HE CON­DU­CI­DO UN GRU­PO B

Motor Clásico - - TRAZANDO FINO -

Na­cí en 1971, por lo que en los años 80 ni sa­bía con­du­cir ni te­nía edad pa­ra ello, pe­ro te­nía muy cla­ro que me gus­ta­ban los co­ches. No sa­bría de­cir des­de cuán­do. Cie­rro los ojos y me veo sen­ta­do en las ro­di­llas de mi pa­dre dan­do una vuel­ta al Ja­ra­ma; qui­zá eso fue an­tes. Alu­ci­na­ba con las imá­ge­nes que veía en las re­vis­tas, pe­ro so­bre to­do, en te­le­vi­sión. Ese mo­men­to en el que la ma­rea hu­ma­na se abría pa­so an­te un ve­lo­cí­si­mo Au­di S1 dan­do brin­cos, los co­lo­res de Mar­ti­ni en los Lan­cia, los de Peu­geot en los Tur­bo16, los «cu­logor­do»… Siem­pre he so­ña­do con es­tos co­ches. Jun­to con los F1 y los de Le Mans de la épo­ca, los Gru­po B fue­ron los que me hi­cie­ron amar el au­to­mó­vil y con él, es­te de­por­te. Yo que­ría ser pi­lo­to de to­dos esos co­ches y que­ría sen­tir lo que esos pi­lo­tos sen­tían al con­du­cir­los. Mis «co­ches mi­to» fue­ron des­apa­re­cien­do del pa­no­ra­ma. Se con­vir­tie­ron en clá­si­cos, por lo que pi­lo­tar­los se con­vir­tió en al­go ca­si im­po­si­ble. Pe­ro en es­ta vi­da no se pue­de ti­rar la toa­lla ni tan si­quie­ra por el sue­ño más im­po­si­ble. Ob­via­men­te sa­bía que ja­más me li­ga­ría a mis 20 años a Cindy Craw­ford, pe­ro en te­mas ma­te­ria­les to­do era po­si­ble. Ha pa­sa­do el tiem­po y soy más vie­jo, per­dón, más clá­si­co, aun­que con­ser­vo los sue­ños que no he cum­pli­do. Por mi tra­ba­jo he te­ni­do opor­tu­ni­dad de al­can­zar al­gu­nos, au­to­mo­vi­lís­ti­ca­men­te ha­blan­do, pa­ra des­gra­cia de Cindy, que per­dió una gran opor­tu­ni­dad en la vi­da por no ha­ber- me co­no­ci­do a tiem­po. No es­tán to­dos, me que­da por pro­bar el tri­ci­clo Benz, el Pors­che 917, el McLaren de Sen­na y el Fe­rra­ri F1 2002GA de Schumy, pe­ro en lo que res­pec­ta a los Gru­po B, sue­ño cum­pli­do.

Gra­cias a Teo Martín, a Mo­tor Clá­si­co y a Au­to­mó­vil, pe­ro es­pe­cial­men­te a Teo, que es el due­ño de los co­ches, he po­di­do con­du­cir un Gru­po B. Bueno, pa­ra ser sin­ce­ro en reali­dad me he subido en tres. Es­toy in­ten­tan­do es­cri­bir es­to sin que pa­rez­ca que lo ha­go pa­ra dar en­vi­dia, pe­ro es que a al­guien se lo ten­go que con­tar. Pri­me­ro fue el 205 Tur­bo 16 ex Va­ta­nen, lue­go el 205 T16 del Da­kar que, aun­que no era un Gru­po B, lo me­to en el sa­co de las emo­cio­nes. Aho­ra, con mo­ti­vo del nú­me­ro del 40 aniver­sa­rio de Au­to­mó­vil, he po­di­do con­du­cir na­da me­nos que un Lan­cia 037 y un Del­ta S4 ex Mark­ku Alén. Del Del­to­na o el Stra­tos, a los que tam­bién me subí, ya ha­bla­ré otro día. El Peu­geot se con­du­cía con re­la­ti­va fa­ci­li­dad. Sal­vo los fre­nos, que me pa­re­cie­ron es­ca­sos des­de mi mo­der­na pers­pec­ti­va, se po­dría de­cir que era un co­che ágil, con un mo­tor per­fec­ta­men­te asu­mi­ble, que co­rría mu­cho pe­ro sin asus­tar. Otra co­sa es «ti­rar­te pa’ba­jo» en un ne­va­do tra­mo del mun­dial y con el cro­nó­me­tro en­ci­ma. El 037 tam­bién me pa­re­ció fá­cil, con un cha­sis que me sor­pren­dió por lo bueno que era; po­co ten­dría que en­vi­diar a un co­che mo­derno. No pu­de ha­cer mu­chos ki­ló­me­tros ni tam­po­co un ce­rra­do tra­mo a fon­do, ha­bía que cui­dar los co­ches, pe­ro aun con­du­cien­do con mi­mo y ca­ri­ño, se lle­ga a es­tas con­clu­sio­nes en po­cos me­tros. Con­du­cir es­tos dos co­ches me pa­re­ció un au­tén­ti­co pla­cer pa­ra los sen­ti­dos. Mun­do apar­te fue el S4, pe­ro muy apar­te. No tie­ne un mo­tor, ahí de­trás hay hor­das de ca­ba­llos des­bo­ca­dos que se po­nen de acuer­do pa­ra ti­rar a la vez na­da más po­ner­le la za­naho­ria de­lan­te. Es de­cir, que ace­le­ras cuan­do tú quie­res es­pe­ran­do que el mo­tor em­pu­je y és­te lo ha­ce cuan­do él quie­re y con una can­ti­dad de par que es di­fí­cil de asu­mir. Es en ese mo­men­to cuan­do pa­ro el co­che, mi­ro a mí al­re­de­dor y veo la jau­la de se­gu­ri­dad con unas po­cas ba­rras del mis­mo diá­me­tro que una flau­ta, sin exa­ge­rar, y lo pri­me­ro que me vie­ne a la men­te son los pre­ci­pi­cios del Mon­te­car­lo, San Re­mo… ¡Cór­ce­ga!… qué pe­na de Toi­vo­nen/Cres­to. Mo­ver Gru­pos B co­mo hi­ce yo en la se­sión de fo­tos es de ser un ti­po con suer­te. Ha­ber­los pi­lo­ta­do, ir rá­pi­do con ellos, ga­nar o per­der ca­rre­ras e, in­clu­so, ha­ber muer­to en ellos, de­ja cla­ro que es­ta ge­ne­ra­ción de pi­lo­tos eran se­mi-dio­ses, hé­roes que vi­vie­ron una épo­ca en la que lo pri­me­ro era te­ner el ar­ma de­fi­ni­ti­va pa­ra ga­nar, man­te­ner­se vi­vo era se­cun­da­rio. Me qui­to el som­bre­ro. mc

CUAN­DO CON­DU­CES UN GRU­PO B TE DAS CUEN­TA DE QUE NO ERAN PI­LO­TOS, ERAN SE­MI-DIO­SES

El «ra­pi­di­llo» de AU­TO­PIS­TA de­ja el vo­lan­te de las úl­ti­mas no­ve­da­des (SUV y eléc­tri­cos) y se en­re­da en­tre car­bu­ra­do­res y «chi­clés» de al­ta.

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