ASÍ FUE SU VI­DA

Rumore - - Crónica Negra -

Qui­zá por la li­ber­tad que vi­vió en Holly­wood, don­de se tras­la­dó con su her­ma­na, o qui­zá por­que era una mu­jer que pa­sa­ba de crí­ti­cas, lo cier­to es que Con­chi­ta Mon­te­ne­gro fue una mu­jer ade­lan­ta­da a su épo­ca.

1. Des­gra­cia­da­men­te pa­ra ella, se­gún re­la­ta Ja­vier Mo­ro en su no­ve­la, al­gu­nos pa­pe­les que le da­ban en Holly­wood pa­sa­ban por per­so­na­jes es­te­reo­ti­pa­dos: mu­je­res ves­ti­das de fla­men­ca que se li­mi­ta­ban a bai­lar y de­cir cua­tro fra­ses. 2. Se­gún cuen­ta tam­bién Mo­ro en Mi pe­ca­do, Con­chi­ta era muy in­tré­pi­da y es­tu­vo dan­do cla­ses de avio­ne­ta en Ca­li­for­nia. Ade­más, ha­bla­ba per­fec­ta­men­te in­glés. 3. Dos de sus úl­ti­mas pe­lí­cu­las en Es­pa­ña fue­ron Ído­los (1943) y Lo­la Mon­tes (1944). Lue­go, se re­ti­ró con 33 años. En Holly­wood hi­zo más de 30 pe­lí­cu­las, en­tre ellas, Ase­gu­re a su mu­jer (con guion de En­ri­que Jar­diel Pon­ce­la) y ¡De fren­te, mar­chen! Su vin­cu­la­ción con Ed­gar Ne­vi­lle y con el so­brino de Louis B. Ma­yer, Jack Cum­mings, le pro­pi­ció mu­chos tra­ba­jos. Con­chi­ta mu­rió en Ma­drid en 2007 a los 95 años y do­nó su cuer­po a la cien­cia.

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