“El co­mer­cio de es­pe­cias si­gue hoy en el an­ti­guo zo­co; el fas­ci­nan­te rit­mo gnaoua que se oye por to­da la me­di­na fue crea­do por los des­cen­dien­tes de los es­cla­vos afri­ca­nos” Sa­rah Gil­bert

Bri­sas ma­ri­nas, zo­cos in­creí­bles, are­na, el aro­ma a pes­ca­do fres­co a la bra­sa. Exis­ten nu­me­ro­sas ra­zo­nes pa­ra vi­si­tar Esaui­ra, nos di­ce

Rutas del Mundo - - SUMARIO - Sa­rah Gil­be

Esaui­ra, un puer­to de la cos­ta atlán­ti­ca en­tre Aga­dir y Ca­sa­blan­ca, 160km al oes­te de Ma­rra­kech, es la ciu­dad más tran­qui­la de Ma­rrue­cos. Su mez­cla de cul­tu­ra ára­be, be­re­ber, ju­día, afri­ca­na y eu­ro­pea atrae ca­da vez a más vi­si­tan­tes.

Es famosa por su me­di­na amu­ra­lla­da del s. XVIII, pa­tri­mo­nio de la UNES­CO, sus ca­sas blan­cas de ven­ta­nas azu­les, sus ta­lle­res que tra­ba­jan la ma­de­ra de tu­ya y sus ga­le­rías de ar­te, su puer­to de pos­tal y sus enor­mes pla­yas do­ra­das. Tam­bién por las om­ni­pre­sen­tes rá­fa­gas de viento, co­no­ci­do lo­cal­men­te como ali­zé (viento ali­sio), que crean las olas per­fec­tas pa­ra prac­ti­car el surf y el ki­te­surf.

La ciu­dad es­tá acos­tum­bra­da a los vi­si­tan­tes. Los fe­ni­cios es­ta­ble­cie­ron un asen­ta­mien­to aquí en el s. VII a.C. y los ro­ma­nos uti­li­za­ban el tin­te púr­pu­ra ex­traí­do de los mo­lus­cos de la bahía pa­ra sus to­gas im­pe­ria­les. Los por­tu­gue­ses – que la co­no­cían como Mo­ga­dor- usa­ron Esaui­ra como ba­se pa­ra el co­mer­cio de oro, es­pe­cias y pro­te­ger­la de los bu­ca­ne­ros. El co­mer­cio de es­pe­cias si­gue hoy en el an­ti­guo zo­co; el fas­ci­nan­te rit­mo gnaoua que se oye por to­da la me­di­na fue crea­do por los des­cen­dien­tes de los es­cla­vos afri­ca­nos.

En el s. XIX, Esaui­ra era el úni­co puer­to de Ma­rrue­cos al sur de Tán­ger abier­to al co­mer­cio con Eu­ro­pa, lo que atraía a los mer­ca­de­res bri­tá­ni­cos y ju­díos. La ciu­dad per­dió im­por­tan­cia du­ran­te los años de pro­tec­to­ra­do fran­cés, cuan­do el puer­to se tras­la­dó a Ca­sa­blan­ca, y tras la in­de­pen­den­cia en 1956, con el éxo­do de la co­mu­ni­dad ju­días.

Aún así, Esaui­ra atraía a los vi­si­tan­tes fa­mo­sos. de su Ote­lo en las mu­ra­llas. Cat Ste­vens y Frank Zappa to­ca­ron sus gui­ta­rras en torno a una ho­gue­ra en la pla­ya y los lu­ga­re­ños es­tán con­ven­ci­dos de que “Castles Ma­de of Sand” de Ji­mi Hen­drix se ins­pi­ró en las rui­nas de la to­rre de Borj El-Be­rod – aun­que es­cri­bie­ra la can­ción an­tes de su vi­si­ta.

Exis­te una es­ce­na ar­tís­ti­ca en au­ge y las obras co­lo­ri­das de la es­cue­la lo­cal de pin­tu­ra naif son fa­mo­sas en el mun­do en­te­ro. La mú­si­ca ga­na pro­ta­go­nis­mo a tra­vés de sus fes­ti­va­les: la clá­si­ca en Les Ali­zés (abril); la gi­ta­na y el Antlán­ti­cas (oc­tu­bre); la exu­be­ran­te gnaua en su pro­pio fes­ti­val (ma­yo), du­ran­te los cua­les se ofre­cen mu­chos con­cier­tos gra­tui­tos.

De he­cho, mu­chos de los en­can­tos de la con­tem­pla el océano o pa­sea por el puer­to pa­ra ver a los cons­truc­to­res de bar­cas y a los pes­ca­do­res en ac­ción. Ha si­do un puer­to ac­ti­vo du­ran­te mu­cho más tiem­po de lo que ha si­do un cen­tro pa­ra ar­tis­tas y sur­fe­ros, y a los zo­cos acu­den tu­ris­tas y lu­ga­re­ños por igual. Es de­ma­sia­do ven­to­le­ra pa­ra con­ver­tir­se en Aga­dir y po­dría ser el Saint Tro­pez de Ma­rrue­cos, pe­ro por aho­ra, es sim­ple­men­te Esaui­ra.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.