Un in­ge­nie­ro que pre­fi­rió ser pi­lo­to

Ros­berg, con pla­za en el Im­pe­rial Co­lle­ge de Lon­dres, cam­bió las au­las por el vo­lan­te

Mundo Deportivo (At. Madrid) - - MOTOR - Fa­bio Mar­chi

Una son­ri­sa perenne di­fí­cil de ver en la pa­rri­lla de la F1, uni­da a una cla­se in­con­tes­ta­ble, son al­gu­nas de las ca­rac­te­rís­ti­cas que más de­fi­nen a Ni­co Ros­berg, que a sus 31 años ha lo­gra­do su pri­mer Mun­dial de F1. Sue­ño cum­pli­do pa­ra el hi­jo de Ke­ke Ros­berg, cam­peón en 1982, que des­de bien pe­que­ño le tras­la­dó su amor por la F1 y una edu­ca­ción dig­na de fa­mi­lia nór­di­ca. Ke­ke, na­ci­do en Sue­cia pe­ro de­fen­dien­do la ban­de­ra fin­lan­de­sa en el Mun­dial, ha si­do cla­ve en la crea­ción del nue­vo cam­peón de 2016, arras­trán­do­le has­ta es­te sue­ño des­de los seis años.

Fue en Fran­cia don­de Ni­co con­si­guió sus pri­me­ros lo­gros de­por­ti­vos. Con on­ce años, en 1996, ga­nó la li­ga Cô­te d’Azur en la ca­te­go­ría de 10 a 12 años y su pa­dre le abrió las puer­tas de la Fór­mu­la BMW en 2002 con su pro­pio equi­po. El si­guien­te pa­so del teu­tón fue par­ti­ci­par en la Fór­mu­la 3 Eu­ro­pea, pa­ra pos­te­rior­men­te dar el sal­to a las GP2 Se­ries, cu­yo tí­tu­lo en 2005 le va­lió un as­cen­so a Wi­lliams en la F1. A par­tir de ahí, la his­to­ria del ger­mano ya se co­no­ce.

El ser hi­jo de un pi­lo­to de F1 im­pi­dió que Ni­co tu­vie­ra una iden­ti­dad na­cio­nal de­fi­ni­da, pues­to que des­de pe­que­ño acom­pa­ñó a su pa­dre por to­do el mun­do. Pe­se a ha­ber na­ci­do en Ale­ma­nia, tie­ne en Mó­na­co lo más pa­re­ci­do a un ho­gar e Ibi­za es otro lu­gar muy es­pe­cial en el que tie­ne una ca­sa y don­de co­no­ció su te­so­ro más pre­cia­do, a su mu­jer Vi­vien Si­bold.

Su mo­vi­da in­fan­cia en un mun­do de ri­cos le hi­zo apren­der idio­mas con gran na­tu­ra­li­dad. Ello, y la in­sis­ten­cia de su ma­dre, cul­pa­ble de su edu­ca­ción. Así, el nue­vo cam­peón del mun­do se desen­vuel­ve con fa­ci­li­dad en un per­fec­to ale­mán, in- glés, fran­cés, ita­liano e in­clu­so ha sor­pren­di­do en las úl­ti­mas campa- ñas por su es­pa­ñol. Ca­be des­ta­car que el pi­lo­to em­pe­zó a com­pe­tir ba­jo los co­lo­res de la ban­de­ra fin­lan­de­sa por su pa­dre, pe­ro fi­nal­men­te de­ci- dió de­fen­der la ban­de­ra del país que le vio na­cer.

Más allá de amar las fies­tas de Ibi­za, Ros­berg sor­pren­de con in­tere­ses pro­pios de al­guien cen­tra­do co­mo la fo­to­gra­fía o el ajedrez. Fan del back­ga­mon y el pó­ker, tie­ne sus mo­men- tos alo­ca­dos con un mi­cró­fono y un ka­rao­ke y, por su­pues­to, le apa­sio- na el de­por­te. Le en­can­ta el surf, es- pe­cia­li­dad que le sir­ve pa­ra des­co- nec­tar de la pre­sión cons­tan­te que vi­ve en el pad­dock, y tam­po­co es inusual ver­le ju­gar a fút­bol o ha­cer triatlón.

Ros­berg es lo más pa­re­ci­do a un hi­jo ejem­plar. Fue un apli­ca­do es­tu- dian­te, ca­paz de ob­te­ner una pla­za en el Im­pe­rial Co­lle­ge de Lon­dres, lu­gar don­de se for­ja­ron al­gu­nos de los me­jo­res in­ge­nie­ros de la his­to- ria de la F1. No obs­tan­te, la ca­rre­ra de pi­lo­to pe­só más que su plan ‘B’ de con­ver­tir­se en in­ge­nie­ro y ha­ber es­tu­dia­do ae­ro­di­ná­mi­ca. El des­tino qui­so que lo hi­cie­ra den­tro del co­che, don­de pu­die­ra apli­car to­dos sus co­no­ci­mien­tos, edu­ca­ción y cla- se en to­dos los tra­za­dos del ca­len­da- rio del Mun­dial

A Ni­co le en­can­ta la fo­to­gra­fía, el ajedrez, el back­ga­mon, el pó­ker y el de­por­te La es­tric­ta edu­ca­ción de su ma­dre le ha lle­va­do a apren­der has­ta cin­co idio­mas

FO­TO: GETTY

Ni­co Ros­berg es man­tea­do por los in­te­gran­tes del equi­po Mer­ce­des a su lle­ga­da al parque ce­rra­do co­mo nue­vo cam­peón del Mun­do de Fór­mu­la 1 tras ser se­gun­do en Abu Dha­bi

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