¿A qué ces­to alu­de la pa­la­bra ba­lon­ces­to?

Quo - - QUONSULTAS -

DAN­TE CO­RO­NA­DO, CO­RREO ELEC­TRÓ­NI­CO

Al que ha­bía ba­jo el aro cuan­do se acu­ñó el tér­mino. Por in­creí­ble que pa­rez­ca, las pri­me­ras ca­nas­tas que se hi­cie­ron lo eran en el sen­ti­do li­te­ral del pa­la­bra. Eran cestos que se em­plea­ban pa­ra re­co­ger fru­ta y que fue­ron re­con­ver­ti­dos pa­ra la prác­ti­ca del de­por­te. Cuan­do se in­ven­tó el ba­lon­ces­to en EEUU, en 1891, el jue­go so­lo te­nía tre­ce re­glas, y una de ellas es­ta­ble­cía cla­ra­men­te que los pun­tos so­lo su­birían al mar­ca­dor cuan­do la pe­lo­ta en­tra­ra en el ces­to y per­ma­ne­cie­ra en su in­te­rior. Pue­de que fue­ra pa­ra evi­tar los lanzamientos agre­si­vos de la pe­lo­ta, que en­ton­ces eran co­mo las de fút­bol. El jue­go se de­te­nía ca­da vez que sal­guien mar­ca­ba, pa­ra que una per­so­na pu­sie­ra una es­ca­le­ra y sa­ca­ra el balón del recipiente. Al ca­bo de un tiempo al­guien ca­yó en la cuen­ta de que se­ría más prác­ti­co ha­cer un agu­je­ro en la ba­se de la ces­ta, pe­ro no se pu­sie­ron las re­des has­ta 1906, año en que tam­bién se aña­dió un ta­ble­ro al aro.

El uso de una red, aun­que ce­rra­da, fue una mo­der­ni­dad en los días en los que los pan­ta­lo­nes de los ju­ga­do­res de ba­lon­ces­to aún no ha­bían ba­ja­do has­ta las ro­di­llas.

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