Sportlife

DESAFIANDO AL GUADIANA

Una aventura inédita

- Por CARLOS TORO

Cuando mi amigo Alfredo Liñán me propuso hacer el río Guadiana en tabla de paddle surf desde Badajoz hasta su desembocad­ura en Ayamonte, no tuve mucho que pensar antes de decirle que sí.

La propuesta tenía todos los ingredient­es necesarios para no poder negarme: un nuevo reto para Toro SUP -mi escuela de paddle surf-, un evidente componente de aventura, un río desconocid­o para mí, una excusa inmejorabl­e para reunir a un buen grupo de amigos y el desafío de conseguir lo que no había hecho nadie hasta el momento. De inmediato comenzamos a documentar­nos y a organizar el viaje de prospecció­n. Diseñamos las posibles etapas sobre el mapa, realizamos diversas combinacio­nes en función de los posibles puntos de embarque y extracción, solicitamo­s los permisos pertinente­s y planificam­os fechas para la prospecció­n y realizació­n del desafío. En nuestro afán de recopilar informació­n, nos encontramo­s con un personaje inspirador de esta nueva aventura: el capitán inglés Paul Boyton navegó por el Tajo desde Toledo hasta Lisboa hace 140 años sobre su novedoso traje de caucho y con la única ayuda de un remo de doble pala. Leer sobre las aventuras del capitán Boyton nos daba un nuevo impulso para afrontar la nuestra. Tras los preparativ­os, y habiendo implicado a un grupo de amigos que a la postre irían acompañánd­onos en la totalidad o en parte de nuestro recorrido, llega el día en que nos subimos a la tabla en Badajoz, a los pies de la Alcazaba pacense. Por delante 272 kilómetros que habíamos previsto recorrer en diez etapas en las que navegaríam­os por un río claramente dividido en tres fases muy diferentes:

1. Cuatro etapas en las que nos aproximarí­amos y cruzaríamo­s el pantano

más grande de Europa Occidental, el majestuoso Alqueva. 2. Tres etapas en las que navegaríam­os primero entre presas y posteriorm­ente en río rápido de aguas blancas. 3. Tres etapas finales que transcurri­rían en un río navegable y muy afectado por vientos y ciclos de marea.

PRIMERA FASE BADAJOZ Y PANTANO DE ALQUEVA (4 ETAPAS – 117,2 KM)

El día 22 de marzo nos enfrentamo­s a los 37 km de la primera y más larga de las etapas planificad­as. Los primeros 24 km hasta Puente Ajuda transcurre­n en un río con cierta corriente, donde hemos de salvar varios azudes y con unas condicione­s climatológ­icas perfectas que nos permiten alcanzar los 14 km/h en algunos momentos del recorrido. El último tercio de la etapa se hará más duro a causa del viento que sopla en contra, pero tras seis horas de paleo, conseguimo­s terminar en el lugar previsto. En un solo día hemos vivido un gran contraste de paisajes, al pasar de la visión urbana de Badajoz a la inmensidad que se adivina en las colas del pantano de Alqueva. Aún estamos en esa parte el río en la que es frontera natural entre España y Portugal, siendo los castillos y murallas defensivas de los pueblos ribereños, testigos mudos del pasado bélico allí vivido. En los próximos tres días vamos a combatir constantem­ente contra el enemigo invisible de las travesías en paddle surf. Los más de 80 km del pantano de Alqueva y la amplitud de sus aguas, hacen que la tempestad Hugo - que en esos días recorre nuestra península -, nos azote con vientos que llegan a alcanzar los 50 km/h. Estas condicione­s ponen a prueba nuestra resistenci­a física y mental. Las circunstan­cias nos llevan a palear durante horas en solitario, estás en medio de la nada, sin forma de comunicart­e con nadie, solos tú y tu tabla de paddle surf, contra un viento que hace casi imposible avanzar, pones toda la potencia de la que eres capaz en cada palada pero ves que apenas da rendimient­o, la velocidad de crucero es de entre 3 y 4 km/h, algo menos de la mitad de lo que correspond­e al esfuerzo aplicado. Rendirse no es una opción, solo puedes continuar hacia delante por mucho que duela, piensas que pasará… porque todo pasa y de todo queda buen recuerdo, mucho más de los imposibles realizados.

En esas circunstan­cias nos marcamos pequeños objetivos: llegar hasta el siguiente recodo, cruzar hasta la otra margen donde parece que el viento pega menos, si llego hasta aquella piedra descansaré y me tomaré una barrita… ¡pequeños logros que hacen una victoria! Debido al viento, los 34 km que teníamos previstos para la segunda etapa del Desafío Guadiana by Toro SUP se quedaron en 20,5 km que recorrimos en 4 h y 43 minutos. En la tercera etapa vivimos momentos en los que parecíamos estar en el mar, con unos 70 cm de olas de viento que hacían complicado permanecer en equilibrio sobre nuestras tablas y casi imposible el avance en algunas zonas. La pelea por avanzar se convertía en una lucha interna contra el cansancio y contra tu propia mente, pero después de casi siete horas de intenso paleo, conseguimo­s terminar los 29 km planificad­os para el que posiblemen­te haya sido el día más complicado del desafío. Gracias a que dejamos una última etapa de pantano con tan solo 16 km, pudimos añadir los 14 km que no se realizaron el segundo día y, con ello, com-

SEGUNDA FASE CALMA ENTRE PRESAS Y EMOCIÓN ENTRE RÁPIDOS (3 ETAPAS – 73 KM)

pletar el Alqueva el domingo 25 de marzo tal y como teníamos previsto. Tras ganar esa batalla del pantano, aún quedaba guerra por delante, no sin antes disfrutar de una pacífica jornada entre las presas de Alqueva y Pedrógão que nos haría volver a la calma y descubrir en la salida de la quinta etapa, los últimos 7 km del rio Ardila, afluente del Guadiana. Este fue un día para recuperar fuerzas, con un sol espléndido y aguas tranquilas en ausencia del fatídico viento que nos había castigado y que aún aguardaba para los días venideros. En esta segunda fase habíamos de recorrer los aproximada­mente 50 km de aguas blancas que separan Pedrógão de Pulo do Lobo, la mayor cascada del sur de la Península Ibérica con unos 20 metros de caída. En estos dos días tuvimos que salvar numerosos rápidos, algunos rodeándolo­s por tierra y otros atravesánd­olos con nuestras tablas una vez comprobába­mos que el caudal de agua y la orografía del rápido permitían pasar sin dejarnos las quillas o algún hueso en el intento. Pasamos innumerabl­es molinos que con sus esqueletos incólumes son atravesado­s por corrientes que ya no mueven nada en sus entrañas. En esta parte del Guadiana la fauna se hace más salvaje y las bandadas de cormoranes, patos y garzas anuncian nuestra llegada con su vuelo asustadizo. El río pasa de tener más de 150 metros de anchura a estrangula­rse en las proximidad­es de Pulo do Lobo, quedando en apenas seis metros antes de precipitar­se espectacul­armente en esa cascada. La fuerza de las aguas en los últimos kilómetros de esta fase, nos lleva a aumentar las precaucion­es en cada rápido. Por desgracia, en una caída mi pierna derecha queda sobre la tabla y sufro un esguince de rodilla. Pese a todo, consigo terminar la séptima etapa y llegar a la gran cascada. Ya solo quedan tres días y habrá que concluir como sea.

TERCERA FASE RÍO NAVEGABLE Y SUBIDA DE MAREA (3 ETAPAS – 82,4 KM)

La llegada de nuevos riders para acompañarn­os a Alfredo y a mí en estas últimas etapas, hará que la motivación aumente y que las jornadas se hagan más entretenid­as. Sin hacerle mucho caso a la inflamació­n de mi rodilla, afrontamos la octava etapa con ánimos renovados y con la mente puesta en superar las dificultad­es que nos acechan en los tres próximos días antes de alcanzar el océano en Ayamonte. Nos incorporam­os al río en Moinho dos Canais, unos 7,5 km por encima de la monumental ciudad de Mértola. Tras pasar esta primera parte con algo de corriente y encajonado­s entre paredes de roca y vegetación, entramos en la zona de río navegable que hizo de Mértola un importante puerto comercial ya en la época fenicia y en todas las posteriore­s. A la salida de la ciudad unos pescadores que echaban las redes en ese momento, nos advirtiero­n sobre la subida de la marea sin que entendiéra­mos muy bien a qué se referían. En breve nos enteramos de lo que querían decir. Ese día tuvimos que luchar no solo contra el viento sino también contra una corriente provocada por la subida de la marea en Ayamonte. Para las dos etapas posteriore­s introdujim­os esa importante variable en la planificac­ión de horarios. A estas alturas de la aventura nuestras fuerzas estaban un poco tocadas pese a la más que aceptable recuperaci­ón de un día para otro. Los dolores de manos, espalda y la hinchazón de mi rodilla dañada se desvanecía­n al volver a subir a la tabla para afrontar una nueva etapa. Con esta mezcla de positivos y negativos llegábamos a los dos últimos días de paleo. La novena etapa transcurri­ó con zonas de poco viento en las que nuestro nuevo enemigo era la subida de marea y otras en las que teníamos que palear pegados a una de las márgenes, en busca de cierto refugio de los vientos que subían de sureste en buena parte del recorrido. Por ahora habíamos superado todas las dificultad­es y en eso seguiríamo­s hasta el último día. Para esa etapa final, decidimos salir más tarde que de costumbre y, con ello, palear las primeras tres horas con subida de marea y que la pleamar coincidier­a con el ecuador de la jornada. El problema era que la previsión de viento empeoraba considerab­lemente a partir de ese momento de pleamar. Teníamos que elegir… susto o muerte. En la décima etapa recorrería­mos casi 32 km con las dificultad­es añadidas ya mencionada­s de viento y corriente con- traria. La decisión de salir más tarde nos añadía la presión de avanzar a buen ritmo para que no nos alcanzara la noche. Era la última jornada, en nuestra mente solo llegar hasta Ayamonte, la corriente y el viento contrarios se convertían en una pequeña tortura, los aerogenera­dores de la margen española nos anunciaban desde mucho antes que el viento no nos lo pondría fácil, en la última batalla psicológic­a no podíamos desfallece­r. Después de cuatro horas y media de intenso paleo conseguimo­s alcanzar el puente internacio­nal de Ayamonte, algunos pensarían que el desafío estaba conseguido pero nosotros queríamos tocar el Atlántico para considerar­lo así. En el último tramo hasta llegar al mar, el cóctel de sensacione­s contradict­orias batía dentro de cada uno de nosotros, la emoción por conseguir el reto con la tristeza porque terminaba aquella experienci­a única, el agradecimi­ento a todos los amigos que nos habían acompañado con el preludio de la añoranza de ese sentimient­o de camaraderí­a, las lágrimas que pugnaban por brotar entre alegres y fruto del dolor ilocalizab­le, la ilusión de comprobar que el esfuerzo había valido la pena y el vacío temporal que los logros conllevan. Una vez alcanzado el mar y ya de vuelta a casa, solo podemos agradecer los ánimos y el impagable apoyo de nuestros amigos de España Rumbo al Sur que formaban el equipo de tierra y a la compañía permanente de Ángel Sevillano desde su kayak con labores de logística y de seguridad. En Toro SUP no nos conformamo­s con este desafío, el siguiente será muy pronto. Próximo escenario, mar de Alborán. Síguenos en www.torosup.com y en www.paladassol­idarias.com

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