“EL AMOR NO ES FÁ­CIL. EN PA­RE­JA, HAY QUE HA­BLAR Y NE­GO­CIAR SIEM­PRE”

Objetivo Bienestar - - EL BLOC -

Las re­des so­cia­les han cam­bia­do las re­la­cio­nes y, sin que­rer­lo, han aca­ba­do trans­for­man­do tam­bién la se­xua­li­dad. Di­ce Valérie Tasso que el se­xo se ha con­ver­ti­do en un bien de con­su­mo. An­te ello, la es­cri­to­ra de­fien­de el com­pro­mi­so y el cui­da­do del otro. Aun­que no le gus­tan los con­se­jos nos da uno: ha­blar de se­xo con la pa­re­ja y pac­tar y ne­go­ciar cuan­do las co­sas van bien.

Marta Na­val

Iba pa­ra cón­sul pe­ro ha aca­ba­do dan­do con­fe­ren­cias de se­xua­li­dad, ejer­cien­do de se­xó­lo­ga y de es­cri­to­ra. Aún se asom­bra cuan­do lo cuen­ta. El su­per­ven­tas Dia­rio de una

nin­fó­ma­na, tu­vo la cul­pa de ese éxi­to que le cam­bió la vi­da ha­ce ya 15 años. Ahora vi­ve en pa­re­ja con el fi­ló­so­fo Jor­ge de los San­tos le­jos de la ciu­dad, y si­gue pen­san­do y es­cri­bien­do so­bre se­xo. En Se­xo 4.0 (Te­mas de Hoy) nos cuen­ta co­mo ha cam­bia­do nues­tra se­xua­li­dad por cul­pa de la re­des so­cia­les.

¿Por qué di­ces que hoy en día Dia­rio

de una nin­fó­ma­na no ten­dría el mis­mo

im­pac­to?

Por­que se ha hi­per­nor­ma­li­za­do el se­xo. Me re­fie­ro a que ca­da vez se ha­bla más de se­xo, de pros­ti­tu­ción...

En tu nue­vo li­bro ar­gu­men­tas có­mo el se­xo se ha vuel­to una víc­ti­ma del sis­te­ma neo­li­be­ral.

Sí, he­mos lle­ga­do a un lí­mi­te. El con­cep­to del se­xo y de la se­xua­li­dad es, co­mo de­cía Marx, el fe­ti­che de la mer­can­cía. Va­mos ha­cia una so­cie­dad en la que el len­gua­je es ca­da vez más des­ca­fei­na­do y nos con­ver­ti­mos en se­res des­ca­fei­na­dos. Yo lo veo en la con­sul­ta, las con­fe­ren­cias, las re­des so­cia­les... Ha­bla­mos y es­cri­bi­mos peor. To­do es rá­pi­do, sin­te­ti­za­do y el pen­sa­mien­to se vuel­ve más sim­ple. Es­te mar­co neo­li­be­ral ha he­cho es­tra­gos en el se­xo. Ca­da vez es­ta­mos más so­los, triunfa la au­to­ayu­da y el otro no pin­ta na­da. El otro es so­lo una he­rra­mien­ta pa­ra que yo pue­da con­se­guir lo que quie­ra.

Y an­te tanto ego tú de­fien­des la pa­re­ja.

Sí, pe­ro no ha­go una apo­lo­gía de la pa­re­ja con­ven­cio­nal. Creo que el amor no es al­go fá­cil. La gen­te pien­sa que es al­go ma­ra­vi­llo­so pe­ro es muy du­ro. El amor es un ac­to cul­to que re­quie­re de una re­sis­ten­cia y una ló­gi­ca a dos. Lo que es ma­ra­vi­llo­so es el enamo­ra­mien­to, que no es más que una im­be­ci­li­dad bio­quí­mi­ca. Lo que yo de­fien­do es el com­pro­mi­so.

Di­ces que el se­xo se ha con­ver­ti­do en un bien de con­su­mo.

Tin­der es una gran vi­tri­na de cuer­pos y eso le in­tere­sa al sis­te­ma neo­li­be­ral. Pe­ro no es la úni­ca. Exis­ten una bar­ba­ri­dad de apli­ca­cio­nes que te ven­den la idea de que vas a en­con­trar rá­pi­da­men­te el amor. Hoy en día to­do tie­ne que ser fá­cil y rá­pi­do. El se­xo, el amor, las re­la­cio­nes... An­tes nos se­pa­rá­ba­mos por­que es­tá­ba­mos mal, ahora por­que po­de­mos en­con­trar al­go me­jor. Las nue­vas tec­no­lo­gías son ge­nia­les pe­ro no sa­be­mos usar­las. An­tes la gen­te te­nía que sa­lir y te­ner con­tac­to, ahora el con­tac­to es más vir­tual. Nos to­ca­mos me­nos. In­clu­so ve­mos pa­re­jas to­man­do un ca­fé y ca­da uno mi­ran­do a la pan­ta­lla del mó­vil.

Las re­des so­cia­les son ade­más un fac­tor de­ter­mi­nan­te en mu­chas cri­sis de pa­re­ja.

[Ri­sas] Ni te ima­gi­nas. Des­de gen­te que de­ja abier­ta la pan­ta­lla del or­de­na­dor y la pa­re­ja ve que es­ta­ba cha­tean­do con otra… ¡Es te­rri­ble! Ade­más, es im­por­tan­te ser cons­cien­te de que si se crean per­fi­les en apli­ca­cio­nes pa­ra li­gar siem­pre se que­dan ahí, en la nu­be. No se pue­den bo­rrar y es­to es al­go muy pe­li­gro­so.

En el li­bro di­ces que la pa­re­ja pue­de re­for­mu­lar­se y que los tér­mi­nos del acuer­do deberían mo­di­fi­car­se.

Cla­ro que sí. La pa­re­ja se com­po­ne de amor, de pac­tos y de

se­xo. El amor no se pue­de ne­go­ciar, el se­xo sí se pue­de ne­go­ciar y los pac­tos son ne­go­cia­ción pu­ra. In­clu­so cuan­do la pa­re­ja va bien los pac­tos tie­nen que ir­se ha­blan­do y ac­tua­li­zan­do.

¿Se ha­bla lo su­fi­cien­te?

En cues­tio­nes se­xua­les me doy cuen­ta de que las pa­re­jas no ha­blan. Dan por he­cho que lo que ha­cen a sus pa­re­jas les gus­ta. Se ol­vi­dan de que las per­so­nas y los gus­tos se­xua­les cam­bian y evo­lu­cio­nan con el tiem­po. Hay que re­ne­go­ciar per­ma­nen­te­men­te. El 95% de las pa­re­jas no han pre­gun­ta­do ja­más a la pa­re­ja si les gus­ta lo que les es­ta­ban ha­cien­do. ¡Va­mos a ver! ¿Qué ha­ces con una per­so­na con la que no pue­des ha­blar de es­tos te­mas? Es pa­ra­dó­ji­co. Es­ta­mos en la era de la co­mu­ni­ca­ción y ca­da vez ha­bla­mos me­nos.

¿Qué es la ges­tión de la pro­mis­cui­dad?

Te­ne­mos que es­tar preparados pa­ra ha­blar de ello cuan­do es­te­mos bien. Re­co­mien­do a las pa­re­jas que lo ha­blen y que ca­da año pa­sen por con­sul­ta in­clu­so cuan­do no hay pro­ble­mas… Sé que es al­go muy van­guar­dis­ta pe­ro es que si se pro­du­ce la in­fi­de­li­dad ya se­rá de­ma­sia­do tar­de, en­ton­ces so­lo hay gri­tos y emo­ción, no ra­zón.

¿Y qué pa­sa con el de­seo?

An­tes el de­seo hi­poac­ti­vo era so­lo co­sa de mu­je­res, ahora tam­bién de hom­bres por­que hay una ba­na­li­za­ción del se­xo que ha­ce que nos vol­va­mos in­mu­nes a cier­tas imá­ge­nes. Cuan­to más nos ex­pon­ga­mos a es­ce­nas por­no­grá­fi­cas más ba­nal va a re­sul­tar el se­xo y más in­mu­nes a cier­tos es­tí­mu­los... Y es­to ha­ce me­lla en la se­xua­li­dad. Al mer­ca­do le in­tere­sa que con­su­ma­mos más ma­te­rial se­xual y al fi­nal ya no sa­be­mos ni que es el se­xo, que no es so­lo pe­ne­tra­ción y ge­ni­ta­les. El se­xo es sen­ti­do y el sen­ti­do no se pue­de com­prar.

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