“Lo bo­ni­to es que el es­pec­ta­dor pue­da sor­pren­der­se”

Tiempo - - CULTURA - POR GLO­RIA SCO­LA

con el sex­to sen­ti­do no se po­día de­cir el te­ma real de la pe­lí­cu­la -el có­mo se da uno cuen­ta de que [Bruce Wi­llis] ha muer­to-pa­ra no des­tri­par­la. Pues con La piel que ha­bi­to ocu­rre lo mis­mo. La pe­lí­cu­la nú­me­ro 18 de Pe­dro Al­mo­dó­var (Cal­za­da de Ca­la­tra­va, Ciu­dad Real, 1950) se po­dría re­su­mir en dos lí­neas, pe­ro es me­jor no ha­cer­lo pa­ra man­te­ner el efec­to sor­pre­sa. Ba­sa­da li­bre­men­te en la no­ve­la Ta­rán­tu­la, es­cri­ta por el fran­cés Thierry Jon­quet y que el man­che­go “de­vo­ró” du­ran­te un vue­lo ha­ce diez años, el film na­rra con la pre­ci­sión de un ci­ru­jano plás­ti­co có­mo es­te (An­to­nio Ban­de­ras), ape­sa­dum­bra­do por las que­ma­du­ras que su­frie­ra su di­fun­ta mu­jer en el ac­ci­den­te que le cos­tó la vi­da, in­ten­ta crear una piel nue­va con la que re­cons­truir su cuer­po. Es un th­ri­ller con ele­men­tos có­mi­cos, mu­chos muy dra­má­ti­cos, de cien­cia­fic­ción y has­ta de terror.

Con un pre­su­pues­to de al­go más de 10 mi­llo­nes de eu­ros y un ro­da­je (se­cre­tí­si­mo) de 13 se­ma­nas con lo­ca­li­za­cio­nes en Ma­drid, To­le­do e ini­cia­do con llu­via en agos­to de 2010 en San­tia­go de Compostela, en la cin­ta in­ter­vie­nen, ade­más de An­to­nio Ban­de­ras, una es­tu­pen­da (y be­llí­si­ma) Ele­na Anaya, Jan Cor­net, Blanca Suá­rez, Ma­ri­sa Pa­re­des y Ro­ber­to Álamo. En es­ta en­tre­vis­ta, rea­li­za­da du­ran­te el pa­sa­do festival de Can­nes, don­de se pre­sen­tó la pe­lí­cu­la a con­cur­so, desvela al­gu­nas de las cla­ves de su nue­va obra. En la pro­yec­ción pa­ra la pren­sa en Can­nes hu­bo mu­chos aplau­sos. ¿Sí? Me ale­gro de que ha­ya ha­bi­do aplau­sos en el pa­se de pren­sa y me en­can­ta que ha­yáis vis­to la pe­lí­cu­la sin nin­gún ti­po de in­for­ma­ción, lo cual ex­clu­ye pre­jui­cios e ideas pre­con­ce­bi­das. Los pe­rio­dis­tas os le­van­táis a las seis de la ma­ña­na, ha­céis una co­la en con­di­cio­nes in­hu­ma­nas, y la pe­lí­cu­la tie­ne que ser un mi­la­gro pa­ra que os com­pen­se, y si no es un mi­la­gro, na­tu­ral­men­te de­cís co­sas atro­ces. Al pa­re­cer, los dis­tri­bui­do­res di­cen que La piel que ha­bi­to es­tá muy ale­ja­da del res­to de su ci­ne. A mí, sin­ce­ra­men­te, me pa­re­ce que no. Ade­más, vuel­ve a re­cu­rrir a te­mas co­mo la tran­se­xua­li­dad, la vio­la­ción… ¿Us­ted la ve real­men­te ale­ja­da de su ci­ne? No, yo no me en­cuen­tro tan le­jos de es­ta pe­lí­cu­la. Pe­ro los dis­tri­bui­do­res de­cían que no sa­bían a qué otra se pa­re­ce. Que no se pa­re­cía a nin­gu­na. Yo, por su­pues­to, me veo re­pre­sen­ta­do, la he he­cho yo y soy to­tal­men­te cons­cien­te de eso. Lue­go hay otras co­sas de las que no soy cons­cien­te. Por ejem­plo, la tran­se­xua­li­dad. Yo, a la gen­te tran­se­xual que co­noz­co, no les voy a re­co­men­dar que vean la pe­lí­cu­la. No es una pe­lí­cu­la pa­ra que la vean los tran­se­xua­les. Por­que a lo lar­go de mi ci­ne yo he tra­ta­do la tran­se­xua­li­dad co­mo el de­re­cho de al­guien a vi­vir se­gún su au­tén­ti­ca iden­ti­dad y a que se arre­gle un error que co­me­tió la na­tu­ra­le­za, pe­ro en es­ta oca­sión no es así. Le he oí­do de­cir que aho­ra ha­ce una vi­da mu­cho más abu­rri­da que an­tes, con una au­sen­cia ca­si to­tal de re­la­cio­nes so­cia­les y mu­cho más re­co­gi­da, y que por eso le sa­len es­tas pe­lí­cu­las. Di­ce que le en­can­ta­ría vol­ver a sa­lir, pe­ro que co­mo tie­ne fo­to­fo­bia y cual­quier luz o rui­do le da do­lor de ca­be­za, es lo peor pa­ra una fies­ta. Sin em­bar­go, ima­gino que irá a la de su pro­pia pe­lí­cu­la, ¿no? Sí, pe­ro se­rá una pre­sen­cia tan so­bria co­mo la de La piel que ha­bi­to. Es que los que he­mos vi­vi­do en los 80, es lo que tie­ne. Me pa­sé to­do lo que se pue­de pa­sar uno en los 80, so­bre­vi­ví, lo cual es un mi­la­gro, y es­toy en­can­ta­do, pe­ro bueno, hay co­sas que a los 60 (son­ríe) -y es la pri­me­ra vez que con­fie­so mi edad y no lo pien­so con­fe­sar nun­ca más, por­que de he­cho soy me­nor que mi her­mano, y mi her­mano tie­ne ya 50 y al­go-pe­ro a los 60 hay que de­ci­dir­se: por la sa­lud o por la di­ver­sión. ¿Qué opi­na del ca­so del ci­neas­ta da­nés Lars Von Trier? (Fi­nal­men­te de­cla­ra­do per­so­na non gra­ta por el Festival de Can­nes, aun­que su pe­lí­cu­la Me­lan­cho­lia sí per­ma­ne­ció en la com­pe­ti­ción). Yo ahí ni en­tro ni sal­go. Yo no le echo (ri­sas). Es más, yo aca­ba­ba de lle­gar, tam­po­co vi la rue­da de pren­sa. Pre­fie­ro es­pe­rar acon­te­ci­mien­tos y lue­go opi­nar. La piel que ha­bi­to su­po­ne el ren­cuen­tro con An­to­nio Ban­de­ras des­de Áta­me. ¿Ha no­ta­do su evo­lu­ción co­mo actor y si le ha in­fluen­cia­do tra­ba­jar en el ci­ne de Holly­wood? Sí que le he no­ta­do dis­tin­to por­que evi­den­te­men­te han pa­sa­do 20 años, pe­ro en lo que An­to­nio no ha cam­bia­do ha si­do en su ca­pa­ci­dad pa­ra de­cir­me: “Di­me lo que hay que ha­cer y yo tra­ta­ré de ha­cer­lo del me­jor mo­do”. Por las ca­rac­te­rís­ti­cas del pa­pel, que es un per­so­na­je con las ex­pre­sio­nes me­nos ex­te­rio­ri­za­das y don­de la du­re­za re­si­de en mos­trar­se to­tal­men­te va­cío, lo que ha­bía que ha­cer era va­ciar­le de ex­pre-

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