JO­SÉ LUIS DE HI­NO­JO­SA

“Las pér­di­das nos pue­den ha­cer me­jo­res”

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Em­pre­sa­rio de éxi­to y afi­cio­na­do a la na­tu­ra­le­za, el hun­di­mien­to de Leh­man Brot­hers le su­gi­rió una his­to­ria de ca­tás­tro­fe y re­su­rrec­ción per­so­nal: ‘En los días si­guien­tes’ (An­to­nio Ma­cha­do Li­bros), con la que co­mien­za su vi­da de es­cri­tor. ¿De ver­dad el mun­do cam­bió cuan­do se

hun­dió Leh­man? Sí. Fue el prin­ci­pio de otra co­sa, ya ve­re­mos de qué. Pe­ro al pro­ta­go­nis­ta de mi no­ve­la le cam­bia to­do. Es un hom­bre pen­dien­te de sus in­ver­sio­nes, de los ban­cos, de la bol­sa. Y la vi­da se le vuel­ve del re­vés. Pe­ro su no­ve­la no va de eco­no­mía sino de desas­tres per­so­na­les. Eso es. Me he pues­to a re­fle­xio­nar so­bre la pér­di­da.

¿Y qué ha en­con­tra­do? Que a mu­chas per­so­nas las si­tua­cio­nes ex­tre­mas les vuel­ven sal­va­jes. Pe­ro no a to­dos. El hun­di­mien­to pue­de ha­cer­nos me­jo­res. Se sa­le del pozo. O de los po­zos, por­que su Javier cae en va­rios, a cuál peor. Es ver­dad. Pe­ro se sa­le. To­dos po­de­mos sa­lir, co­mo sa­le él. Lo des­cu­brí cuan­do me pu­se a es­cri­bir, los per­so­na­jes to­ma­ron vi­da pro­pia y... De­ja la no­ve­la en al­to, sin fi­nal. ¿Ha­brá se­gun­da par­te? No lo sé. Aho­ra no me lo ima­gino, pe­ro ¿por qué no? LUIS ALGORRI

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