UNA CÓ­MO­DA PIN­TA­DA

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Cuan­do la due­ña com­pró el pi­so, se en­con­tró con un mo­de­lo os­cu­ro. Tras apli­car­le una mano de pin­tu­ra ama­ri­lla, ga­nó vi­ve­za y lle­nó de ale­gría el re­ci­bi­dor. Aquí tie­nes otros cin­co mo­de­los aca­ba­dos con pin­tu­ra. ¿Cuál pre­fie­res?

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