En­tre­vis­ta­mos a la mo­de­lo y pre­sen­ta­do­ra Lidia To­rrent

La ca­ma­re­ra de First Da­tes (Cua­tro) tie­ne una pre­sen­cia im­po­nen­te, pe­ro la pre­sen­ta­do­ra y mo­de­lo sua­vi­za esa pri­me­ra im­pre­sión con un tra­to sen­ci­llo. Ha­bla­mos con ella en una fies­ta de Fo­to­ca­sa, en la que se anun­cia que la bar­ce­lo­ne­sa ha en­con­tra­do pi­so e

Objetivo Bienestar - - SUMARIO - Co­ché Echa­rren

¿Cuál es el rincón fa­vo­ri­to de tu ca­sa?

La ha­bi­ta­ción. Me sien­to a gus­to den­tro de mi caos. No soy la per­so­na más or­de­na­da del mun­do, pe­ro en mi des­or­den sé en­con­trar las co­sas.

Tu ba­rrio de Ma­drid.

Las Ta­blas, que es don­de aca­bo de es­tre­nar pi­so.

¿Y cual es el si­tio en el que te gus­ta es­tar so­la?

En la te­rra­za. Me gus­tan las vis­tas que te­ne­mos, dis­fru­to de tum­bar­me a to­mar el sol, de oler a na­tu­ra­le­za y mi­rar el ho­ri­zon­te.

¿Don­de es más fá­cil com­par­tir co­sas?

En el so­fá, sin du­da. Es­toy en­gan­cha­da a Net­flix.

Tu ma­yor pla­cer.

Mi per­di­ción es el cho­co­la­te. In­ten­to ti­rar del eco­ló­gi­co y ne­gro pa­ra que sea más sano.

Tu lu­gar en el mun­do.

Me que­da tanto por des­cu­brir... pe­ro lo más sin­ce­ro es no dar­te un lu­gar sino de­cir­te que mi lu­gar es mi fa­mi­lia. Mi fa­mi­lia y mis ami­gas. Pa­ra mí son fun­da­men­ta­les. Es­tar con ellas me sien­ta ge­nial, lo ne­ce­si­to. So­mos una pi­ña. Pa­ra mí sus pro­ble­mas y sus vic­to­rias son co­sa mía.

¿Las ne­ce­si­tas pa­ra re­fle­xio­nar so­bre tu vi­da?

Sí y no… yo soy muy re­fle­xi­va y es­cri­bo cons­tan­te­men­te lo que pien­so.

¿Qué es­cri­bes?

Soy un po­co cur­si, y me de­jo lle­var por im­pul­sos. Es­cri­bo co­sas cor­tas, flas­hes, so­bre to­do frases amo­ro­sas. El amor es muy im­por­tan­te pa­ra mí. Le doy una prio­ri­dad ab­so­lu­ta. Y me re­fie­ro a to­dos los amo­res. Soy muy de­ta­llis­ta y me en­can­ta re­ga­lar amor. Ha­ce po­co, le en­vié a una ami­ga que ha­bía pa­sa­do una ma­la se­ma­na un ra­mo de flo­res.

¿Y en el de pa­re­ja?

Ahí tam­bién va­lo­ro mu­cho los de­ta­lles. Ha­ce po­co Ma­tías me lle­vó por sor­pre­sa al par­que del Oes­te, en Ma­drid y me ma­ra­vi­lló. Las pe­que­ñas co­sas me en­can­tan. Es­ta­ba co­mo una ni­ña en Dis­ney­land.

¿Cuál es vues­tro pun­to fuer­te co­mo pa­re­ja?

So­mos muy, muy ami­gos. Te­ne­mos una com­pli­ci­dad muy bo­ni­ta. Ir­me a ce­nar, de via­je, a un museo o de fies­ta con él es co­mo ha­cer­lo con mi me­jor ami­go y eso une mu­cho. Y que nos acep­ta­mos y to­le­ra­mos con de­fec­tos y ta­ras.

¿Qué es in­ne­go­cia­ble en el amor?

Creo que hay que ser fle­xi­ble y to­le­ran­te den­tro de unos lí­mi­tes. Y esos lí­mi­tes es­tán en la bondad. Pa­ra mí es im­por­tan­te la fi­de­li­dad. Y no me gus­ta la gen­te al­ti­va, so­ber­bia o pre­po­ten­te. No aguan­to a los que de­rro­chan au­to­es­ti­ma co­mo si fue­ran Zeus. Me gus­tan las per­so­nas bue­nas y de­ta­llis­tas.

Trans­mi­tes mu­cha se­re­ni­dad en el pro­gra­ma.

En reali­dad lo su­fro por den­tro. Cuan­do ten­go que re­ci­bir a la gen­te an­te las cá­ma­ras, es­toy más ner­vio­sa que ellos. Y no sé có­mo, pe­ro con­si­go trans­mi­tir tran­qui­li­dad. Soy muy exi­gen­te con­mi­go mis­ma, tal vez es por eso, pe­ro el run-run en el es­tó­ma­go lo ten­go to­do el ra­to.

Ser hi­ja de El­sa An­ka pue­de ha­ber­te ayu­da­do.

Sí, cla­ro. Mi madre me ha lle­va­do a cues­tas siem­pre. He cre­ci­do en­tre bam­ba­li­nas.

¿Qué has he­re­da­do de ella, apar­te del fí­si­co?

La pru­den­cia. Y la for­ma de ha­blar, de he­cho, nos con­fun­den to­do el ra­to. A ve­ces cuan­do es­toy en su ca­sa, lla­ma su chi­co y lo co­jo yo, le ten­go que ad­ver­tir muy rá­pi­da­men­te de que no soy ella…

¿Cual es tu ru­ti­na de be­lle­za?

Ten­go la piel muy se­ca, así que em­ba­durno mi cuer­po con Ni­vea y me que­do blan­ca co­mo un co­po de nie­ve. Mi piel lo ab­sor­be. Pa­ra la ca­ra uso cre­mas eco­ló­gi­cas y un acei­te de L’Oc­ci­ta­ne y cui­do mis ma­nos con cre­mas de The Body Shop.

Da­nos un tru­co de ma­qui­lla­je.

Lo que siem­pre me pon­go es más­ca­ra: ten­go las pes­ta­ñas muy lar­gas y me gus­ta sa­car pro­ve­cho. Tam­bién me gus­ta ma­qui­llar­me los labios con lá­pi­ces per­fi­la­do­res cre­mo­sos: per­fi­lo y re­lleno con el mis­mo lá­piz. Me gus­ta te­ner­los bien mar­ca­dos. Ah, y un tru­co que me en­se­ñó mi madre: cu­bro las oje­ras con Tou­che Éclat de YSL.

¿Nos lees una de tus frases que es­cri­bes?

Ahí va: “Y pa­sean­do por la ori­lla de tu al­ma, veo que las hue­llas de aque­llos pies pi­sa­ron tan fuer­te, que ni las olas han bo­rra­do su ras­tro”.

“Pin­to mis labios con lá­piz”. Mat­te High­li­ner Fi­ne Wi­ne, de Marc Ja­cobs

“Hi­dra­to mis ma­nos con cre­mas”. Cre­ma Mo­rin­ga, de The Body Shop

“Cui­do la piel de mi ca­ra con es­te acei­te”. Acei­te de Ju­ven­tud Di­vi­na, de L´Oc­ci­ta­ne

“Me en­can­ta el olor de la na­tu­ra­le­za”. Eau des Vig­nes, de Cau­da­lie

“A ve­ces ocul­to mis oje­ras con el co­rrec­tor que usa mi madre”. Tou­che Éclat, de YSL

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