‘Ma­ne­ras de edu­car’.

Es­te maes­tro ha da­do el sal­to a la te­le­vi­sión na­cio­nal des­de su ca­nal de You­Tu­be con asom­bro­sos re­sul­ta­dos.

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Así se ha­ce el in­no­va­dor es­pa­cio de La 2, idea­do por el pro­fe­sor Van Der Lust

Ma­ne­ras de edu­car Ja­mes, pre­sen­ta­dor de es­te pro­gra­ma de La 1, nos ha­bla de su in­no­va­dor mé­to­do

Fa­mo­so gra­cias a in­ter­net, Ja­mes Van der Lust, ca­ta­lán de ori­gen ho­lán­des, se ha con­ver­ti­do en el maes­tro al que se­guir, so­bre to­do pa­ra los pa­dres. Sus ví­deos du­ran cin­co mi­nu­tos en You­Tu­be, e in­clu­yen con­se­jos prác­ti­cos pa­ra edu­car a ni­ños y jó­ve­nes. De­bi­do a es­ta lla­ma­ti­va di­vul­ga­ción, la te­le­vi­sión l la­mó a su puer­ta con Ma­ne­ras de edu­car, un es­pa­cio pa­ra la ma­ña­na de los sá­ba­dos en el que es­tá recorriendo los co­le­gios con los mé­to­dos más trans­gre­so­res de España.

¿Es tu pri­me­ra ex­pe­rien­cia en te­le­vi­sión?

Sí, y me ha en­can­ta­do. Es un mun­do muy dis­tin­to al de You­Tu­be. No sa­bía que de­trás de un pro­gra­ma ha­bía tan­ta gen­te tra­ba­jan­do, pe­ro ten­go cla­ro que lo mío es la edu­ca­ción.

¿De dón­de te sur­gen esas ideas tan in­no­va­do­ras?

De la crea­ti­vi­dad y de la ins­pi­ra­ción. Lle­vo mu­chos años tra­ba­jan­do so­bre el mun­do de las ideas. To­dos las te­ne­mos in­creí­bles. Re­co­mien­do es­cu­char­nos más lo unos a los otros.

¿Y qué pe­da­go­gías te han ins­pi­ra­do?

Hay mu­chas, y de to­das se apren­de al­go.

¿Cuá­les des­ta­ca­rías?

La pe­da­go­gía Wal­dorf y la Mon­tes­so­ri. De es­ta úl­ti­ma lo que más me gus­ta es có­mo mez­clan a los ni­ños por eda­des. La edu­ca­ción es­tá cam­bian­do mu­cho y lo va a se­guir ha­cien­do. Ca­da una apor­ta al­go y son muy vá­li­das.

¿Tam­bién has mi­ra­do fue­ra de España?

“Hay que ha­blar más con los ni­ños”

Sí. He­mos te­ni­do re­fe­ren­cias de otros cen­tros de Fin­lan­dia y de la re­gión de Reg­gio Emi­lia , en Ita­lia.

De to­dos los co­le­gios a los que has ido, ¿qué te ha sor­pren­di­do más?

Des­ta­ca­ría mu­chas co­sas, co­mo apren­der a leer con pe­rros o a to­car el vio­lín con un mé­to­do ja­po­nés que se lla­ma Su­zu­ki. Ca­da cen­tro tie­ne su ex­ce­len­cia y sus se­ñas de iden­ti­dad. Y he­mos que­ri­do re­co­ger la ex­pe­rien­cia de to­dos – pú­bli­cos, con­cer­ta­dos y pri­va­dos– y ni­ve­les.

¿En qué co­le­gio das cla­se?

En Po­ble­nou, Bar­ce­lo­na, en Nues­tra Se­ño­ra de la Asun­ción. Tie­ne 140 años de his­to­ria. Se ha ido mo­der­ni­zan­do y des­de di­rec­ción es­cu­chan mis ideas y me dan mar­gen.

Co­mo pro­fe­sio­nal de la edu­ca­ción, ¿cuál es tu mé­to­do ideal?

Hay que em­pe­zar di­cien­do que to­dos los ni­ños son dis­tin­tos y ca­da uno de ellos ne­ce­si­ta un tra­to per­so­na­li­za­do. Y los pa­dres son los que tie­nen que de­ci­dir qué co­le­gio en­ca­ja me­jor con la per­so­na­li­dad de su hi­jo. Edu­car no es na­da fá­cil. Yo fo­men­ta­ría tam­bién la co­mu­ni­ca­ción con ellos y, so­bre to­do, de­di­car­les más tiem­po.

¿Y qué opi­nas de la po­lé­mi­ca de los de­be­res?

En ese sen­ti­do hay mu­chas op­cio­nes. To­dos es­ta­mos muy ocu­pa­dos, pe­ro los pa­dres, cuan­do lle­gan a ca­sa, ten­drían que ha­cer al­gu­na ta­rea, co­mo es­cri­bir, di­bu­jar o leer, pa­ra que los ni­ños los vean. Ellos apren­den por imi­ta­ción y hay que dar ejem­plo. Si los pro­ge­ni­to­res cam­bian, tam­bién lo ha­rán los cha­va­les.

Ja­mes ha usa­do in­ter­net pa­ra di­fun­dir su vi­sión de la edu­ca­ción.

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