LA SAL­SA DE MA­RI­BEL

Objetivo Bienestar - - EN PORTADA -

Ha­ce años que... Se echa ma­yo­ne­sa Cal­vé en las co­mi­das. “Me la lle­vo a los ro­da­jes. La pon­go en el co­ci­do, la pae­lla, la tor­ti­lla de pa­ta­tas... ¡Es la sal­sa de la vi­da! Pe­ro ha­ce años, eh, ya la to­ma­ba cuan­do es­ta­ba más gor­di­ta o es­tan­do fla­ca”, cuen­ta, di­ver­ti­da. So­bre su del­ga­dez. “¡Yo es que me voy con­su­mien­do! [co­men­ta mien­tras se to­ca los bra­zos] Bueno, se­rán los ner­vios o lo que sea. Y tam­bién es cier­to que com­pen­so sin vol­ver­me lo­ca: dos días a la se­ma­na ha­go to­ni­fi­ca­ción en el Re­ti­ro con mi en­tre­na­do­ra”.

Pa­ra com­ba­tir la an­sie­dad. “Una vez a la se­ma­na voy a yo­ga y duer­mo 8 o 9 ho­ras to­dos los días, eso es fun­da­men­tal. Pe­ro tam­bién te di­go que si tie­nes un ca­rác­ter ho­rri­ble y eres pe­si­mis­ta, al fi­nal, no te sir­ve de na­da. La ca­ra es el es­pe­jo del al­ma. Yo, si no es­toy bien, no lo pue­do di­si­mu­lar. In­ten­to no dar­le vuel­tas a las co­sas y no con­tár­se­lo a vein­ti­pi­co per­so­nas, no en­trar en bu­cle. Yo se lo cuen­to a Pe­dro y me desaho­go. Al fi­nal, hay que pen­sar que los bue­nos mo­men­tos pa­san, pe­ro los ma­los tam­bién”.

po­co me man­dó mi cu­ña­do, Luis Mer­lo, un es­tu­dio so­bre las 10 ac­tri­ces es­pa­ño­las y 10 ac­to­res más im­por­tan­tes. Y yo sa­lía co­mo la más ver­sá­til. ¡Es lo más!

Por cier­to, ¿có­mo ha­ces con los ro­da­jes y la vi­da en pa­re­ja?

Pe­ro [La­rra­ña­ga] y yo no es­ta­mos nun­ca se­pa­ra­dos más de 15 días. Quien di­ce 15, di­ce 14 o 16... Es al­go que nos pro­pu­si­mos des­de el prin­ci­pio y lle­va­mos más de 17 años jun­tos y, co­mo él es su pro­pio je­fe, es la suer­te de te­ner un tra­ba­jo que pue­des lle­var a ca­bo en cual­quier par­te.

¿Cuál es vues­tro se­cre­to?

Ca­da pa­re­ja ten­drá co­sas a las que le dé más im­por­tan­cia. Pa­ra mí, se­guir enamo­ra­da. Por­que lo que es que­rer, pue­do que­rer a un ami­go... Es es­tar enamo­ra­da, ad­mi­rar, res­pe­tar a esa per­so­na y, fun­da­men­tal, reír­me mu­cho con él. Y no ol­vi­dar­te de una co­sa muy im­por­tan­te en la pa­re­ja: el se­xo. Sen­tir­se desea­da es lo más gran­de que hay, co­mo mujer es

¿Al­go de lo que te ha­yas arre­pen­ti­do?

Hay pe­lis que me es­pan­tan, pe­ro han he­cho que co­noz­ca a gen­te in­tere­san­te. Al fi­nal las re­la­cio­nes hu­ma­nas es lo que más me pue­den. No soy am­bi­cio­sa.

El Goya, que por fin te die­ron a la quin­ta vez, ¿te qui­ta­ba el sue­ño?

No, a mí to­dos los años no me lo da­ban y yo me iba a ce­le­brar­lo. “Si lo im­por­tan­te es es­tar no­mi­na­da”, de­cía. Cla­ro, has­ta que te lo dan [ri­sas]. Aquel mo­men­to fue tan emo­cio­nan­te... Cuan­do me lle­va­ron a la sa­la de pren­sa, ¿tú sa­bes lo que es que to­dos los pe­rio­dis­tas te es­tén aplau­dien­do y mu­chos llo­ran­do? Y me de­cían, “si no te lo dan, aquí se mon­ta la de Dios”. Vi­vir eso fue de lo más emo­cio­nan­te en mi ca­rre­ra.

Al fi­nal, te iba a pre­gun­tar por qué no has que­ri­do ser ma­dre, pe­ro no sé si atre­ver­me...

Es la pre­gun­ta que más odio en mi vi­da. Pues por­que no quie­ro, por­que nun­ca he que­ri­do. ¿Me voy a sen­tir me­nos rea­li­za­da por ello?

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