Por qué no fun­cio­na la pa­re­ja

Aca­ban de ro­dar Lo con­tra­rio al amor, pe­lí­cu­la que se es­tre­na el pró­xi­mo 26 de agos­to y que pro­me­te ser el ta­qui­lla­zo del ve­rano. Una co­me­dia ro­mán­ti­ca con sor­pre­sa, ya que di­na­mi­ta los con­cep­tos de pa­re­ja, re­la­cio­nes, se­xo o fa­ma. Los ac­to­res Hu­go Sil­va,

Tiempo - - PORTADA - POR ANTONIO DÍAZ Y CE­LIA LO­REN­TE FO­TOS PA­CO LLA­TA

Les con­vo­ca­mos pa­ra rea­li­zar una se­sión de fo­tos y ha­blar de su nue­va pe­lí­cu­la, Lo con­tra­rio al amor, del director Vicente Vi­lla­nue­va. Es sá­ba­do por la ma­ña­na y no ha si­do fá­cil re­unir­les con sus apre­ta­das agen­das de ro­da­jes y en­sa­yos. Se ren­cuen­tran se­ma­nas des­pués de aca­bar la fil­ma­ción y se sa­lu­dan muy efu­si­va­men­te, se no­ta que se lle­van muy bien en­tre ellos.

Pa­re­ce que ha ha­bi­do mu­cha quí­mi­ca en el ro­da­je. ¿Se co­no­cían de an­tes? Hu­go Sil­va: Gua­da­lu­pe y yo ya ha­bía­mos coin­ci­di­do en una tra­ma en los Pa­cos. Gua­da­lu­pe Lan­cho: En la que yo in­ten­ta­ba ase­si­nar­le... Hu­go: Con un tan­ga. Gua­da­lu­pe: Fui la en­vi­dia de to­das mis ami­gas del co­le. Hu­go: Yo no co­no­cía a Adri [Adria­na Ugarte, co­pro­ta­go­nis­ta de la pe­lí­cu­la] y la ver­dad es que hu­bo mu­chí­si­ma quí­mi­ca y un sen­ti­do del hu­mor muy acor­de en­tre los tres. Yo es­toy con­ten­tí­si­mo y he en­con­tra­do un ta­len­ta­zo en ellas.

La pe­lí­cu­la ha­ce una radiografía del es­ta­do de la pa­re­ja de hoy co­mo fuente de con­flic­tos. ¿Com­par­ten esa for­ma de ver las re­la­cio­nes? Hu­go: Yo creo que pa­sa una co­sa aho­ra. Es­ta­mos en un mo­men­to de cam­bio y no­so­tros in­di­vi­dual­men­te he­mos evo­lu­cio­na­do mu­cho. Te­ne­mos, por suer­te, mu­chí­si­ma li­ber­tad y mu­chí­si­ma in­for­ma­ción y eso es bue­ní­si­mo. Lo que pa­sa es que el es­que­ma de re­la­ción de an­tes va un po­co a la con­tra con lo que hay aho­ra, en­ton­ces creo que lo que hay que ha­cer es evo­lu­cio­nar. Ya no se con­ci­be una re­la­ción co­mo la que tie­nen mis abue­los, que si­guen vi­vos y si­guen jun­tos. Den­tro de unos días ha­cen 62 años y ha­ce­mos una fies­ta, ¡co­mo pa­ra no ce­le­brar­lo ! ¡Es un ré­cord! Ru­bén Sanz: Hay mu­chí­si­mas más op­cio­nes que an­tes no exis­tían. An­tes la gen­te era más com­pren­si­va y tra­ga­ba mu­cho más, y aho­ra no. Se tie­ne me­nos pa­cien­cia con las co­sas. Hu­go: Y tam­bién es que aho­ra la mu­jer tie­ne mu­chí­si­ma más li­ber­tad. Sai­da Ben­zal: Las co­sas han cam­bia­do, pe­ro no sa­be­mos có­mo adap­tar­nos. Hu­go: De he­cho tam­bién pa­sa que hay pa­re­jas que se unen en un mo­men­to de­ter­mi­na­do de la vi­da por­que tie­nen una ex­pe­rien­cia vi­tal co­mún, pe­ro al ca­bo de los años ca­da uno ha evo­lu­cio­na­do de for­ma dis­tin­ta. Si no evo­lu­cio­nas a la vez que tu pa­re­ja, lo más nor­mal es que le ten­gas mu­cho ca­ri­ño, pe­ro es­tés en otra on­da, en otra his­to­ria. Ru­bén: Es ver­dad que te pue­des unir a una per­so­na en un mo­men­to de­ter­mi­na­do de tu vi­da por­que com­par­tes mu­chas co­sas con ella, pe­ro el tiem­po avan­za y ca­da vez es­tás más le­jos. Gua­da­lu­pe: Vicente [Vi­lla­nue­va, el director] lo en­fo­ca des­de dos pun­tos de vis­ta. Una co­sa son las re­la­cio­nes de pa­re­ja y el otro el raíl del tren que es la re­la­ción que tú tie­nes contigo mis­mo y, co­mo es­ta no fun­cio­ne, no vas a fun­cio­nar con esa pa­re­ja ni con la de an­tes ni con nin­gu­na has­ta que no so­lu­cio­nes eso. A Vicente le preo­cu­pan mu­cho esas neu­ras que te­ne­mos en es­te si­glo, que son nue­vas, el he­cho de es­tar co­nec­ta­do con to­do me­nos contigo mis­mo, las nue­vas tec­no­lo­gías, las per­so­nas que pien­san una co­sa, di­cen otra y ha­cen otra di­fe­ren­te. Es co­mo una tri­po­la­ri­dad cons­tan­te y eso es­tá ca­da vez más a la or­den del día. Bus­ca­mos la fe­li­ci­dad y no aca­ba­mos de se­re­nar nues­tras al­mas, y eso afec­ta a las re­la­cio­nes de pa­re­ja. Otro de los te­mas que abor­da la pe­lí­cu­la es un pro­ble­ma de siem­pre. Que, al fi­nal, que­re­mos cam­biar a la pa­re­ja. Ru­bén: Pe­ro veis que es la mu­jer siem­pre, ¿no? [ríen]. Hu­go: Yo creo que to­do es­to vie­ne de lo mis­mo. Tú si­gues con el es­que­ma de an­tes, si­gues que­rien­do a esa per­so­na y, de re­pen­te, in­ten­tas cam­biar a tu fa­vor. A lo me­jor lo que te tie­nes que plan­tear es que to­do eso que te fas­ci­na­ba de esa otra per­so­na, to­do ese mis­te­rio, re­sul­ta que aho­ra no lo quie­res. Aho­ra quie­res aco­mo­dar­la a ti. En­ton­ces eso ya no es amor, eso es ya otra co­sa. To­dos a la vez: ¡Es lo con­tra­rio al amor!

¿En­ton­ces es­tán to­dos de acuer­do en que eso es lo con­tra­rio al amor? Hu­go: Yo creo que des­pués de ha­ber res­pon­di­do mil ve­ces a esa pre­gun­ta, he­mos lle­ga­do a la con­clu­sión de que es eso. Adria­na di­jo en una entrevista -es una res­pues­ta bri­llan­te, por­que Adria­na es tam­bién bri­llan­te-, que “lo con­tra­rio al amor es pen­sar”, y yo creo que es ver­dad. Y el amor es de aquí [se se­ña­la el co­ra­zón] y no de aquí [se se­ña­la la ca­be­za]. Y cuan­do em­pie­zas a in­te­lec­tua­li­zar las co­sas, en­ton­ces se va al ca­ra­jo.

Hay gen­te sin em­bar­go que al su­ge­rir­le ese tí­tu­lo -Lo con­tra­rio al amor­pien­sa “el se­xo...”. Sai­da: ¿Res­pon­den eso? Hu­go: Yo creo que el enamo­ra­mien­to va con el se­xo. Te pue­des enamo­rar de una per­so­na, pe­ro si a la ho­ra de po­ner­te ma­nos a la obra, no fun­cio­na, pues... Álex Ba­raho­na: Yo creo que no se ha­bla de eso en la pe­lí­cu­la, de cuan­do hay una pa­re­ja, hay más se­xo o me­nos. Hu­go: En mi tra­ma sí que pa­sa. Yo creo que una par­te del enamo­ra­mien­to es la pa­sión. In­clu­so lle­gar a un pun­to en el que to­do te pa­re­ce pre­cio­so. Te ex­ci­ta o te gus­ta to­do. Gua­da­lu­pe: Hay una fra­se la­pi­da­ria de He­te­ro­se­xua­les y ca­sa­dos [cor­to del director de la pe­lí­cu­la]. Es­tán en­tre­vis­tan­do al que in­ter­pre­ta a mi ma­ri­do, a Álex Ca­sa­se­ca, y él se sin­ce­ra y di­ce: “La quie­ro mu­cho, pe­ro fo­llar con ella es co­mo fo­llar con mi her­ma­na. Y eso no me po­ne, pre­fie­ro mas­tur­bar­me”.

Sai­da: Es que cuán­tas pa­re­jas aca­ban así. Álex: Vicente pa­re­ce muy des­truc­tor con el te­ma de la pa­re­ja, que pa­re­ce que es­tá abo­ca­do al fra­ca­so, pe­ro real­men­te es un des­truc­tor del con­cep­to de la pa­re­ja, no del amor. Gua­da­lu­pe: Es un gran ro­mán­ti­co.

Pe­ro plan­tea al amor co­mo al­go tó­xi­co. Hu­go: Bueno, el amor es al­go quí­mi­co, tó­xi­co. Álex: Yo creo que es un ata­que al con­cep­to que se te­nía an­tes, que to­da­vía es­tá vi­gen­te, al con­cep­to tra­di­cio­nal de pa­re­ja. Por­que el desa­rro­llo de la con­di­ción hu­ma­na va en con­tra de la con­di­ción de pa­re­ja co­mo la he­mos con­ce­bi­do has­ta aho­ra. Hu­go: O co­mo nos la han obli­ga­do a en­ten­der. De­ba­jo te­ne­mos un po­so de cul­pa, de­bi­do a nues­tra que­ri­da igle­sia y a to­da la edu­ca­ción que he­mos re­ci­bi­do du­ran­te mu­chos años. An­tes, no ha­ce mu­cho, tu vi­da era ca­sar­te, y si no te ca­sa­bas o tu ma­tri­mo­nio fra- ca­sa­ba, tú fra­ca­sa­bas. Tu vi­da era un fra­ca­so: el con­cep­to de sol­te­ro­na o de las mu­je­res se­pa­ra­das. To­da es­ta ba­su­ra que ha­bía an­tes y que to­da­vía si­gue ahí. Ru­bén: An­tes te­nías que se­guir unos pa­sos, aca­bar el co­le­gio, sa­car­te el car­né de con­du­cir, bus­car un tra­ba­jo, ca­sar­te. Por eso te­ne­mos que sen­tir­nos afor­tu­na­dos por ha­cer un tra­ba­jo que nos gus­te. ¿Cuán­ta gen­te ha­brá vi­vien­do vi­das que no quie­re vi­vir? Gua­da­lu­pe: Por eso tie­ne que ha­ber co­ne­xión de uno con uno mis­mo. Hu­go: La pe­lí­cu­la va más allá, es una co­me­dia ro­mán­ti­ca muy di­ver­ti­da, pe­ro apar­te pro­fun­di­za en te­mas que a lo me­jor ni si­quie­ra uno se pa­ra a pen­sar, co­mo por qué no fun­cio­nan las pa­re­jas aho­ra. Lue­go es­te mun­do tam­bién de la fa­ma, de sen­tir­se bien sien­do fa­mo­so. Gua­da­lu­pe: Ahon­da mu­chí­si­mo en la na­tu­ra­le­za hu­ma­na. Hu­go: Y en los va­lo­res que es­tán sur­gien­do de re­pen­te aho­ra, co­mo lo de ha­cer­se fa­mo­so. De re­pen­te to­do el mun­do te quie­re, y hay gen­te que lo ne­ce­si­ta, igual que ne­ce­si­tas que te quie­ran, ne­ce­si­tas que te co­noz­can.

¿Us­te­des no ne­ce­si­tan eso? Hu­go: Pues, ¡mi­ra có­mo voy ves­ti­do! [La entrevista trans­cu­rre en una te­rra­ci­ta y Hu­go Sil­va se ca­mu­fla con go­rra y ga­fas de sol, to­dos ríen]. Yo es­toy muy contento con la gen­te que me quie­re y no bus­co más, es­toy en­can­ta­do.

Vicente no tie­ne su­fi­cien­te con re­unir­les a us­te­des tres en es­ta pe­lí­cu­la, sino que ade­más los vis­te de bom­be­ros. Sai­da: ¡No, no en­tien­do lo de los bom­be­ros! Que al­guien me lo ex­pli­que.

Su­pon­go que gus­tan por el sen­ti­do de pro­tec­ción. Hu­go: Es que los bom­be­ros son unos va­lien­tes. Apar­te de que da mu­cho mor­bo el uni­for­me, ha­cen mu­cho de­por­te y se cui­dan el fí­si­co, es que se jue­gan la vi­da ca­da vez que sa­len. Se me­ten en el fue­go, en accidentes de trá­fi­co, y real­men­te son hé­roes. Yo en­tien­do el mi­to que se for­ma a su al­re­de­dor. Álex: Y tam­bién se car­ga ese mi­to Vicente. Lo hu­ma­ni­za mu­cho en el te­ma se­xual. To­do en la pe­lí­cu­la arran­ca co­mo un tó­pi­co que se aca­ba des­mon­tan­do. Hu­go: Es lo que él ha que­ri­do ver, las con­tra­dic­cio­nes pu­ras y du­ras.

¿Son cons­cien­tes de que mu­chas es­pec­ta­do­ras van a ir al ci­ne so­lo pa­ra ver­los ves­ti­dos de bom­be­ros? Hu­go: Y nos van a ver de bom­be­ros, no en­ga­ña­mos. Y al­gu­nos has­ta se des­vis­ten.

Ru­bén se des­vis­te en la pe­lí­cu­la, y tie­ne un dra­gón en la es­pal­da. Ru­bén: Pe­ro eso era en la pe­lí­cu­la. Hu­bo que de­vol­ver­lo lue­go, no me de­ja­ron lle­vár­me­lo. Gua­da­lu­pe: Hay una fra­se en la pe­lí­cu­la que re­su­me mu­cho esa idea: “Los bom­be­ros caen bien. La po­li­cía no, pe­ro los bom­be­ros sí”.

¿Có­mo han pre­pa­ra­do el pa­pel? ¿Han tra­ba­ja­do con bom­be­ros? Ru­bén: Da la ca­sua­li­dad de que los tres te­ne­mos co­no­ci­dos en es­te mun­do y, a par­tir de es­te pa­pel, nos he­mos in­tere­sa­do más. Yo creo que ha­bría mu­chas co­sas que sa­bría­mos ha­cer.

El tí­tu­lo, apar­te del sen­ti­do es­tric­to del amor, tam­bién jue­ga con la con­tra­dic­ción del gé­ne­ro, por­que es jus­to lo con­tra­rio a la tí­pi­ca pe­lí­cu­la de amor. Álex: Se car­ga to­do: las re­la­cio­nes de pa­re­ja, los mitos se­xua­les, la co­me­dia ro­mán­ti­ca, pe­ro si­gue ha­bien­do sen­ti­mien­tos. Hu­go: Y te si­gues rien­do. Al fi­nal es una co­me­dia. Ru­bén: Aquí en Es­pa­ña es­ta­mos acos-

tum­bra­dos a ver la tí­pi­ca pe­lí­cu­la de ri­sa, te lo pa­sas bien en el ci­ne y te vas, pe­ro en es­ta te de­ja po­so. Gua­da­lu­pe: Em­pie­zas rién­do­te y una vez es­tás re­la­ja­do, te plan­tea mu­chas co­sas. La co­me­dia va uni­da a la re­den­ción, es de­cir, hay un pun­to de per­dón, por­que Vicente re­mue­ve con­cien­cias des­de el pri­mer cor­to. Hu­go: In­clu­so hay un pun­to en el que te es­tás rien­do por­que te es­tás vien­do, por­que te es­tá po­nien­do un es­pe­ji­to y te di­ce: “Mi­ra, mi­ra có­mo so­mos”. Ru­bén: La pe­lí­cu­la re­fle­ja la reali­dad. Has­ta el per­so­na­je de Gua­da­lu­pe, que quie­re ser fa­mo­sa por­que sí.

A mu­chos jó­ve­nes e in­clu­so ni­ños les pa­sa eso aho­ra, a lo que as­pi­ran en la vi­da es a ser fa­mo­sos sin más, sin un tra­ba­jo por el que lo me­rez­can de­trás. Álex: Pe­ro es nor­mal, sa­les en la te­le y te pa­gan un pas­tón. Hu­go: Es nor­mal, los ni­ños es­tán vien­do la te­le y lo que les lle­ga es que esa gen­te es­tá en la cres­ta de la ola. Y di­cen: “Yo quie­ro ser co­mo esos”. Na­da más que tie­nen que pe­gar dos chi­lli­dos y ya tie­nen to­do a su fa­vor. Sai­da: Cla­ro que eso es pe­li­gro­sí­si­mo, pe­ro tam­bién va en la edu­ca­ción. Te ase­gu­ro que si ten­go hi­jos no les voy a per­mi­tir ver esas co­sas.

La ca­rac­te­rís­ti­ca más no­ta­ble de Vicente pro­ba­ble­men­te sea la ma­ne­ra en la que tra­ba­ja los diálogos. Sus per­so­na­jes ha­blan co­mo ha­bla cual­quier per­so­na de la ca­lle. Ru­bén: Yo creo que es la ba­se de nues­tra pro­fe­sión, el con­se­guir que to­do lo que es­tás ha­cien­do pa­rez­ca na­tu­ral, y él es bueno ayu­dán­do­te a lle­gar a ese pun­to. Gua­da­lu­pe: Es un ob­se­si­vo de la na­tu­ra­li­dad. No te exi­ge ser fiel a los diálogos. Hu­go: A Adri y a mí nos de­cía que lo im­por­tan­te es que tu cuer­po, tu ca­be­za y tus tri­pas ten­gan cla­ro lo que es­tá su­ce­dien­do. Yo creo que no he es­tu­dia­do en es­ta pe­lí­cu­la, lo que he he­cho ha si­do en­sa­yar, en­sa­yar y en­sa­yar. Gua­da­lu­pe: Hay otra co­sa con la que él era muy ob­se­si­vo y es que in­sis­te en que no ha­gas co­me­dia. La co­me­dia es la co­sa más se­ria del mun­do.

De iz­quier­da a de­re­cha, Sai­da Ben­zal, Ru­bén Sanz, Hu­go Sil­va, Álex Ba­raho­na y

Gua­da­lu­pe Lan­cho.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.