La con­fe­ren­cia de paz

Tiempo - - EL BUZÓN - Fi­na Mi­llán-hi­ta. bar­ce­lo­na

una vez más los te­rro­ris­tas y los que con ellos ne­go­cian tra­tan de en­ga­ñar­nos. La mal lla­ma­da con­fe­ren­cia de la paz es una bur­la a las víc­ti­mas del te­rro­ris­mo, que nun­ca han pro­ta­go­ni­za­do una guerra. El te­rro­ris­mo en Es­pa­ña ja­más se ha en­con­tra­do fren­te a otro ban­do en igual­dad de con­di­cio­nes, sino a las es­pal­das de unas víc­ti­mas a las que ETA po­día ase­si­nar co­bar­de y mi­se­ra­ble­men­te.

Por eso su­po­ne más vi­le­za aún que unos su­je­tos se pres­ten a es­ta co­me­dia de con­fe­ren­cia. Po­co pres­ti­gio y cre­di­bi­li­dad te­nían has­ta aho­ra los lla­ma­dos me­dia­do­res in­ter­na­cio­na­les, pe­ro a par­tir del mo­men­to en que han es­ce­ni­fi­ca­do un es­car­nio a las víc­ti­mas esa cre­di­bi­li­dad ha que­da­do eli­mi­na­da por com­ple­to. Su ac­tua­ción a fa­vor de ETA no des­pier­ta más que ani­mad­ver­sión, des­pre­cio y re­pul­sa. ETA no es­tá de­rro­ta­da. Así lo afir­man las ar­mas que no han en­tre­ga­do, el per­dón que no han pe­di­do a las víc­ti­mas, los años que no han cum­pli­do en la cár­cel, el do­lor que no han com­pen­sa­do. Mi más enér­gi­ca con­de­na a los te­rro­ris­tas y a los agen­tes que se han pres­ta­do a dar­les voz cuan­do de­bie­ran exi­gir­les la ren­di­ción.

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