Ham­bre de cre­cer

The Pretty Reckless

Metal Hammer - - Atrapados - TEXTO FO­TO­GRA­FÍA: MONTSE GALEANO

SA­LA APOLO - BAR­CE­LO­NA

Ha­ce tiem­po que Tay­lor Mom­sen se qui­tó la eti­que­ta de ac­triz ado­les­cen­te por mu­cho que aún re­sue­ne en los acor­des de su ban­da The Pretty Reckless. Sie­te años des­pués, la ni­ña que pren­día fue­go en la por­ta­da de su de­but Light Me Up (2010) ha cre­ci­do has­ta con­ver­tir­se en el ga­ra­ba­to de una si­lue­ta fe­me­ni­na en su úl­ti­mo Who You Se­lling For (2016). No es ca­sual. Es­ta bús­que­da de un so­ni­do más cru­do, con tan­teos al blues y al soul mues­tran a una ar­tis­ta más ma­du­ra so­bre las ta­blas. Con la mi­ra­da pues­ta en el ho­ri­zon­te, al más pu­ro es­ti­lo rocks­tar, se pre­sen­ta Tay­lor Mom­sen mien­tras sue­na “Fo­llow me down” y ahí es don­de nos di­ri­gi­mos, a la bur­bu­ja de The Pretty Reckless.

Aun­que al­go edul­co­ra­do pa­ra los oí­dos más acos­tum­bra­dos a los so­ni­dos ex­tre­mos, el es­pec­tácu­lo que ofre­ce la ban­da es im­pe­ca­ble: en­tre­ga ab­so­lu­ta por par­te de la ban­da y un pú­bli­co que se des­vi­ve con sus gran­des hits co­mo “Ma­ke me wan­na die” y la más emo­ti­va “Just to­night” de su pri­mer ál­bum. Co­la des­de las seis de la ma­ña­na, sold out y to­da la sa­la co­rean­do des­de el pri­me­ro has­ta el úl­ti­mo de sus te­mas, gri­tan­do el nom­bre de Tay­lor entre can­ción y can­ción. Más allá de to­das las eti­que­tas im­pues­tas, The Pretty Reckless han sa­bi­do cap­tar y cui­dar a su pú­bli­co pe­ro evo­lu­cio­nan­do a la par. Los nue­vos te­mas de “Who You Se­lling For”, más ins­pi­ra­dos en el rock de los se­ten­ta, sue­nan atro­na­do­res y de­mues­tran que Tay­lor Mom­sen es más que una ca­ra bo­ni­ta de Holly­wood. Es en es­tos te­mas más ás­pe­ros co­mo “Oh My God”, que ade­más es­tre­na­ba vi­deo­clip el día del con­cier­to, don­de ve­mos el po­ten­cial de The Pretty Reckless. Los años de ro­da­je se no­tan y sus nue­vas in­quie­tu­des no la ale­jan de un pú­bli­co que la ido­la­tra. Mom­sen lo sa­be y se de­ja mi­ti­fi­car, al­go que le ayu­da a cons­truir su na­rra­ti­va de no­ches de rock, cer­ve­zas de más y so­cie­da­des frías.

Lle­ga­ba el co­lo­fón fi­nal con los bi­ses de su más bai­la­ble “Going To Hell”. La Apolo se con­vier­te en una fies­ta mien­tras sue­na “Fuc­ked up world”. La ban­da de­ja el es­ce­na­rio va­cío, so­lo se es­cu­cha un in­creí­ble so­lo de ba­te­ría pa­ra po­cos mi­nu­tos des­pués vol­ver con un subidón de adre­na­li­na ge­ne­ral. Y la bur­bu­ja es­ta­lló.

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