­tru­men­to. Di­ga­mos que, si vas al gim­na­sio to­dos los días y le­van­tas pe­so, se­rás más fuer­te, pero no emo­cio­nal. Si prac­ti­cas to­dos los días un ins­tru­men­to, se­rás muy téc­ni­co y muy bueno en ese ins­tru­men­to, pero nun­ca se­rás un ar­tis­ta que trans­mi­ta emo­ción, eso nun­ca te va a ha­cer ser un com­po­si­tor. Es­cri­bir una can­ción que emo­cio­ne a la gen­te, que sig­ni­fi­que al­go pa­ra el pú­bli­co, es un ar­te to­tal­men­te di­fe­ren­te. Pien­sa en las ban­das so­no­ras de las pe­lí­cu­las, la música tiene que acom­pa­ñar a la ima­gen. Si la pie­za no en­ca­ja con la ima­gen lo no­tas. No pue­des ver una pe­lí­cu­la de te­rror con música sur­fe­ra. Si to­co música pa­ra una pe­li de te­rror tie­nes que sa­ber de qué va la pe­lí­cu­la só­lo por el so­ni­do. Tú es­cri­bes música que de­be evo­car­te cier­tas imá­ge­nes o fo­to­gra­mas. Co­mo los com­po­si­to­res de música clá­si­ca so­lían ha­cer, ni si­quie­ra te­nien­do vo­ca­lis­ta. Vi­val­di es­cri­bió las Cua­tro Es­ta­cio­nes, y di­ces: ¡oh!, esa es la Pri­ma­ve­ra, ese es el Invierno... ¡Esa es la cues­tión! Tie­nes que ser ca­paz de co­mu­ni­car só­lo con la música. Crear imá­ge­nes complejas, emo­cio­nes y trans­mi­tir a la gen­te. No ne­ce­si­tas ni que un vo­ca­lis­ta in­ter­ven­ga ¡En eso con­sis­te com­po­ner! Tie­nes que crear una ima­gen pa­ra ti y en­ton­ces el vo­ca­lis­ta es­cri­bi­rá una his­to­ria sobre eso. Esa es la ba­se... Si la ba­te­ría va a tiem­po y si­gue el com­pás pue­de trans­mi­tir un sen­ti­do mi­li­tar. Si ha­go más len­ta la ba­te­ría, los mismos riffs dan más sen­sa­ción de so­sie­go. Por el con­tra­rio, si la ba­te­ría va más rá­pi­da o se ade­lan­ta al tem­po, da sen­sa­ción de an­sie­dad. Hay sen­ti­mien­tos fí­si­cos que la música te ha­ce sen­tir, tu cuer­po se va a sen­tir ten­so si ace­le­ras el rit­mo. Tie­nes que co­no­cer qué ha­ce la música a tu cuer­po, y des­pués ver qué pro­vo­can en tí los co­lo­res, las for­mas, los ma­ti­ces, las me­lo­días y las ar­mo­nías. Los acor­des ma­yo­res son más ale­gres, por ejem­plo, tie­nes que sa­ber com­bi­nar­los, sa­ber cuán­do usar ca­da uno y por qué. ¡Eso es com­po­ner! ¡y tie­nes que en­ten­der­lo así! Riffs de gui­ta­rras pues­tos uno des­pués de otro a cie­gas, no es com­po­ner. To­car mi­llo­nes de no­tas por se­gun­do pue­de im­pre­sio­nar a otros gui­ta­rris­tas, me en­tu­sias­ma y lo ad­mi­ro, pero no es com­po­ner. Tie­nes que en­ten­der có­mo co­mu­ni­car­te con la gen­te, que tu música sig­ni­fi­que al­go pa­ra ellos, que les con­mue­va, y que les cam­bie có­mo se sien­ten por den­tro. ¡Ese es el se­cre­to!

¿Có­mo te sien­tes con la vuel­ta de Ivan? Me ale­gra mu­cho ver­le en ple­na for­ma, mo­ti­va­do y con más ener­gía que nun­ca.

¡Yo tam­bién! No po­de­mos con­ce­bir su vuel­ta de otra ma­ne­ra. No le po­de­mos cam­biar, es nues­tro can­tan­te, eso se­ría el fi­nal del tra­yec­to de Fi­ve Finger Death Punch, ab­so­lu­ta­men­te lo úl­ti­mo. Só­lo si no exis­tie­ra ni la más mí­ni­ma po­si­bi­li­dad, y él no qui­sie­ra de nin­gu­na for­ma re­cu­pe­rar­se, qui­zás no ten­dría­mos es­ta con­ver­sa­ción, pero has­ta que lle­gá­se­mos has­ta ese pun­to, ob­via­men­te, ni lo plan­tea­mos. ¡Es co­mo nues­tro her­mano! He­mos vi­vi­do jun­tos en la ca­rre­te­ra 10 o 12 años ya. So­mos muy ín­ti­mos, vi­vi­mos en el mis­mo bus. Des­de que lo co­noz­co ha es­ta­do pe­lean­do con sus de­mo­nios. Le in­ten­tas ayu­dar, pero, bueno, él iba fun­cio­nan­do. Él es un adul­to, no to­ma dro­gas, pero sí vod­ka. Só­lo to­ma vod­ka. No pue­do ir a un adul­to y fal­tar­le al res­pe­to di­cién­do­le: “da­me la bo­te­lla, por­que no deberías es­tar be­bien­do tan­to”. Pero has­ta que se con­vier­ta en al­go que le pon­ga a él en pe­li­gro o a las per­so­nas a su al­re­de­dor. Cuan­do ves que em­pie­za a ha­cer­se da­ño, sí que es co­mo: “Ok, creo que ya es su­fi­cien­te ¿no?”, pero no pue­des tam­po­co ofen­der fal­tan­do al res­pe­to a al­guien ya adul­to que tiene que ser res­pon­sa­ble de sus ac­tos. Le he vis­to gra­ban­do ca­da dis­co y tra­ba­jan­do en ca­da concierto, y fun­cio­na­ba. Yo lo sa­bía por­que le co­noz­co, pero mu­chos ni se da­ban cuen­ta. Em­pe­zó gra­dual­men­te a ir ca­da vez peor, y en­ton­ces pien­sas en cuán­tos mú­si­cos he­mos per­di­do por es­to. Lle­ga un pun­to que tie­nes que sal­tar y de­cir: “¡Eh! No po­de­mos de­jar que pa­se es­to. ¡Tú no vas a ser uno de ellos!” Lle­ga un mo­men­to que tie­nes que ha­blar cla­ro y po­ner­te se­rio y de­cir: “¡Muy bien!, si eli­ges la bo­te­lla es tu elección, pero no­so­tros no va­mos a es­tar aquí sen­ta­dos vién­do­te des­truir­te. Así que tie­nes que ele­gir, o la ban­da o la be­bi­da”. ¡Y él eli­gió la ban­da! Así que ha vuel­to y es­ta es la pri­me­ra vez que es­tá com­ple­ta­men­te so­brio. Es im­pre­sio­nan­te ver lo que ha con­se­gui­do. Lo ha in­ten­ta­do y des­de lue­go que es­tá te­nien­do éxi­to. Los con­cier­tos son ca­da vez me­jo­res y me­jo­res. Des­afor­tu­na­da­men­te, hay mu­chos mú­si­cos que es­tán lu­chan­do con­tra es­to y no es fá­cil es­tar en la ca­rre­te­ra, de via­je... ca­da vez que lle­gas a una ciu­dad to­do el mun­do te di­ce: “me en­can­ta tu ban­da, eh, tíos, va­mos de fies­ta, va­mos a be­ber”. Una vez no pa­sa na­da, pero el si­guien­te día va­mos a otra ciu­dad y pa­sa lo mis­mo, y al otro día en otra ciu­dad, pa­sa­rá lo mis­mo tam­bién, y lo mis­mo, y lo mis­mo... Ima­gi­na diez años de eso, es tan fá­cil caer en eso. Sim­ple­men­te tie­nes que co­no­cer la his­to­ria de la música pa­ra sa­ber cuán­tos ar­tis­tas han caí­do. Al­cohol, dro­gas, de­pre­sión, suicidio... Pien­sa en las pér­di­das de es­tos años en 2016 y 2017. Él tiene mu­chí­si­mo apo­yo a su al­re­de­dor, y es tan bueno ver­le ca­da vez que sa­le al es­ce­na­rio.

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