UNA ES­CUE­LA DE RUN­NING

LA EX­PE­RIEN­CIA DE UN CO­RRE­DOR PO­PU­LAR EN EL GRU­PO DE EN­TRE­NA­MIEN­TO QUE DI­RI­GE EL ATLE­TA OLÍM­PI­CO VÍC­TOR GAR­CÍA

Runner's World (Spain) - - Mundo Runner Tribuna Abierta - POR JOAQUÍN CELMA

YO SOY UNO DE TAN­TOS co­rre­do­res so­li­ta­rios que un día co­gió unas za­pa­ti­llas y se pu­so a co­rrer. Em­pe­cé con dis­tan­cias cor­tas, co­mo todos, pe­ro un día te apun­tas a una ca­rre­ra y te vas ani­man­do… Lue­go la me­dia ma­ra­tón y, sin dar­te cuen­ta, ha­ces los 42 km. Des­pués lle­gan las le­sio­nes, vas al mé­di­co y te di­ce: “¿Qué quie­re que le di­ga? ¿Que no pue­de co­rrer? Us­ted ha­rá lo con­tra­rio… Ten­go un hi­jo que prac­ti­ca es­te de­por­te y sé lo que es un run­ner.”

Es­te de­por­te en­gan­cha. Son las en­dor­fi­nas, es la sen­sa­ción de lle­gar ca­sa can­sa­do y ser el más fe­liz de la Tie­rra. Ca­da uno ten­drá su pro­pia ex­pe­rien­cia, pe­ro todos los run­ners tie­nen una co­sa en co­mún: so­mos gen­te muy es­pe­cial, muy lla­na, sa­be­mos aguan­tar el su­fri­mien­to y, en­ci­ma, dis­fru­tar.

Es cu­rio­so. Pa­ra apren­der cual­quier pro­fe­sión, ge­ne­ral­men­te, va­mos a una es­cue­la o aca­de­mia. Pe­ro, ¿por qué los co­rre­do­res an­tes de em­pe­zar a co­rrer no acu­di­mos a unos pro­fe­sio­na­les que nos guíen y en­se­ñen? No, so­mos de otra es­pe­cie; za­pa­ti­llas, ves­ti­men­ta y... a co­rrer. Pre­pa­ra­mos una ma­ra­tón a lo bes­tia y lue­go lle­gan las le­sio­nes. ¿Cuán­tos co­rre­do­res es­ti­ran al fi­nal des­pués de un en­tre­na­mien­to? Po­cos, y es más im­por­tan­te de lo que se cree. Es­to lo pue­des leer en cual­quier li­bro o revista co­mo Run­ner’s World, que ca­da mes te da con­se­jos (aun­que, en reali­dad, no los si­ga­mos). Di­cen que el 90 % de las per­so­nas no sa­be­mos pi­sar bien pa­ra co­rrer. ¿Y có­mo se co­rri­ge? ¿Con un li­bro? No, con la prác­ti­ca. Y pa­ra es­to ne­ce­si­tas un pro­fe­sio­nal.

Hay gen­te que todos los días corre 10-15 km. ¿Es­to es sano? Sí y no, pe­ro a la larga es per­ju­di­cial. ¿Qué te di­ría un en­tre­na­dor? Pues que hay que co­rrer po­cos ki­ló­me­tros, pe­ro de ca­li­dad. En los años se­ten­ta el que co­rría era un lo­co. Hoy co­rrer es nor­mal, es el nuevo boom y aho­ra, len­ta­men­te, es­tá na­cien­do un nuevo fe­nó­meno: las es­cue­las de run­ning. Mi ex­pe­rien­cia per­so­nal es de so­bre­sa­lien­te, qué pena no ha­ber co­no­ci­do an­tes a Víc­tor Gar­cía, el di­rec­tor de mi es­cue­la de en­tre­na­mien­to: VG Run­ning.

En­treno dos ve­ces por se­ma­na, una ho­ra y me­dia in­ten­sa ca­da vez; una ca­rre­ra pa­ra ca­len­tar de 25 mi­nu­tos, es­ti­ra­mien­tos, téc­ni­ca, co­re y, en la par­te fi­nal, lo más di­ver­ti­do y du­ro, las se­ries (ca­da vez dis­tin­tas, en tres me­ses no se re­pi­ten las mis­mas). ¿Qué me ha apor­ta­do es­tar en un gru­po? Mi­les de co­sas, pa­ra es­cri­bir un li­bro. Lo pri­me­ro, dis­ci­pli­na. Sa­bes que es­te día no co­rre­rás so­lo, es­ta­rás con más gen­te y los 90 mi­nu­tos se pa­san en un san­tia­mén. Si es­to mis­mo lo ha­ces so­lo, a los 45 mi­nu­tos ya tie­nes ga­nas de ir­te a ca­sa. He apren­di­do más en un año que en los vein­te que lle­vo co­rrien­do, por­que al la­do ten­go un pro­fe­sio­nal (en mi ca­so un atle­ta olím­pi­co y me­da­llis­ta de bron­ce Eu­ro­peo en 3.000 me­tros obs­tácu­los) que me guía, me co­rri­ge, me ayu­da y en los ma­los mo­men­tos de las le­sio­nes, no me aban­do­na; es­toy en el gru­po o ha­cien­do otros ejer­ci­cios.

La ma­yo­ría de co­rre­do­res no ha­cen se­ries y aun­que uno las ha­ga so­lo, no es lo mis­mo. Lo ideal es prac­ti­car­las en gru­po, aun­que seas el úl­ti­mo. Ves a los que te su­pe­ran, te sir­ven de re­fe­ren­cia y, si son cor­tas, en el mi­nu­to de des­can­so com­par­tes el do­lor con el res­to de com­pa­ñe­ros. Si de­bes ha­cer 15 se­ries de 50 m des­can­san­do 30 se­gun­dos en­tre­me­dias, pen­sa­rás que es de­ma­sia­do abu­rri­do. Pe­ro si las rea­li­zas acom­pa­ña­do, en la se­rie nú­me­ro diez no po­drás ni ha­blar du­ran­te las pau­sas y ve­rás a tus com­pa­ñe­ros mi­ran­do al cie­lo o al in­fierno con los ojos en el sue­lo. ¡Qué bo­ni­to es com­par­tir el éx­ta­sis y el su­fri­mien­to al mis­mo tiem­po!

Co­rrer jun­tos en una es­cue­la me apor­tó co­no­cer gen­te nue­va, ha­cer ami­gos, ir con ellos a com­pe­ti­cio­nes, com­par­tir men­sa­jes por What­sApp, dar la mano al ter­mi­nar una se­rie, ha­blar con ellos cin­co mi­nu­tos an­tes de em­pe­zar, po­ner en co­mún ex­pe­rien­cias mien­tras es­ti­ras, con­tar chis­tes mien­tras ha­ces ab­do­mi­na­les, ter­tu­lia pa­ra ter­mi­nar y abra­zos fi­na­les co­mo des­pe­di­da has­ta el si­guien­te en­treno. Son tan­tas co­sas en una ho­ra y me­dia... En la vi­da co­ti­dia­na a ve­ces no da tiem­po a ex­pe­ri­men­tar­las. Al fi­nal ha­ces ami­gos, otra ven­ta­ja de es­tar en una es­cue­la de run­ning. Ade­más de la asis­ten­cia pre­sen­cial, ca­da se­ma­na me en­vían el plan de en­tre­na­mien­to. Y si un día co­rro por li­bre, me di­cen cuán­tos ki­ló­me­tros de­bo ha­cer.

Mi con­se­jo es que os apun­téis a una es­cue­la o gru­po de en­tre­na­mien­to. Pri­me­ro, pa­ra apren­der. Se­gun­do, pa­ra ex­pe­ri­men­tar. Co­rrer con más gen­te es to­tal­men­te dis­tin­to, más di­ver­ti­do. Ca­da día apren­do co­sas nue­vas, no es pro­ba­ble que me qued es­tan­ca­do, crez­co ca­da mes co­mo de­por­tis­ta, co­mo per­so­na. Y me mar­co nue­vos re­tos. Si an­tes era adic­to a co­rrer, aho­ra soy adic­to a co­rrer y no fal­tar los mar­tes y los jue­ves al gru­po al que per­te­nez­co.

JOAQUIN CELMA es co­rre­dor de la es­cue­la

VG Run­ning de Ma­drid

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