“El pro­ble­ma no es la te­le­vi­sión, sino el uso que ha­ce­mos de ella”

ANA TUR­PIN AC­TRIZ

Tiempo - - LA ÚLTIMA - POR ÁL­VA­RO NIE­TO anie­to.tiem­po@gru­po­ze­ta.es Twit­ter: @al­va­ro­nie­to

Ana Tur­pin (La Co­ru­ña, 1978) es co­no­ci­da por el gran pú­bli­co de­bi­do a se­ries te­le­vi­si­vas de éxi­to co­mo ‘Amar en tiem­pos re­vuel­tos’ o ‘La se­ño­ra’, y es­te oto­ño la ve­re­mos por las tar­des en ‘Ban­do­le­ra’, de An­te­na-3. Sin em­bar­go, es­tos días es no­ti­cia por­que pi­sa por pri­me­ra vez las tablas de un tea­tro con la mí­ti­ca obra ‘La ra­to­ne­ra’, de Agat­ha Ch­ris­tie.

De­bu­ta en tea­tro. ¿Ner­vio­sa? Me da mu­cho res­pe­to, pe­ro es­toy muy ilu­sio­na­da. ¿Echa­ba en fal­ta su­bir­se a un es­ce­na­rio? Sí, me fal­ta­ba esa pie­za. El tea­tro es una gran base y si no la tie­nes te sien­tes un po­co in­com­ple­to. Siem­pre he pen­sa­do que un ac­tor de­be do­mi­nar to­dos los me­dios. La obra lle­va re­pre­sen­tán­do­se 60 años en Londres. ¿Cuál cree que es su se­cre­to? El sus­pen­se, el th­ri­ller... Tie­ne to­dos los in­gre­dien­tes pa­ra en­tre­te­ner y ade­más per­mi­te al es­pec­ta­dor ju­gar a adi­vi­nar quién es el ase­sino. Lle­va diez años ha­cien­do se­ries de te­le­vi­sión. ¿No se can­sa? Al­go sí, por­que el rit­mo de pro­duc­ción a ve­ces es de­ma­sia­do lo­co, pe­ro a mí me fas­ci­na la te­le­vi­sión. Es un me­dio que la gen­te des­pre­cia pe­ro el pro­ble­ma no es la te­le­vi­sión, sino el uso que ha­ce­mos de ella: en vez de mos­trar lo me­jor la he­mos con­ver­ti­do en un con­te­ne­dor de ba­su­ra. ¿Es ver­dad que es ac­triz por ca­sua­li­dad? Sí, me mar­ché a Ma­drid a es­tu­diar ge­mo­lo­gía y tra­ba­ja­ba de mo­de­lo pa­ra sa­car­me un di­ne­ro ex­tra. Fue­ron los di­rec­to­res de pu­bli­ci­dad los que me ani­ma­ron a me­ter­me en la in­ter­pre­ta­ción. Es­ta pro­fe­sión me eli­gió a mí y me he de­ja­do lle­var. No soy de esas que di­cen que ya de pe­que­ñas so­ña­ban con ser ac­triz. ¿Y qué pa­só con la ge­mo­lo­gía? Ter­mi­né los es­tu­dios y ya ten­go lis­ta mi pri­me­ra co­lec­ción de jo­yas. Aho­ra mis­mo es­toy tra­mi­tan­do el re­gis­tro de pa­ten­tes y mar­cas pa­ra po­der­la co­mer­cia­li­zar. No quiero de­jar­lo por­que es lo que siem­pre me ha gus­ta­do. Lo voy a ir com­pa­gi­nan­do con la in­ter­pre­ta­ción. Es cu­rio­so, pe­ro se ha pues­to de mo­da que los fa­mo­sos di­se­ñen jo­yas... Bueno, lo que sue­le su­ce­der es que una ca­sa de jo­yas co­ge el nom­bre de un fa­mo­so y desa­rro­lla una co­lec­ción a par­tir de ahí. En mi ca­so no es así. Yo ten­go es­tu­dios, las di­se­ño y tra­ba­jo con un equi­po de con­fian­za. A mí me das un so­ple­te y un li­ma­tón y sé ha­cer­las. Pues pa­ra ser una pro­fe­sio­nal de la ge­mo­lo­gía da po­co ejem­plo: no lle­va ni una so­la jo­ya en­ci­ma... Ya se sa­be que en ca­sa del he­rre­ro cu­chi­llo de pa­lo. ¿Echa de me­nos Ga­li­cia? Sí, ten­go mo­rri­ña. ¿Qué es lo que más año­ra? El ma­ris­co. ¡Pe­ro si di­cen que el me­jor puer­to de Es­pa­ña es­tá en Ma­drid! Sí, pe­ro yo es­toy acos­tum­bra­da a co­mer ma­ris­co mi­ran­do al mar. ¿Al­gún otro se­cre­to apar­te de co­mer ma­ris­co pa­ra man­te­ner­se tan gua­pa? El se­cre­to es sen­tir­te bien con­ti­go mis­ma. Los pro­ble­mas sur­gen cuan­do pien­sas una co­sa, ne­ce­si­tas otra y de­seas otra. In­ten­to ser muy ín­te­gra y que­rer­me mu­cho. Y co­mer y dor­mir tam­bién son fun­da­men­ta­les. Us­ted fue du­ran­te seis años no­via de Ricardo Bo­fill, pe­ro po­ca gen­te lo sa­be... Siem­pre he man­te­ni­do esa re­la­ción en el ám­bi­to pri­va­do. En su mo­men­to vi que se po­día con­ver­tir en un cir­co, pe­ro no qui­se en­trar en él, así que el mun­do ro­sa me ha res­pe­ta­do mu­cho. Si no en­tras al jue­go te de­jan en paz.

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