156 GTA

El 156 fue un co­che con muy buen tac­to, pa­ra de­lei­te de quie­nes es­pe­ra­ban reac­cio­nes de­por­ti­vas en un Al­fa Romeo. El GTA, su má­xi­ma ex­pre­sión, es hoy una de las ber­li­nas de­por­ti­vas más ape­te­ci­bles en­tre las que es­tán en su ran­go de po­ten­cia.

Motor Clásico - - GUIA DE COMPRA - BLAS SO­LO (TEX­TO). MI­KAEL HELSING (FOTOS)

Des­pués de un co­che es­tét ica y me­cá­ni­ca­men­te tan gris co­mo el 155, el 156 fue un acon­te­ci­mien­to y de­vol­vió a Al­fa Romeo la imagen que ha­bía per­di­do cuan­do se con­vir­tió en par­te de Fiat. El mé­ri­to re­si­de en par­te en el di­se­ño de Wal­ter de Sil­va, si bien la imagen ge­ne­ral del co­che ya es­ta­ba en las ideas de Wolf­gang Eg­ger que die­ron lu­gar al 166. Una sus­pen­sión muy elaborada (so­bre to­do com­pa­ra­da con la del Fiat Ti­po que te­nía el 155) o in­no­va­cio­nes co­mo la in­yec­ción di­rec­ta con con­duc­tor co­mún en los Die­sel in­di­ca­ban que Al­fa Romeo se ha­bía to­ma­do muy en se­rio el pro­yec­to. El re­sul­ta­do fue sa­tis­fac­to­rio.

Tu­vo va­rios fa­llos de ju­ven­tud, mu­chos de ellos so­lu­cio­na­dos cuan­do lle­gó al mer­ca­do la ver­sión GTA. Ese ape­lli­do, aun­que con el en­can­to de re­cor­dar al Giu­lia de 1965, no era muy apro­pia­do pa­ra el 156. De «Allig­ge­ra­ta» te­nía más bien po­co, con 1.485 kg (nor­ma CEE). Pe­se a ello, el em­pu­je del V6 ini­cial­men­te crea­do por Giu­sep­pe Bus­so era su­fi­cien­te pa­ra dar­le unas las pres­ta­cio­nes que se es­pe­ra­ban de sus 250 CV.

Te­nía buen tac­to, co­mo otros 156, pe­ro la sus­pen­sión re­sul­ta­ba de­ma­sia­do du­ra so­bre fir­me irre­gu­lar. La di­rec­ción era muy rá­pi­da, con una re­la­ción de só­lo 11,3 a 1 y so­lo 1,7 vuel­tas de vo­lan­te en­tre to­pes. No obs­tan­te, que el vo­lan­te die­ra tan po­cas vuel­tas tam­bién se de­be a que el án­gu­lo de las rue­das era muy li­mi­ta­do, por eso te­nía un diá­me­tro de gi­ro gran­de (12,1 m en­tre bor­di­llos).

En el 147 GTA se do­bla­ban los dis­cos de­lan­te­ros tras unas po­cas fre­na­das in­ten­sas y con­ti­nuas. En el 156, aun­que pe­sa­ba más, el pro­ble­ma no era igual de gra­ve. Pue­de que, en el 156, los dis­cos re­ci­bie­ran una ma­yor can­ti­dad de ai­re pa­ra re­fri­ge­rar­los.

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