Y EL VE­RANO EN VÍS­PE­RAS DE RA­JOY

Tiempo - - OPINIÓN -

Si el ve­rano del lí­der del PP tu­vie­ra que te­ner un tí­tu­lo, sin nin­gu­na du­da se­ría el de “el dul­ce y cá­li­do ve­rano de Ra­joy”. Las en­cues­tas le son­ríen, las elec­cio­nes es­tán a la vuel­ta de la es­qui­na y, por si fue­ra po­co, se aca­ba de sa­car la es­pi­na de Fran­cis­co Camps de la gar­gan­ta. El ya ex­pre­si­den­te va­len­ciano ha he­cho lo que me­jor le ve­nía a Ra­joy: di­mi­tir. Con ello, le ha de­ja­do vía li­bre a su lí­der pa­ra pre­sen­tar­se a una cam­pa­ña elec­to­ral sin con­ti­nuas pre­gun­tas so­bre el ca­so Gür­tel y acu­sa­cio­nes de fal­ta de trans­pa­ren­cia y or­den in­terno so­bre la me­sa. Si las elec­cio­nes se ce­le­bran fi­nal­men­te en no­viem­bre, Camps po­drá es­tar en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos. Una ima­gen po­ten­te pe­ro que po­co da­ño po­drá ha­cer ya al PP, ase­gu­ran en el par­ti­do, o a Ra­joy, pues­to que ya es un lí­der di­mi­ti­do. Es más, creen que el ejem­plo de Camps es un ar­ma más que po­ten­te pa­ra uti­li­zar en el ca­so Fai­sán. En es­te pro­ce­so del su­pues­to chi­va­ta­zo a ETA, el PP quie­re la ca­be­za de Al­fre­do Pé­rez Ru­bal­ca­ba. Por aho­ra, hay tres al­tos car­gos impu­tados, en­tre ellos el ex­di­rec­tor de la Po­li­cía, y el so­plo se­gui­rá dan­do que ha­blar -y mu­cho-a prin­ci­pios de sep­tiem­bre. Pe­ro eso se­rá a la vuel­ta del ve­rano. De mo­men­to, Ra­joy po­drá dis­fru­tar de un lar­go ve­rano, sa­bo­rean­do las mie­les de un gran triun­fo, el de las elec­cio­nes del 22-M, y a la es­pe­ra de otro más an­sia­do: La Mon­cloa.

Ma­riano Ra­joy

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