Si dos ge­me­las tie­nen hi­jos con dos ge­me­los, ¿qué pa­re­ci­do ge­né­ti­co ten­drán sus hi­jos?

Quo - - QUONSULTAS - RAÚL MAR­TÍN, CO­RREO ELEC­TRÓ­NI­CO

REl mis­mo que los her­ma­nos tie­nen en­tre sí... o ca­si. La pro­ce­den­cia de los ge­nes en el ge­no­ma de un ser hu­mano es cla­ra: la mi­tad de ellos vie­nen del pa­dre y la otra mi­tad de la ma­dre. Por tan­to, en teo­ría, las per­so­nas na­ci­das de es­tas in­fre­cuen­tes pa­re­jas de­be­rían ser tan pa­re­ci­das co­mo her­ma­nos: es co­mo si los hi­jos re­ci­bie­ran los ge­nes de las mis­ma fuen­tes, ya que los ge­no­mas de sus pa­dres son idén­ti­cos a los de sus tíos. Sin em­bar­go, exis­ten ma­ti­ces que im­pli­can que, en reali­dad, los ge­no­mas de los ge­me­los no sean tan pa­re­ci­dos. Si bien am­bos re­ci­ben el mis­mo pa­tri­mo­nio ge­né­ti­co en el úte­ro, la ma­ne­ra en la que los ge­nes se ex­pre­san en sus cuer­pos va­ría en fun­ción de fac­to­res am­bien­ta­les. Si una ma­dre ha man­te­ni­do há­bi­tos de vi­da sa­lu­da­bles y otra no, la ma­ne­ra en la que al­gu­nos de sus ge­nes se encienden o apa­gan pue­de ser dis­tin­ta, y esa di­fe­ren­cia pue­de in­fluir en la trans­mi­sión de la in­for­ma­ción ge­né­ti­ca: los ge­nes pue­den ser los mis­mos pe­ro ex­pre­sar­se de ma­ne­ras di­fe­ren­tes, y eso aca­ba­rá no­tán­do­se en sus pro­ge­nies.

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