PlayS­ta­tion 2 cum­ple 15 años

Playmania - - OPINIÓN - Daniel Acal @da­nia­cal

El 4 de mar­zo de 2000 se es­tre­nó en el mer­ca­do ja­po­nés PlayS­ta­tion 2 (aquí lle­gó unos me­ses más tar­de, en no­viem­bre). En el mo­men­to de es­cri­bir es­tas lí­neas ar­de twit­ter con el “hash­tag” #15Año­sCo­nPS2 jun­to al que los fans se afa­nan por des­cri­bir, en me­nos de 140 ca­rac­te­res, lo que pa­ra ellos ha su­pues­to es­ta con­so­la. Yo soy un pri­vi­le­gia­do y ten­go to­da es­ta pá­gi­na pa­ra ha­cer­lo así que, como di­ría Cloud en la ver­sión es­pa­ño­la de FFVII: ¡ allé­voy!

No ten­go nin­gún pro­ble­ma en re­co­no­cer que mi con­so­la fa­vo­ri­ta de to­dos los tiem­pos es Su­per Nin­ten­do, sen­ci­lla­men­te por­que es la que más me hi­zo dis­fru­tar en la épo­ca en la que yo más he dis­fru­ta­do de los vi­deo­jue­gos como un afi­cio­na­do más, con to­da mi inocen­cia y sin la pers­pec­ti­va “vi­cia­da” (en el mal sen­ti­do) que ten­go aho­ra. Y por su bru­tal ca­tá­lo­go, de los me­jo­res de la his­to­ria en mi opi­nión (y eso que aquí nos per­di­mos mu­chas co­sas). Pe­ro muy cer­ca del Ce­re­bro de la Bes­tia es­tá es­te rec­tan­gu­lar ar­ma­tos­te ne­gro: mi vie­ja y que­ri­da PS2 de la que yo siem­pre guar­da­ré muy bue­nos re­cuer­dos, ya que ha es­ta­do di­rec­ta­men­te vin­cu­la­da a im­por­tan­tes mo­men­tos en mi vida, tan­to en lo pro­fe­sio­nal como tam­bién en lo per­so­nal.

Cuan­do yo em­pe­cé a tra­ba­jar en es­to, PS2 aún no exis­tía (soy un vie­jo, lo sé), aun­que ya es­ta­ba más que anun­cia­da y le que­da­ban po­cos me­ses pa­ra sa­lir. Re­cuer­do per­fec­ta­men­te mi primer con­tac­to con la con­so­la en la redacción de es­ta, vues­tra re­vis­ta, el primer jue­go que pro­bé ( Tek­ken Tag Tour­na­ment, que me fli­pó) y el primer jue­go que me de­ja­ron ana­li­zar pa­ra ella ( Top Gear Da­re De­vil, una bue­na “cas­ta­ña” por cier­to: le pu­se un bien me­re­ci­do “5” de no­ta).

Afor­tu­na­da­men­te, la co­sa pron­to fue me­jo­ran­do. Re­cuer­do con mu­cho ca­ri­ño mi primer aná­li­sis de un “jue­go im­por­tan­te” de PS2: fue el primer De­vil May Cry. No pue­do con­tar las ve­ces que sa­li­vé con el primer trái­ler de Me­tal Gear So­lid 2. Y nun­ca ol­vi­da­ré las sen­sa­cio­nes que tu­ve al ver por pri­me­ra vez, en las ofi­ci­nas de Proein (aho­ra Koch Me­dia) una ca­lu­ro­sa tar­de del ve­rano de 2001, GTA III en mo­vi­mien­to: es­tá­ba­mos an­te al­go gran­de, muy gran­de.

Aun­que os pa­rez­ca in­creí­ble, yo en aque­lla épo­ca to­da­vía no te­nía una PS2 en ca­sa. Sé que es­tá muy ex­ten­di­da la le­yen­da ur­ba­na de que a no­so­tros nos re­ga­lan las consolas, pe­ro yo os pue­do ga­ran­ti­zar que a mí nun­ca ja­más me han re­ga­la­do nin­gu­na. Yo me com­pré mi PS2 el 28 de sep­tiem­bre de 2001, jus­to el día que ba­jó de pre­cio a 50.000 pe­se­tas (unos 300 eu­ros). Gra­cias a ella ac­ce­dí tam­bién por pri­me­ra vez a las pe­lis en DVD en ca­sa. Y me sa­lió bue­na por­que con el “tute” que la he da­do, la mía aún fun­cio­na.

SIEM­PRE RE­COR­DA­RÉ CON CA­RI­ÑO MI VIE­JA PS2. Y NO SÓ­LO POR SU BRU­TAL CA­TÁ­LO­GO.

A par­tir de la ba­ja­da de pre­cio, la con­so­la em­pe­zó a cre­cer a lo bes­tia y yo, (pro­fe­sio­nal­men­te ha­blan­do) cre­cí con ella. Tu­ve la in­men­sa for­tu­na de ana­li­zar jue­gos his­tó­ri­cos como Me­tal Gear So­lid 3: Sna­ke Ea­ter, Sha­dow of the Co­los­sus o Dra­gon Quest: El Pe­ri­plo del Rey Mal­di­to. Y có­mo no, re­cuer­do con es­pe­cial ca­ri­ño esa “pa­li­za” que nos di­mos pa­ra ha­cer la guía de GTA San An­dreas gra­cias a la que con­se­gui­mos ven­der la frio­le­ra de 163.000 re­vis­tas (con­cre­ta­men­te, con el nú­me­ro 72). Por no ha­blar de aque­llas tar­des de Pro Evo­lu­tion Soc­cer... O lo que he dis­fru­ta­do con los Si­lent Hill, God of War, Ya­ku­za, mi adorado God Hand...

Sigh... los vie­jos bue­nos tiem­pos. A mí no me gus­ta de­cir aque­llo de que “cual­quier tiem­po pa­sa­do fue me­jor” (más que na­da por­que no tie­ne por qué ser así) pe­ro no pue­do evi­tar re­cor­dar es­ta épo­ca con mu­cho, con mu­chí­si­mo ca­ri­ño. Y más aho­ra que nos en­con­tra­mos en una eta­pa de in­com­pren­si­bles “va­cas fla­cas”, en­ca­de­nan­do de­cep­cio­nes y me­dia­nías en una con­so­la que ya ha ven­di­do la frio­le­ra de 20 mi­llo­nes de uni­da­des en me­nos de un año y me­dio a la ven­ta (que fue el tiem­po que ne­ce­si­tó PS2 pa­ra al­can­zar esa ci­fra).

No sa­be­mos lo que nos de­pa­ra­rá el fu­tu­ro, pe­ro pa­re­ce di­fí­cil que otra con­so­la su­pere las mareantes cifras de PS2, la con­so­la más ven­di­da de la his­to­ria (157,68 mi­llo­nes), la con­so­la con más jue­gos en ca­tá­lo­go de la his­to­ria (cer­ca de 11.000) y la con­so­la que más jue­gos ha ven­di­do de la his­to­ria (1.661,95 mi­llo­nes). Así que ce­le­bre­mos es­te aniver­sa­rio en­cen­dién­do­la una vez más y re­cor­dan­do al­gu­na de las

múl­ti­ples jo­yas de su ca­tá­lo­go.

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