GENEVIEVE

Motor Clásico - - TRAZANDO FINO - Ilus­tra­dor. Aman­te de las má­qui­nas y de los me­ca­nis­mos ar­tís­ti­ca­men­te uti­li­za­dos.

Creo que po­cas per­so­nas sa­ben con exac­ti­tud cuál fue la pri­me­ra pe­lí­cu­la que vie­ron en su vi­da. No es mi ca­so. Mi ma­dre me con­ta­ba que cuan­do yo te­nía un año, una tar­de, ella y una tía mía es­ta­ban en ca­sa con­mi­go cuan­do pen­sa­ron que les gustaría ir al ci­ne a ver una pe­lí­cu­la ti­tu­la­da «Genoveva» (Genevieve). Co­mo no te­nían a na­die que pu­die­ra que­dar­se con el ni­ño, pen­sa­ron que tal vez no pa­sa­ría na­da por lle­var­me. Eso sí, equi­pa­das con to­do lo que po­dría ser ne­ce­sa­rio pa­ra aten­der cual­quier es­ta­do de áni­mo in­fan­til an­te un am­bien­te os­cu­ro y nue­vo: bi­be­rón, chu­pe­te, etc.

Con el ni­ño sen­ta­do en sus ro­di­llas, mi ma­dre y mi tía es­pe­ra­ron a que se apa­ga­ran las lu­ces y ver qué ocu­rría. Se­gún me di­je­ron, en cuan­to co­men­zó la pe­lí­cu­la, me aga­rré a la bu­ta­ca de de­lan­te, fi­jé to­da mi aten­ción en la pan­ta­lla y no par­pa­deé en el tiem­po que du­ró la pro­yec­ción. Su­pon­go que allí na­ció mi especial in­te­rés por las imá­ge­nes en mo­vi­mien­to y los co­ches de otras épo­cas (Genevieve era un Darracq 12 HP de 1904).

La pe­lí­cu­la, una co­me­dia pro­ta­go­ni­za­da por el ac­tor bri­tá­ni­co Ken­neth Mo­re (1), tra­ta de dos ami­gos, uno due­ño del Darracq 12 HP y el otro de un Spyker 18 HP de 1905 (2), que par­ti­ci­pan con sus pa­re­jas en la fa­mo­sa ca­rre­ra Lon­don-Brigh­ton pa­ra co­ches ve­te­ra­nos y que, en el ca­mino de vuel­ta, de­ci­den com­pe­tir en­tre ellos has­ta Lon­dres. La ri­va­li­dad se va vol­vien­do ca­da vez más en­co­na­da y, des­pués de múl­ti­ples per­can­ces y pe­ri­pe­cias, es fi­nal­men­te Genevieve el que ga­na, pe­ro por po­co.

La pe­lí­cu­la fue un ro­tun­do éxi­to en el Reino Uni­do y mu­chos otros paí­ses, in­clui­do Es­pa­ña (3) y se la re­co­no­ce co­mo el im­pul­sor en Gran Bre­ta­ña de la afi­ción por los co­ches ve­te­ra­nos en un tiem­po en que se les pres­ta­ba muy po­ca aten­ción (eso allí, me­nos aún en el res­to del mun­do). El film ge­ne­ró tan­to in­te­rés que la mar­ca de ma­que­tas de plás­ti­co Air­fix co­mer­cia­li­zó un Darracq, y la mar­ca Match­box un Spyker, am­bos a ima­gen de sus pro- ta­go­nis­tas me­cá­ni­cos. Tam­bién hu­bo ju­gue­tes, lla­ve­ros, mi­nia­tu­ras, etc … (4)

Al ser una pro­duc­ción de pre­su­pues­to ajus­ta­do, ca­si to­das las es­ce­nas en ex­te­rio­res se ro­da­ron en los al­re­de­do­res de los es­tu­dios Pi­ne­wood, cer­ca de Lon­dres, si­mu­lan­do lu­ga­res del ca­mino ha­cia Brigh­ton. En ellas, co­mo si de un do­cu­men­tal se tra­ta­ra, se pue­de apre­ciar per­fec­ta­men­te có­mo es la con­duc­ción de un co­che ve­te­rano, con sus múl­ti­ples pa­lan­cas, la al­tu­ra so­bre el sue­lo del con­duc­tor y la agi­li­dad con que se mue­ve en­tre el trá­fi­co gra­cias a un sis­te­ma de di­rec­ción di­rec­to.

Re­sul­ta ex­tra­ño, sin em­bar­go, que sien­do una pro­duc­ción bri­tá­ni­ca los co­ches fue­ran uno fran­cés (Darracq) y el otro ho­lan­dés (Spyker). Es­to se de­be a que na­die en el Ve­te­ran Car Club de Gran Bre­ta­ña qui­so pres­tar los vehícu­los de fa­bri­ca­ción bri­tá­ni­ca que el guión re­que­ría y los pro­duc­to­res hu­bie­ron de con­for­mar­se con lo que pu­die­ron en­con­trar.

La his­to­ria de Genevieve ha­bía co­men­za­do a fi­na­les de los años 40 en un ta­ller de Inglaterra co­mo dos cha­sis oxi­da­dos de Darracq 12HP de los que se apro­ve­cha­ron las par­tes me­nos da­ña­das pa­ra mon­tar un úni­co co­che que se com­ple­tó con un ra­dia­dor re­cons­trui­do (5) y una ca­rro­ce­ría de otro au­to di­fun­to. Mien­tras es­ta­ba en pro­ce­so de res­tau­ra­ción, tra­je­ron al mis­mo ta­ller otro co­che en si­mi­lar es­ta­do de de­cre­pi­tud; es­te era pre­ci­sa­men­te el Spyker fu­tu­ro co-pro­ta­go­nis­ta en el film.

En 1949, una vez res­tau­ra­do el Darracq, su pro­pie­ta­rio par­ti­ci­pó con él en va­rios even­tos con el nom­bre de An­nie, has­ta que fue con­tra­ta­do pa­ra la pe­lí­cu­la y hu­bo de cam­biar­lo por Genevieve, ape­la­ti­vo con el que per­ma­ne­ce­ría ya pa­ra siem­pre. Pos­te­rior­men­te el co­che fue ven­di­do a un mu­seo en Nue­va Ze­lan­da (lue­go re­ubi­ca­do en Aus­tra­lia) don­de per­ma­ne­ció mu­chos años has­ta que fue subas­ta­do en los 90 y aca­bó en el Mu­seo Louw­man en la Ha­ya, don­de re­si­de ac­tual­men­te jun­to al Spyker.

Co­mo cu­rio­si­dad: En 1907 se fun­dó la So­cie­dad Ano­ni­ma Es­pa­no­la de Au­to­mo­vi­les Darracq en Vi­to­ria, una fi­lial que pa­re­ce no tu­vo una vi­da muy lar­ga. mc

(1) -Los otros ac­to­res: Di­nah She­ri­dan, John Greg­son, Kay Ken­dall, y un enor­me perro San Ber­nar­do.

(2) – El Darracq lle­va­ba un mo­tor dos ci­lin­dros de 1.9 li­tros, el Spyker un 4 ci­lin­dros de 2.5 li­tros.

(3) -Fue no­mi­na­da a los Os­car de 1953 co­mo me­jor guión ori­gi­nal y me­jor com­po­si­ción mu­si­cal, ga­nó el pre­mio BAFTA a la me­jor pe­lí­cu­la bri­tá­ni­ca y un Glo­bo de Oro a la me­jor pe­lí­cu­la ex­tran­je­ra.

(4) - ...y aún en 2016, un li­bro bio­grá­fi­co ti­tu­la­do A Darracq ca­lled Genevieve por Rod­ney La­re­do

(5) -Su ra­dia­dor de­bía ser uno tu­bu­lar, mien­tras que el aco­pla­do era una co­pia del de un Darracq Fl­ying Fif­teen.

SIEN­DO UN CRÍO, SE ME GRA­BÓ LA IMA­GEN DEL DARRACQ Y EL SPYKER PRO­TA­GO­NIS­TAS DE LA PE­LÍ­CU­LA

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