5 mi­nu­tos con... Der­vla Murphy

La au­to­ra nos ha­bla de Israel y Pa­les­ti­na

Rutas del Mundo - - SUMARIO -

¿El via­je a Israel y Pa­les­ti­na era al­go que pla­nea­bas des­de ha­cía tiem­po?

La ver­dad, no. Pe­ro de re­pen­te me di cuen­ta de que el pro­ble­ma pa­les­tino es al­go en lo que ha­bía evi­ta­do pen­sar. Tras la vi­si­ta, me di cuen­ta de que era mu­cho peor de lo que ha­bía ima­gi­na­do y mu­cho más com­pli­ca­do. Me pa­re­ció que la úni­ca for­ma de en­ten­der­lo era ir a vi­vir en un cam­po de re­fu­gia­dos, y Ba­la­ta es el cam­po más gran­de de Cis­jor­da­nia. Sin em­bar­go, cuan­to más in­da­gas más com­pli­ca­do se vuel­ve. Pa­sar más tiem­po allá no re­suel­ve nin­gu­na de esas com­pli­ca­cio­nes. Só­lo te en­se­ña có­mo es­tán re­la­cio­na­das.

En el li­bro men­cio­nas Ir­lan­da del Nor­te va­rias ve­ces. ¿Ves al­gún pa­ra­le­lis­mo?

Sí, pe­ro no creo que de­ba­mos es­ta­ble­cer de­ma­sia­dos pa­ra­le­lis­mos. Su­pon­go que am­bos ca­sos tie­nen en co­mún la in­jus­ti­cia, pe­ro Ir­lan­da del Nor­te no pue­de com­pa­rar­se con lo que es­tán su­frien­do los pa­les­ti­nos.

Ima­gi­na que tras el aten­ta­do de Hy­de Park el ejér­ci­to hu­bie­ra bom­bar­dea­do me­dia ciu­dad de Derry y echa­do a to­dos los na­cio­na­lis­tas de su ca­sa. Ima­gi­na qué ho­rror si los bri­tá­ni­cos hu­bie­ran en­via­do a las fuer­zas aé­reas a ven­gar­se de la gen­te co­rrien­te por las atro­ci­da­des co­me­ti­das por el IRA en Gran Bre­ta­ña. Es la me­jor for­ma de ilus­trar la gran di­fe­ren­cia en­tre am­bas si­tua­cio­nes.

En el li­bro co­men­tas que, como vi­si­tan­te, uno no pue­de ser neu­tral

No de­be­ría ser­lo. Y esa es la cues­tión. Cuan­do es­ta­ba es­cri­bien­do so­bre Su­dá­fri­ca evi­den­te­men­te re­sul­ta­ba muy di­fí­cil sim­pa­ti­zar con el ré­gi­men de Apart­heid, pe­ro aún así fui ca­paz de ser más ob­je­ti­va que con el pro­ble­ma pa­les­tino. Y lo mis­mo en Ir­lan­da del Nor­te: era mu­cho más fá­cil man­te­ner­se neu­tral en Ir­lan­da del Nor­te.

¿Crees que los tu­ris­tas de­be­rían vi­si­tar la re­gión?

De­fi­ni­ti­va­men­te. Cuan­tos más me­jor. Creo que a los pa­les­ti­nos les ayu­da mu­cho que los tu­ris­tas va­yan y se alo­jen con ellos, no en ho­te­les de tu­ris­tas. Exis­ten una se­rie de alo­ja­mien­tos fa­mi­lia­res y des­de que yo es­tu­ve allí en 2009-2010 es­tos es­ta­ble­ci­mien­tos se han mul­ti­pli­ca­do así que pue­des alo­jar­te con una fa­mi­lia pa­les­ti­na y ha­blar con ellos – y más que ha­blar, es­cu­char­les.

No es un li­bro de via­jes con­ven­cio­nal

No. No lo con­si­de­ro un li­bro de via­jes pa­ra na­da.

¿Co­no­cis­te a otros via­je­ros mien­tras estuviste allí?

No. Ha­bía mu­chos tra­ba­ja­do­res ex­tran­je­ros de ONG en Cis­jor­da­nia, pe­ro ¿via­je­ros? No. Nor­mal­men­te no me gus­ta co­no­cer a otros via­je­ros pe­ro en es­te ca­so hu­bie­ra desea­do que hu­bie­ran mu­chos más, y es­pe­ro que el nú­me­ro ha­ya au­men­ta­do des­de en­ton­ces.

Estuviste en Israel y Pa­les­ti­na en 2009-2010. ¿Por qué has tar­da­do tan­to en es­cri­bir el li­bro?

Fui a Ga­za en 2011 y que­ría que esa aven­tu­ra apa­re­cie­ra en los úl­ti­mos ca­pí­tu­los del li­bro, pe­ro cuan­do re­gre­sé, Ga­za se con­vir­tió en su pro­pio li­bro apar­te. Lue­go, las ope­ra­cio­nes de ca­de­ra y hom­bro re­tra­sa­ron mi ca­len­da­rio.

Exis­ten mu­chos li­bros muy bien do­cu­men­ta­dos so­bre la re­gión. ¿Qué crees que apor­ta tu li­bro de im­por­tan­te?

No crea que na­da es­pe­cial­men­te im­por­tan­te. Creo que el li­bro de Ga­za de­mos­tró que, aun­que no lo con­si­de­ro un li­bro de via­je, sien­do yo la au­to­ra la ma­yo­ría de la gen­te lo con­si­de­ra un li­bro de via­jes y por eso se lo van a leer, y en­ton­ces van des­cu­brir mu­chas co­sas que no sa­bían. Es la úni­ca jus­ti­fi­ca­ción pa­ra pu­bli­car­lo.

Fuis­te una ins­pi­ra­ción pa­ra to­da un ge­ne­ra­ción de via­je­ros, yo in­clui­da. Has men­cio­na­do las ope­ra­cio­nes de ca­de­ra y hom­bro, pe­ro cuan­do es­cri­bes si­gues pa­re­cien­do la mis­ma Der­vla de siem­pre. ¿Eres la mis­ma via­je­ra?

Oh, no. Se­ría im­po­si­ble a mis 83 años. Se­ría la mis­ma ob­ser­va­do­ra pe­ro no la mis­ma via­je­ra. No po­dría ha­cer las ca­mi­na­tas y las ex­cur­sio­nes en bi­ci que me gus­ta­ban. Ya soy de­ma­sia­do vie­ja.

¿Tus nie­tos han he­re­da­do el gen via­je­ro?

Es di­fí­cil de de­cir. Creo que sí, has­ta cier­to pun­to, pe­ro ja­más po­drán via­jar de la for­ma en que yo lo hi­ce ha­ce 40 años, por­que el mun­do ha cam­bia­do de­ma­sia­do. Ha­bía tan­tos lu­ga­res en los que po­días apar­tar­te de la ca­rre­te­ra y dis­fru­tar de zo­nas re­mo­tas y hermosas. Pe­ro aho­ra las ca­rre­te­ras lle­gan has­ta ca­si to­dos los rin­co­nes y el en­can­to des­apa­re­ce.

‘Ja­más po­drán via­jar de la for­ma en que yo lo hi­ce ha­ce 40 años; el mun­do ha cam­bia­do de­ma­sia­do’

Su­pon­go que cuan­do eres jo­ven no apre­cias las co­sas que se han per­di­do. Creo que tie­nes la mis­ma sen­sa­ción de des­cu­bri­mien­to.

La ge­ne­ra­ción más jo­ven de pa­dres, la gen­te en sus 30 y 40, son de­ma­sia­do pro­tec­to­res. El pa­sa­do ve­rano, Clo­dagh, mi nie­ta, que te­nía 16 años, de­ci­dió que que­ría ir a Bar­ce­lo­na y vi­si­tar los al­re­de­do­res por su cuen­ta. Que­ría ir so­la y se fue y to­dos creía­mos que era una gran idea, pe­ro la ma­yo­ría de los ve­ci­nos es­ta­ban ho­rro­ri­za­dos. “¡Só­lo tie­ne 16 años!”. A ver, ¡por el amor de Dios!

Pro­ba­ble­men­te la reac­ción hu­bie­ra si­do la mis­ma ha­ce años

No creo que reac­cio­na­ran igual cuan­do yo me iba.

Men­cio­nas a via­je­ros que se sien­tan en los al­ber­gues con su iPad y su mó­vil en vez de ha­blar en­tre ellos

Creo que eso es pa­té­ti­co. Si tan­to desean co­mu­ni­car­se con la fa­mi­lia y ami­gos que se que­den en ca­sa. Es ab­sur­do.

¿Man­tie­nes con­tac­to con tu fa­mi­lia?

Pa­ra na­da.

¿Y có­mo es la vida en ca­sa?

La vida en ca­sa es­tá bien, pe­ro tras cier­to tiem­po, aun­que no pue­da via­jar como lo ha­cía an­tes, ne­ce­si­to via­jar. Ten­go que ir a otro la­do.

Bet­ween Ri­ver and Sea, En­coun­ters in Israel and Pa­les­ti­ne (Ed. Eland) ha sa­li­do pu­bli­ca­do re­cien­te­men­te.

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