ES­TAS CO­PAS NO BRIN­DAN

Los ár­bo­les de al­gu­nas es­pe­cies cre­cen evi­tan­do to­car a sus ve­ci­nos con la pun­ta de sus ra­mas y ho­jas.

Quo - - STARS NATURA -

Los bos­ques de eu­ca­lip­tos pre­sen­tan un cu­rio­so fe­nó­meno: por muy al­tos y fron­do­sos que crez­can, sus ár­bo­les de­tie­nen su ex­pan­sión en cuan­to per­ci­ben la pro­xi­mi­dad de la co­pa de otro ejem­plar, lo que da lu­gar a cla­ros en el do­sel ve­ge­tal. Cuan­do el bió­lo­go Max­well Ja­cobs es­tu­dió es­te com­por­ta­mien­to le otor­gó el poé­ti­co nom­bre de ‘ti­mi­dez de las co­pas’. Más tar­de, se ob­ser­vó en otras es­pe­cies, pe­ro nun­ca se ha es­ta­ble­ci­do la cau­sa.

Ja­cobs ar­gu­men­tó que es una for­ma de evi­tar que los tier­nos bro­tes se es­tro­peen al ro­zar las ra­mas cer­ca­nas. Sin em­bar­go, los es­tu­dios con otras es­pe­cies, co­mo el al­can­for, no pu­die­ron con­fir­mar­lo. Su hi­pó­te­sis com­pi­te con otros po­si­bles mo­ti­vos, co­mo im­pe­dir que las pla­gas se pro­pa­guen con fa­ci­li­dad o de­jar pa­sar la luz pa­ra que crez­can tam­bién las par­tes ba­jas de los ár­bo­les.

Las ranuras de se­pa­ra­ción sue­len

me­dir en­tre

y cen­tí­me­tros

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