Los mo­rros sal­va­do­res

Pron­to se die­ron cuen­ta de que sus vi­das co­rrían pe­li­gro por la mar, no por los gran­des ma­mí­fe­ros acuá­ti­cos que los gol­pea­ban, que los em­pu­ja­ban ha­cia tie­rra.

Tiempo - - ZOOM - AL­FON­SO US­SÍA

Dos ni­ños im­pru­den­tes se pier­den en la mar, y dos del­fi­nes, a mo­rra­zos, los de­vuel­ven a la cos­ta

su­ce­dió en la bahía de For­men­tor, que es bahía de bahía, ar­co de mar de la bahía de Po­llen­sa. El Me­di­te­rrá­neo jue­ga ma­las pa­sa­das, por­que no es mar que avi­sa, co­mo el Can­tá­bri­co o el Atlán­ti­co. Pa­sa del azul añil, al co­bal­to y de ahí al ma­ren­go en­lo­que­ci­do.

Sol, buen tiem­po y el azul del mar añil. Dos ni­ños que ha­cían wind­sur­fing. Na­ve­ga­ban por el mar abier­to, rum­bo a la is­la Co­lo­mers, ese for­mi­da­ble gri­to de ro­ca del nor­te de Ma­llor­ca. De gol­pe el mar cam­bió, se le­van­tó el te­rral, y los ni­ños de­por­tis­tas su­cum­bie­ron al mie­do. No po­dían vol­ver. Vol­ca­ron sus em­bar­ca­cio­nes y se aga­rra­ron a las tablas que se di­ri­gían mar aden­tro.

Uno de ellos gri­tó, ate­rro­ri­za­do. Ha­bía sen­ti­do el gol­pe de un gran pez en el cu­lo. El otro ex­pe­ri­men­tó la mis­ma reali­dad se­gun­dos más tar­de. Ti­bu­ro­nes, pen­sa­ron. Mu­cha gen­te ig­no­ra que el Me­di- te­rrá­neo, de Mal­ta a Si­ci­lia, es lu­gar de cría del ti­bu­rón blan­co. Otro gol­pe, otro gri­to, y más gol­pes y más gri­tos. Pe­ro no eran ti­bu­ro­nes. Se tra­ta­ba de una pa­re­ja de del­fi­nes.

Pron­to se die­ron cuen­ta de que sus vi­das co­rrían pe­li­gro por la mar, no por los gran­des ma­mí­fe­ros acuá­ti­cos que los gol­pea­ban, que los em­pu­ja­ban ha­cia tie­rra. Des­pués de tres ho­ras an­gus­tio­sas, al­can­za­ron la cos­ta de For­men­tor. Ya los bus­ca­ban sus pa­dres y otras em­bar­ca­cio­nes. Ahí es­ta­ban, sa­nos, sal­vos y con los tra­se­ros amo­ra­ta­dos de gol­pes. Pe­ro vi­vos. Cuan­do los del­fi­nes sal­va­do­res de­ci­die­ron que ha­bían cum­pli­do con su de­ber, des­apa­re­cie­ron.

No se tra­ta de un cuen­to ni de una le­yen­da. Allí ocu­rrió. Las co­sas de la vi­da son así. Dos ni­ños im­pru­den­tes se pier­den en la mar, y dos del­fi­nes, a mo­rra­zos, los de­vuel­ven a la cos­ta. Los ni­ños tie­nen hoy más de 40 años, y en sus ca­sas, co­mo si se tra­ta­ra del fa­mi­liar más querido, tie­nen un mar­co de pla­ta con la fo­to­gra­fía de un del­fín. No es­tá de­di­ca­da. Pe­ro to­das las ma­ña­nas, cuan­do se le­van­tan pa­ra ir a sus tra­ba­jos, mi­ran la fo­to y ha­blan con ella. “Buenos días, y mu­chas gra­cias “.

Siem­pre la ima­gi­na­ción su­pe­ra­da por la reali­dad.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.