No los comas so­lo en el desa­yuno y aña­de ce­rea­les a tu die­ta dia­ria

Ri­cos en glú­ci­dos com­ple­jos, con sus vi­ta­mi­nas y mi­ne­ra­les, y tam­bién pro­teí­nas, los ce­rea­les de­ben for­mar par­te de la ba­se de nues­tra die­ta, igual que las ver­du­ras y las legumbres. Sa­bro­sos y ase­qui­bles pa­ra to­dos los bol­si­llos, ofre­ce­mos 10 re­ce­tas fá­ci

Objetivo Bienestar - - SUMARIO -

No so­lo de arroz blan­co o de los copos de avena del desa­yuno íba­mos a ali­men­tar­nos en mo­do ce­real. Hoy los ce­rea­les en to­da su ma­ra­vi­llo­sa di­ver­si­dad son uno de los in­gre­dien­tes es­tre­lla de nues­tros pla­tos. Tam­po­co es la pri­me­ra vez que ha­bla­mos de ellos en la sec­ción de Re­ce­tas, pe­ro va­le la pe­na in­sis­tir en to­das sus po­si­bi­li­da­des. Sa­bro­sos y con gran­des be­ne­fi­cios nu­tri­cio­na­les, por lo ge­ne­ral son muy ase­qui­bles: dis­po­ner de qui­noa, bul­gur o arroz ne­gro no su­pon­drá que no lle­gue­mos a final de mes. Po­nen co­lor y ori­gi­na­li­dad a nues­tras re­ce­tas, aun­que sus be­ne­fi­cios sa­lu­da­bles son lo me­jor. Uno de los prin­ci­pa­les es su apor­te en glú­ci­dos com­ple­jos –en­tre un 70 y un 80% de su com­po­si­ción–. Es­tos glú­ci­dos o azú­ca­res len­tos apor­tan ener­gía que el or­ga­nis­mo asi­mi­la len­ta y pro­gre­si­va­men­te, apun­tan des­de Su­per­ce­rea­les sa­nos (La­rous­se). Es de­cir, no pro­vo­can gran­des pi­cos de glu­ce­mia. En es­te sen­ti­do, el que di­fie­re se­ría el azú­car blan­co, por eso es pre­fe­ri­ble to­mar­lo in­te­gral, ro­jo o ne­gro. La cla­ve es­tá en in­ge­rir ce­rea­les o gra­nos in­te­gra­les, aque­llos que no han si­do des­pro­vis­tos ni de su ger­men ni de su cás­ca­ra, don­de se al­ma­ce­na la in­men­sa ma­yo­ría de sus be­ne­fi­cios. Son in­tere­san­tes, pues, el arroz in­te­gral, la qui­noa, el mi­jo, el trigo sa­rra­ceno, el maíz, la es­pel­ta, el cen­teno, la avena y el ama­ran­to. Tie­nen, así, un al­to con­te­ni­do en fi­bra: apor­tan ese efec­to sa­cian­te sin que sean ne­ce­sa­rias gran­des can­ti­da­des, for­ta­le­cen la flo­ra in­tes­ti­nal y ayu­dan a re­du­cir el ex­ce­so de co­les­te­rol.

EL CON­SE­JO PROTEICO

Otra de las ven­ta­jas de con­su­mir­las es que son ri­cas en pro­teí­nas de bue­na ca­li­dad, pe­ro que de­ben ser com­bi­na­das con pro­teí­nas animales (hue­vo, car­ne, pes­ca­do) u otras de ori­gen ve­ge­tal (legumbres o se­mi­llas) pa­ra ga­ran­ti­zar los ocho ami­noá­ci­dos esen­cia­les que nues­tro cuer­po no pue­de pro­du­cir y han de ob­te­ner­se de la ali­men­ta­ción. Es muy con­ve­nien­te, por ejem­plo, com­bi­nar sé­mo­la de trigo (un 65%) con gar­ban­zos (un 35%) o len­te­jas ro­jas con arroz pa­ra ob­te­ner el equi­va­len­te a una pro­teí­na ani­mal. ¡Dis­fru­ta al com­bi­nar­las!

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