SHINE DOWN En el mo­men­to jus­to

Metal Hammer (Spain) - - ENTREVISTA - TEX­TO: DA­VID RODRIGO, YALINKU ME­LE­RO, CLA­RA RI­CO FO­TO­GRA­FÍA: YALINKU ME­LE­RO.

Con un lan­za­mien­to aún re­cien­te y en el car­tel de la ma­yo­ría de fes­ti­va­les del ve­rano, Shinedown son una de las ban­das con más ac­ti­vi­dad del mo­men­to, bus­can­do ha­cer­se un hue­co en­tre los más gran­des. Ha­bla­mos con ellos a su paso por el Download Fes­ti­val de Ma­drid:

Aquí es­ta­mos, en me­dio del fes­ti­val.

Es­ta­mos muy con­ten­tos de es­tar ha­cien­do es­ta en­tre­vis­ta. Es téc­ni­ca­men­te nues­tro úl­ti­mo concierto en Eu­ro­pa por el mo­men­to y es­tos días to­do han si­do pri­sas.

¿Es muy dis­tin­to to­car en fes­ti­va­les que en con­cier­tos nor­ma­les? Por el te­ma de que en el fes­ti­val hay que adap­tar el setlist y el show pa­ra po­der mos­trar to­do al pú­bli­co.

Pues sí, sí. Es di­fe­ren­te.

¿Y qué pien­sas so­bre el Download de Es­pa­ña? Por­que tú has to­ca­do en el bri­tá­ni­co.

Sí, sí, es bas­tan­te dis­tin­to. Pe­ro es­ta­ba en Ma­drid, Es­pa­ña. Un país ma­ra­vi­llo­so. Aun­que so­lo pu­di­mos to­car 7 canciones, el pú­bli­co fue im­pre­sio­nan­te. Es fan­tás­ti­co te­ner esa pro­yec­ción in­ter­na­cio­nal.

Sí, sí, la gen­te lo ca­li­fi­có co­mo uno de los me­jo­res del fes­ti­val. Yo es­toy de acuer­do, lo vi des­de el pú­bli­co.

Mu­chas gra­cias.

¿Có­mo com­pa­ra­rías es­te dis­co con los an­te­rio­res?

Pues no po­dría por­que real­men­te no ha­ce­mos el mis­mo dis­co dos ve­ces. Te­ne­mos 6 dis­cos y si te to­mas el tiem­po de es­cu­char­los a to­dos te das cuen­ta de que no tie­nen na­da que ver el uno con el otro. He­mos cam­bia­do tam­bién de for­ma­ción y con ellos… es­ta es la ban­da que siem­pre tu­vo que ser. Es­ta es la me­jor mues­tra de que si es­tás con la gen­te que to­ca pa­ra con­se­guir tu sue­ño, con­si­gues to­do lo que te pro­po­nes. Ade­más te­ne­mos un equi­po téc­ni­co fan­tás­ti­co.

Por otro la­do, es­te dis­co no es una his­to­ria, no es un ál­bum con­cep­tual. Ha­bla so­bre el in­di­vi­duo, co­mo ser en si mis­mo. Da igual que seas hom­bre, mu­jer, ma­yor, jo­ven, tu co­lor de piel… el dis­co no va del ex­te­rior, sino de la pro­pia exis­ten­cia del ser. Ha sur­gi­do de to­do lo que ha pa­sa­do en el úl­ti­mo año… el au­men­to de nú­me­ro de sui­ci­dios por to­do el mun­do… Es­te dis­co va so­bre com­pren­der, com­pren­der la ex­pe­rien­cia de ca­da uno.

Creo que por des­gra­cia hay dos la­dos de es­to: te­ner to­da la in­for­ma­ción en la mano de tu mano.

Al­go real­men­te pe­li­gro­so.

Exac­to. Y pue­do ver a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes con ese po­der, con to­da esa in­for­ma­ción… y es de­ma­sia­do pa­ra ellos. No se les en­se­ña a ser in­di­vi­duos, se les en­se­ña a ser to­do lo que to­dos los de­más ha­cen en las re­des.

Sí, se no­ta el te­ma de la ne­ga­ti­vi­dad, la ne­ce­si­dad de ser uno mis­mo, sa­ber iden­ti­fi­car­se. Las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes no tie­nen sen­ti­mien­tos, ni ideas pro­pias.

Creo que la gen­te, las ge­ne­ra­cio­nes ma­yo­res nun­ca han de­ja­do de apren­der, pe­ro es esa cu­rio­si­dad la que se es­tá per­dien­do. Por ejem­plo, tú y yo aho­ra es­ta­mos te­nien­do una con­ver­sa­ción. Nos es­ta­mos mi­ran­do a los ojos, es­ta­mos in­ter­cam­bian­do ideas y es­ta­mos ob­ser­van­do el len­gua­je cor­po­ral el uno del otro. Creo que las ge­ne­ra­cio­nes más jó­ve­nes no tie­nen ni idea de có­mo ha­cer jus­to eso.

Cuan­do me le­van­to siem­pre in­ten­to de­jar el te­lé­fono de la­do una ho­ra y de­di­car­me a mí. Ten­dría que pro­bar­lo to­do el mun­do.

Exac­to. La pri­me­ra y la úl­ti­ma ho­ra. A ve­ces le di­go a mi mu­jer ‘por fa­vor, de­ja el te­lé­fono, es­ta­mos ce­nan­do’ (Ri­sas)

Sí, con la mía te­ne­mos una ces­ta pa­ra de­jar los te­lé­fo­nos (Ri­sas).

Y el te­ma que es­co­gis­teis De­vil pa­ra el sin­gle, pa­ra pre­sen­tar el dis­co… ¿por qué ese te­ma?

Por­que es una epi­de­mia a ni­vel mun­dial. O sea, esa ne­ce­si­dad de aten­ción: la ba­se de fans, las reac­cio­nes… Y re­cuer­do que es­tá­ba­mos de gi­ra y un cha­val que es­ta­ba en la gi­ra an­te­rior, se acer­có y me di­jo que si po­día­mos ha­blar. Yo pen­sé que que­rría una foto y ya. Y ese cha­val, de unos quin­ce años, me di­jo ‘Me en­can­ta vues­tra mú­si­ca, to­do lo que ha­céis… ¿po­déis ha­cer el vues­tro dis­co más du­ro?’ Y yo di­je ‘¿qué quie­res de­cir con eso?’. Pe­ro real­men­te en­ten­dí lo que ne­ce­si­ta­ba ‘no tan soft heavy, sino heavy de ver­dad’. Y se me que­dó en la men­te, in­flu­yó mu­cho en es­te dis­co. Nos lo pe­dis­te y aquí lo tie­nes. Es una au­tén­ti­ca mon­ta­ña ru­sa, men­tal y fí­si­ca.

Ab­so­lu­ta­men­te. Es co­mo la men­te de la gen­te ac­tual, que es real­men­te pe­li­gro­sa. Hay mu­cho que cam­biar. Se­gui­mos en Ma­trix.

To­tal­men­te. Creo que a ve­ces la gen­te ne­ce­si­ta no preo­cu­par­se tan­to por lo que pien­sa el res­to del mun­do. Por­que si aga­chas la ca­be­za y te de­jas lle­var, tu fe­li­ci­dad nun­ca se­rá real, siem­pre de­pen­de­rá de los de­más. De su opi­nión.

Nos he­mos que­da­do sin tiem­po, aun­que ha si­do fan­tás­ti­co ha­blar con­ti­go. Es im­por­tan­te que la gen­te de­je que la mú­si­ca cam­bie sus men­tes y no las per­so­nas.

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