Ad­ve­ni­mien­to de Ca­ra­vag­gio

Tiempo - - A BISEL -

Lle­ga al mu­seo del Pra­do con su es­pi­ri­tua­li­dad ma­nie­ris­ta ado­sa­da a pros­ti­tu­tas y ra­te­ros que le ser­vían de mo­de­lo pa­ra as­cen­der al ideal. Des­cen­di­mien­to a los in­fier­nos de su pro­pia vi­da, con­de­na­do en due­lo, aco­gi­do y vi­vi­do en Si­ra­cu­sa, Ná­po­les, co­mo re­fu­gio, so­lo ro­mano en el ries­go. Ca­ra­vag­gio en la Ma­drid dor­mi­da de la ca­ní­cu­la. Fe­rra­gos­to. Di­cen que trae de la mano a Jo­seph Aloi­sius Rat­zin­ger, co­no­ci­do en el si­glo co­mo Be­ne­dic­to XVI. Un en­cuen­tro con los jó­ve­nes en las ca­lles de­sier­tas y hun­di­das de asfalto del ve­rano in­quie­to que vi­vi­mos.

¿Y bien? Tie­ne ci­ta he­cha con per­so­nas que es­tán de­seo­sas de acu­dir a ella. Y bien. #yo­no­soy­de­san­ti­tos pe­ro bien es­tá si li­bre­men­te se reúnen a sus co­sas. Se­ño­res, a las co­sas. Ca­da uno a las su­yas. Llue­ve asfalto y teo­lo­gía ca­tó­li­ca en la Cas­te­lla­na y a unos les ha­ce vi­vir en ple­ni­tud y a otros nos de­ja in­di­fe­ren­tes. Y bien. A ve­ces ba­jan ríos ple­tó­ri­cos de­trás de un au­to­bús del que se des­plo­ma una co­pa. ¿Y bien? #yo­no­soy­fut­bo­le­ra pe­ro hay per­so­nas que aún re­cuer­dan la ale­gría que sin­tie­ron ha­ce un año. To­man la ca­lle un día y ba­jan en ale­gre ca­ra­va­na de ex­hi­bi­ción reivin­di­ca­ti­va. ¿Y bien? #yo­no­soy­gay­ni­les­bia­na pe­ro me ale­gra que dis­fru­ten de sus de­re­chos.

Hay des­creí­dos que se re­cla­man cre­yen­tes de una an­ti­fé atea por el sim­ple he­cho de po­ner al­ma, co­ra­zón y vi­da en opo­ner­se a es­tos even­tos. A mí no me mo­les­ta na­da que Ca­ra­vag­gio trai­ga del bra­zo al due­ño de sus éx­ta­sis en es­te mun­do. Aun­que #yo­no­soy­de­mul­ti­tu­des, de amon­to­nar­me lo ha­ré en la fi­la del Mu­seo. ¿Y bien? A las co­sas, se­ño­res, a las co­sas.

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