MASH

TT 40 Ca­fé Racer

Scooting - - Sumario - N. Or­te­ga / Fo­tos Javier Or­te­ga

La Mash TT 40 es una ca­fé racer muy es­pe­cial. Sus lí­neas, su for­ma de ser, sus de­ta­lles… has­ta la for­ma en que se ha cons­trui­do tie­ne mucho que ver con aque­llas mo­tos con las que se echa­ban ca­rre­ras en los al­re­de­do­res del Ace Ca­fé de Lon­dres en los años 60.

El gus­to con el que se han di­bu­ja­do sus lí­neas no pue­de ser más re­tro y fiel al pa­sa­do. Los co­lo­res, los cro­ma­dos, la for­ma del de­pó­si­to, los se­mi­ma­ni­lla­res, fa­ro y pi­lo­to, to­do es­tá per­fec­ta­men­te in­te­gra­do en una es­cul­tu­ra ro­dan­te que imi­ta per­fec­ta­men­te aquel es­ti­lo. Has­ta el pun­to (y no es una exa­ge­ra­ción) que uno de los días que la lle­vé por Ma­drid, una per­so­na me pre­gun­tó: “¿de qué año es? Y te pue­do ase­gu­rar que alu­ci­nó cuan­do le di­je que era un mo­de­lo 2017. Y otra pa­re­ja que pa­sea­ba cuan­do es­ta­ba la mo­to apar­ca­da se en­tre­tu­vo ha­cien­do fo­tos a “esa mo­to an­ti­gua tan bo­ni­ta”.

Mash ya es una mar­ca su­fi­cien­te­men­te co­no­ci­da co­mo pa­ra des­cu­brir su lo­go­ti­po en el de­pó­si­to y dar­te cuen­ta de que no es una mo­to an­ti­gua. De­ta­lles co­mo las pi­ñas, per­fec­ta­men­te mo­der­nas, los cap­ta­do­res y rue­das fó­ni­cas del ABS, el pi­lo­to tra­se­ro de LED o la pan­ta­lla di­gi­tal del cua­dro son pis­tas que te afir­man que es­tás an­te una muy bue­na imi­ta­ción de aquel es­ti­lo, pe­ro so­bre la ba­se de una mo­to mo­der­na y ac­tual. Lo cual es de agra­de­cer, por­que es un mo­de­lo pa­ra ob­ser­var­lo y dis­fru­tar, pe­ro también tie­ne que ser­vir bien en el día a día. En lo pri­me­ro es ca­si tan bue­na co­mo una mo­to clá­si­ca real. En lo se­gun­do, es mucho me­jor.

La mar­ca fran­ce­sa Mash, una em­pre­sa to­da­vía muy jo­ven que co­men­zó en es­te ne­go­cio en 2011, sa­be ha­cer las co­sas muy bien. Ellos di­se­ñan sus pro­duc­tos y fa­bri­can, en fun­ción de los cha­sis y me­cá­ni­cas dis­po­ni­bles, en las fá­bri­cas asiá­ti­cas con las que tra­ba­jan. Y con un gus­to ex­qui­si­to, des­de Fran­cia, de­ci­den las

Una per­so­na me pre­gun­tó: “¿De qué año es?”. Alu­ci­nó cuan­do le res­pon­dí que es una mo­to de 2017

lí­neas fi­na­les de la mo­to, así co­mo los com­po­nen­tes que van a ro­dear ese cha­sis y me­cá­ni­ca. Es de­cir, al­go pa­re­ci­do al pro­ce­der de aque­llos pi­lo­tos-me­cá­ni­cos de las pro­xi­mi­da­des del Ace Ca­fé lon­di­nen­se: so­bre una ba­se me­cá­ni­ca ha­bía que ha­cer una mo­to de­por­ti­va y efi­caz. No obs­tan­te, ahora se tra­ta de ha­cer una mo­to bo­ni­ta y lla­ma­ti­va, más que una de­por­ti­va ca­paz de ga­nar pi­ques de ca­rre­te­ra. Pe­ro sí que coin­ci­den en otra co­sa: la TT 40 tie­ne que ser una ca­fé racer lo más pura po­si­ble, aun­que ten­gas que guar­dar­te el can­da­do y la do­cu­men­ta­ción en el bol­si­llo o no sea la mo­to más có­mo­da en la que te has subido. ¿Quie­res ca­fé? Pues pu­ro y du­ro. So­lo y sin azú­car. El cha­sis es de tu­bo de ace­ro, un mo­no­cu­na des­do­bla­do por aba­jo. Va pin­ta­do en ne­gro, co­mo co­rres­pon­de a su es­té­ti­ca re­tro. El pro­pul­sor de 400 cc es de ori- gen Shi­ne­ray, una de las em­pre­sas chi­nas más im­por­tan­tes del sec­tor. Es un de­ri­va­do ac­tua­li­za­do del que se fa­bri­có en es­te país ba­jo li­cen­cia Hon­da ha­ce unos años y es muy si­mi­lar al de la XR 400 de en­du­ro que co­no­ci­mos aquí. Ahora aña­de in­yec­ción elec­tró­ni­ca y se han mon­ta­do dos es­ca­pes, más por mo­ti­vos es­té­ti­cos que fun­cio­na­les. En­tre­ga unos dis­cre­tos 27,6 CV a 7.000 rpm, es agra­da­ble de lle­var y tie­ne buen par, ca­si 30 Nm a 5.500 rpm. En la par­te ci­clo se ha cam­bia­do la hor­qui­lla con res­pec­to a su her­ma­na Fi­ve Hun­dred de la que de­ri­va. En aqué­lla es de 35 mm de diá­me­tro y en la TT 40 se em­plea una de 41 mm. Al­go si­mi­lar ocu­rre con los fre­nos, un dis­co de­lan­te­ro de 320 mm y un tra­se­ro de 240 mm en la TT por un dis­co de 280 mm y tam­bor tra­se­ro en la Fi­ve Hun­dred.

El ABS es des­co­nec­ta­ble y es­tá fir­ma­do por la ale­ma­na Bosch

El apar­ta­do en el que la Mash re­sul­ta­ría ga­na­do­ra ab­so­lu­ta no tie­ne va­lo­ra­ción en es­te recuadro, pe­ro hay que men­cio­nar­lo pa­ra ha­cer jus­ti­cia: la TT40 es una de las mo­tos más bo­ni­tas y lla­ma­ti­vas del mer­ca­do. Su me­jor pun­tua­ción la lo­gra­ría en es­te as­pec­to. Bas­ta apar­car­la en la ca­lle y ob­ser­var có­mo la gen­te se de­tie­ne a con­tem­plar­la. Pe­ro es­to no quie­re de­cir que la mo­to no sea útil en mar­cha. Lo ha­ce to­do con co­rrec­ción, lle­ván­do­te y tra­yén­do­te don­de tú quie­ras, tan­to en ca­rre­te­ra co­mo au­to­vía o ciu­dad. Una po­si­ción de con­duc­ción al­go sa­cri­fi­ca­da, el uso de rue­das de 18”, con sus­pen­sio­nes al­go blan­das en un tren y du­ras en el otro, con­di­cio­na su for­ma de ro­dar en ciu­dad y en ca­rre­te­ra. En au­to­vía es ca­paz de via­jar sin pro­ble­mas a la ve­lo­ci­dad le­gal, pe­ro esa po­si­ción de con­duc­ción no es la más ade­cua­da pa­ra re­co­rrer lar­gos tra­yec­tos de au­to­vía. En equi­pa­mien­to es co­rrec­ta, pe­ro tam­po­co tie­ne gran­des de­ta­lles que per­mi­tan va­lo­rar­la por en­ci­ma de la me­dia.

En su par­te más uti­li­ta­ria hay que des­ta­car el ABS. Es obli­ga­to­rio con la Eu­ro 4, y no es fá­cil es­con­der al­gu­nos de los com­po­nen­tes que es­te sis­te­ma re­quie­re en una mo­to co­mo la TT 40. De he­cho, las rue­das fó­ni­cas, esa es­pe­cie de rue­das den­ta­das en los fre­nos, se que­dan a la vis­ta, y son las que le in­for­man a los cap­ta- do­res del ABS la ve­lo­ci­dad de gi­ro de las rue­das. El equi­po de elec­tro­vál­vu­las, los que re­gu­lan la fre­na­da cuan­do ac­túa el ABS, pue­des ver­lo en la par­te tra­se­ra del es­pa­cio del mo­tor, por el la­do de­re­cho de la mo­to. Pe­ro no des­en­to­na de­ma­sia­do. Lo que im­por­ta es que fun­cio­na. Y lo ha­ce bien. No en vano, es­tá fir­ma­do por Bosch.

CON PA­SA­JE­RO

El pa­sa­je­ro tie­ne su si­tio en­tre tú y el co­lín. El es­pa­cio es su­fi­cien­te, no hay ne­ce­si­dad de más aga­rre que el pro­pio pi­lo­to o el apo­yo en el de­pó­si­to, pues­to que el pro­pio co­lín im­pi­de que se des­li­ce ha­cia atrás. Los re­po­sa­piés son có­mo­dos, pe­ro es fá­cil que aca­be tocando los es­ca­pes con los za­pa­tos. Por con­cep­to, es una mo­to pa­ra dis­fru­tar so­lo.

EL RE­TRO­VI­SOR en los ex­tre­mos del ma­ni­llar o LOS ES­CA­PES con si­len­cia­do­res de­por­ti­vos son de­ta­lles de al­tu­ra en es­ta es­pe­cial Mash. EL TA­BLE­RO también es de­por­ti­vo, con es­fe­ras de fon­do blan­co.

EL SEMIMANILLAR obli­ga a una pos­tu­ra de con­duc­ción de­por­ti­va en cla­ve Vin­ta­ge. LOS NEU­MÁ­TI­COS los fir­ma Ken­da, la in­yec­ción Delp­hi y Bosch el ABS.

EL MO­TOR mo­no­ci­lín­dri­co dis­po­ne de cu­la­ta de cua­tro vál­vu­las. Ca­da una de es­ca­pe dis­po­ne de su pro­pio co­lec­tor de sa­li­da.

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