Es el fút­bol que nos gus­ta ver

Mundo Deportivo (At. Madrid) - - BARÇA - Víc­tor MU­ÑOZ

En la úl­ti­ma se­ma­na el Ba­rça nos ha mos­tra­do dos ca­ras bien dis­tin­tas. Un equi­po con una ver­sión ex­qui­si­ta de fút­bol, que puede des­tro­zar a cual­quier ri­val por su te­rri­ble efec­ti­vi­dad en el área y por la ve­lo­ci­dad de cir­cu­la­ción del ba­lón; y un equi­po, el mis­mo, con otra ver­sión preo­cu­pan­te, dé­bil en de­fen­sa y muy frágil en la pre­sión del ad­ver­sa­rio. El Ba­rça tie­ne la ver­sión bue­na, la del do­mi­nio del ba­lón, el con­trol de los es­pa­cios, la mo­vi­li­dad de sus ju­ga­do­res, el de la po­se­sión mez­cla­da con ver­ti­ca­li­dad, el de la sa­li­da pre­ci­sa y el del cri­te­rio; y la ma­la, la de las pér­di­das pe­li­gro­sas en cons­truc­ción, la de las lí­neas se­pa­ra­das, la del equi­po ro­to en el cen­tro del cam­po y la de los ba­lo­na­zos lar­gos para sa­car­se la pre­sión de en­ci­ma. E s un equi­po di­fe­ren­te del de los úl­ti­mos dos años. Lo es de for­ma obli­ga­da, ya que ha per­di­do a va­rias pie­zas cla­ve por el camino, ju­ga­do­res que se en­ten­dían sin mi­rar­se y que le da­ban al con­jun­to un em­pa­que de con­sis­ten­cia en las dos áreas muy di­fí­cil de con­tra­rres­tar, co­mo Xa­vi y Da­ni Al­ves. Un tra­ba­ja­dor Ser­gi Ro­ber­to se adap­ta al la­te­ral de­re­cho sin ha­ber­lo ocu­pa­do en to­da su tra­yec­to­ria y aho­ra se le cues­tio­na por dos erro­res en dos par­ti­dos. Es in­jus­to. Los erro­res en el fút­bol muy po­cas ve­ces los cau­san una per­so­na en con­cre­to. En el ca­so de Ser­gio Bus­quets, tam­bién dis­cu­ti­do en es­tos días, se es­tá en­con­tran­do so­lo en una is­la, sin ayu­das en la sa­li­da y des­bor­da­do por la pre­sen­cia de mu­chos ri­va­les. Las pér­di­das en la sa­li­da no son so­lo cul­pa su­ya. P ero el buen Ba­rça deja mu­chos mo­ti­vos para el op­ti­mis­mo. La re­mon­ta­da en Se­vi­lla es el gran ejem­plo de lo que puede ser es­te equi­po. Su­po reac­cio­nar y su­pe­rar to­dos los obs­tácu­los que le ha­bía pues­to el Se­vi­lla, re­cu­pe­ró los es­pa­cios, ade­lan­tó las lí­neas y la an­ti­ci­pa­ción de Um­ti­ti y Mas­che­rano cam­bió su ac­ti­tud para com­pe­tir. Re­cu­pe­ró la ini­cia­ti­va, la po­se­sión, cam­bió la di­ná­mi­ca del en­cuen­tro y lo aca­bó ga­nan­do, co­mo en los me­jo­res tiem­pos de Luis En­ri­que, con el equi­po al cien por cien fí­si­ca­men­te y con un Mes­si in­con­men­su­ra­ble. Cuan­do el ar­gen­tino li­de­ra al Ba­rça, no hay ri­val que lo pue­da pa­rar. El Ba­rça de la se­gun­da par­te en Se­vi­lla es fa­vo­ri­to a to­do. Eso sí, la pri­me­ra par­te no se puede re­pe­tir en eli­mi­na­to­rias de Cham­pions. Ahí te puede cos­tar una eli­mi­na­ción

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