El dia­rio de Do­ra

Mi Casa - - Mimomento -

La lle­ga­da de un be­bé pue­de pro­du­cir in­quie­tud en pa­dres pri­me­ri­zos y una so­bre­car­ga de tra­ba­jo si hay más ni­ños pe­que­ños en ca­sa. Pa­ra ges­tio­nar la si­tua­ción con éxi­to y dis­fru­tar de ella al má­xi­mo, to­ma no­ta de es­tos con­se­jos.

Or­de­na las vi­si­tas. Es nor­mal, e in­clu­so ha­la­ga­dor, que todos quie­ran co­no­cer al nue­vo re­to­ño, pe­ro tan­to tú como el be­bé ne­ce­si­táis un pe­río­do de adap­ta­ción. Por eso, de­ja pa­sar unos días has­ta que te en­cuen­tres en con­di­cio­nes de re­ci­bir vi­si­tas.

Adáp­ta­te a su rit­mo. Te­ner que dar­le el pe­cho o el bi­be­rón ca­da tres ho­ras ha­ce que el des­can­so noc­turno no sea pleno. Aco­mó­da­te a su rit­mo, aprovecha sus ho­ras de sue­ño pa­ra des­can­sar tam­bién tú y , en la me­di­da de lo po­si­ble, de­le­ga en tu pa­re­ja cuan­do sea pre­ci­so.

Tu mundo es él. Tu be­bé aca­pa­ra­rá to­da tu aten­ción, así que si du­ran­te los pri­me­ros me­ses la ca­sa no es­tá como los cho­rros del oro, don't

worry. Si al­gún fa­mi­liar se pres­ta a echa­ros una mano, con­fía­le las co­mi­das, cier­tas lim­pie­zas o los trá­mi­tes le­ga­les. ¡To­da ayu­da se­rá bien­ve­ni­da!

Dé­ja­te ayu­dar. Los có­li­cos, la fie­bre, el llan­to… a ve­ces re­sul­tan des­con­cer­tan­tes. Haz ca­so de ami­gas ex­per­tas o de la sa­bi­du­ría de tu ma­dre y dé­ja­te acon­se­jar por ellas. Dis­fru­ta­rás más y me­jor de tu hi­jo. ¡Se­gui­mos co­nec­ta­das!

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