MU­CHA VIS­TA, UN SA­CO DE PE­LÍ­CANO Y 112 DIEN­TES

Así era el ver­te­bra­do vo­la­dor más an­ti­guo, que vi­vió en un oa­sis

Quo - - STARS DINOS -

Los pte­ro­sau­rios no fue­ron dinosaurios, pe­ro sí los pri­me­ros ver­te­bra­dos ca­pa­ces de vo­lar ba­tien­do alas. Em­pe­za­ron por vi­vir en zo­nas cos­te­ras, al­can­za­ron su es­plen­dor en el Ju­rá­si­co y sus res­tos –por lo ge­ne­ral aplas­ta­dos– han apa­re­ci­do so­bre to­do en Eu­ro­pa y Áfri­ca. Por eso, el de la ilus­tra­ción su­pe­rior es to­da una ex­cep­ción.

Lo ha­lla­ron en 2015 en la pro­lí­fi­ca cantera de los San­tos y los Pe­ca­do­res, en Utah (EEUU), en un mag­ní­fi­co es­ta­do de con­ser­va­ción, por­que la ro­ca are­no­sa no ha­bía tri­tu­ra­do sus res­tos fó­si­les (crá­neo, man­dí­bu­las y de­do). Un equi­po de la Uni­ver­si­dad Brig­ham Young, tam­bién en Utah, ha pu­bli­ca­do aho­ra que vi­vió ha­ce 210 millones de años, en el Cre­tá­ci­co, en un oa­sis del an­ti­guo con­ti­nen­te Pan­gea. Eso con­vier­te al Cae­les­ti­ven­tus han­se­ni, co­mo lo han lla­ma­do, en el pte­ro­sau­rio más an­ti­guo co­no­ci­do y un pio­ne­ro que se en­tre­gó a la vi­da de­sér­ti­ca 65 millones de años an­tes que otras es­pe­cies de ese or­den.

De ca­be­za y ojos re­la­ti­va­men­te pe­que­ños, la ca­vi­dad que alo­ja­ba el ce­re­bro in­di­ca que tu­vo bue­na vis­ta y mal ol­fa­to. En su bo­ca se api­ña­ban unos 112 dien­tes, cua­tro de ellos col­mi­llos de 2,5 cm an­cla­dos en la man­dí­bu­la in­fe­rior. De ella de­bió de pen­der un col­ga­jo de piel si­mi­lar al sa­co gu­lar de los pe­lí­ca­nos, a pe­sar de que su ali­men­to no ha­brían si­do pe­ces, sino in­sec­tos y pe­que­ños rep­ti­les, que so­bre­vo­la­ba con alas es­tre­chas de 1,5 m de en­ver­ga­du­ra.

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