“Me he enamo­ra­do de Ma­drid”

AC­TOR. En car­te­le­ra con In­tru­ders, de Juan Car­los Fres­na­di­llo, el ac­tor bri­tá­ni­co es­tre­na el 18 de no­viem­bre Ase­si­nos de éli­te.

Tiempo - - CULTURA - POR GLO­RIA SCO­LA tiem­po@gru­po­ze­ta.es

en el fes­ti­val in­ter­na­cio­nal de Ci­ne de Toronto se pa­san ca­da año 300 pe­lí­cu­las. En los pri­me­ros días coin­ci­den mu­chas de las pro­ta­go­ni­za­das por ce­le­bri­da­des -Geor­ge Cloo­ney, Brad Pitt...-, así que no es fá­cil ajus­tar una agen­da re­ple­ta de en­tre­vis­tas (tan­to pa­ra pe­rio­dis­tas co­mo pa­ra en­tre­vis­ta­dos). Cli­ve Owen (Co­ventry, In­gla­te­rra, 1964), ac­tor que em­pe­zó en el tea­tro con 13 años, es una de las es­tre­llas bri­tá­ni­cas con más éxi­to en Holly­wood. Ha pro­ta­go­ni­za­do fil­mes de to­do ti­po ( Clo­ser, Sin City, Plan ocul­to, Hi­jos de los hom­bres, Eli­za­beth: la edad de oro, Du­pli­city...) y aho­ra se pa­sa a un th­ri­ller de ac­ción en el que se zurra de lo lin­do con Ja­son Stat­ham, la ma­yor es­tre­lla ac­tual del gé­ne­ro. Ja­son Stat­ham no pa­re­ce tan gran­de ni tan ca­chas en per­so­na. ¿Ah, no? Pues te ase­gu­ro que es muy fuer­te. En Ase­si­nos de éli­te, di­ri­gi­da por el de­bu­tan­te Gary Mc­kendry, pro­ta­go­ni­zan una pe­lea bru­tal, y en ese gé­ne­ro él es­tá más es­pe­cia­li­za­do. Ese es su fuer­te, el ci­ne de ac­ción. Y pa­ra mí ha­cer esas es­ce­nas de lu­cha fue una ma­ra­vi­lla. Ja­son tie­ne mu­chas ap­ti­tu­des, mu­cha ex­pe­rien­cia, y na­tu­ral­men­te sube tu ni­vel en ese cam­po. Es in­glés, co­mo us­ted. ¿No le da­ba un po­co de mie­do la pe­lea? No. Me to­mo esas es­ce­nas igual que cual­quier es­ce­na de diá­lo­go. An­tes de ro­dar­las hay mu­cho tra­ba­jo. La co­reo­gra­fía, to­mas el rit­mo... lue­go, cuan­do lo ha­ces, es igual que en una es­ce­na de diá­lo­go. Quie­res lle­gar al pun­to en el que pa­rez­ca to­tal­men­te creí­ble y ha­cer­lo de la for­ma más fuer­te e in­ten­sa po­si­ble. Si una es­ce­na de diá­lo­go sa­le mal no pa­sa na­da. Aquí, en cam­bio, uno se pue­de lle­var un buen susto. Y gol­pes. Sí, pe­ro en la es­cue­la de in­ter­pre­ta­ción pe­leas so­bre el es­ce­na­rio y to­do se ba­sa en la con­fian­za y en el rit­mo. Ja­son es jus­to el ac­tor con el que re­sul­ta me­jor ha­cer­lo. Aquí uno sa­be dón­de van las fra­ses, y yo tam­bién si­go muy bien las nor­mas y sé que pue­do ser muy pre­ci­so en eso. Cuan­do tie­nes a dos per­so­nas así no hay sen­sa­ción de pe­li­gro, por­que se ba­sa en la con­fian­za y sa­bes que am­bos ac­to­res lo van a ha­cer bien. ¿Tu­vo que en­tre­nar­se pa­ra la pe­lea? Sí. For­ma par­te del per­so­na­je. Uno en­tre­na, ha­ce de­por­te, en­sa­ya. Cuan­do ha­ces co­sas de es­te ti­po es im­por­tan­te es­tar en for­ma. ¿De quién fue la idea de que us­ted lu­cie­ra bi­go­te? Mía, lo ad­mi­to. Vi pe­lí­cu­las de esa épo­ca en In­gla­te­rra y to­dos los hom­bres lle­va­ban bi­go­te. Era al­go muy po­pu­lar en esos años. Pen­sé que era lo ade­cua­do. ¿Qué le pa­re­ció a su mu­jer y a sus hi­jas? No les gus­ta­ba na­da. A mí tam­po­co [ríe], pe­ro era pa­ra la pe­lí­cu­la. Es­ta es la pri­me­ra vez que tra­ba­ja con Ro­bert de Ni­ro. Sí, y fue bien, aunque muy breve. En sus co­mien­zos, ¿era uno de sus ac­to­res fa­vo­ri­tos? Es uno de los me­jo­res ac­to­res de la His­to­ria. Si ha­ces una lis­ta de los me­jo­res ac­to­res él tie­ne que es­tar arri­ba, ¿no? ¿Y en per­so­na? Es un ti­po es­tu­pen­do. Con gran­des ac­to­res siem­pre es muy in­tere­san­te ver có­mo son en un ro­da­je: pue­des apren­der

“Ro­bert de Ni­ro es uno de los me­jo­res ac­to­res de la His­to­ria y ade­más un ti­po es­tu­pen­do”

mu­cho sim­ple­men­te ob­ser­ván­do­les. En es­ta pe­lí­cu­la yo veía la mu­si­ca­li­dad con la que lo ha­cía, la in­te­li­gen­cia, la ve­lo­ci­dad. Soy un gran fan su­yo y me hu­bie­ra gus­ta­do te­ner más es­ce­nas con él. Us­ted es un ac­tor in­glés que triun­fa en Amé­ri­ca. ¿Tu­vo que ha­cer mu­chos ajus­tes pa­ra adap­tar­se a Holly­wood? Por­que en Amé­ri­ca to­do es a lo gran­de: gran­des pre­su­pues­tos, vi­da a lo gran­de... Fue ex­tra­ño, por­que me ocu­rrió tar­de. Llevo ha­cien­do pe­lí­cu­las en In­gla­te­rra des­de ha­ce más de diez años. Tea­tro, te­le­vi­sión... Tu­ve un gran éxi­to en una se­rie cuan­do era muy jo­ven y sa­lí de to­do eso, de la te­le... Ya su­pe lo que su­po­ne te­ner un gran éxi­to, y tu­ve el tiem­po pa­ra ha­cer ajus­tes, y cuan­do ro­dé Cru­pier, que fue la pe­lí­cu­la que me abrió las puer­tas en Amé­ri­ca, caí un po­co en eso. Pu­de con ello por­que te­nía ex­pe­rien­cia en lo que su­po­nía, y me per­mi­tió man­te­ner los pies en la tie­rra. Pa­ra mí, cur­ti­do en el tea­tro, es­ta es una ca­rre­ra de fon­do. Nun­ca es­tu­ve lo­co por un gran éxi­to: creo que un buen tra­ba­jo pue­de lle­var­te a otro buen tra­ba­jo. ¿El éxi­to fue una es­pe­cie de ac­ci­den­te en su vi­da? Fue una suerte. Di­cen que es lo que me­nos te es­pe­ras. Cru­pier, de 1998, era una pe­lí­cu­la de 1,5 mi­llo­nes de dó­la­res [1,75 mi­llo­nes de eu­ros] y ni si­quie­ra que­rían es­tre­nar­la. Sa­lió y me abrió las puer­tas en Amé­ri­ca. Lo que más me im­por­ta es el tra­ba­jo. En Abu Da­bi ha­bló de Juan Car­los Fres­na­di­llo, con quien aca­ba­ba de ro­dar

In­tru­ders. Tu­ve una ex­pe­rien­cia bue­ní­si­ma y le ad­mi­ro mu­cho co­mo di­rec­tor. Tam­bién me lo pa­sé ge­nial en Ma­drid. He vuel­to cin­co ve­ces des­de que ter­mi­né la pe­lí­cu­la, me he he­cho va­rios buenos ami­gos ahí, pa­ra mí la co­mi­da es la me­jor que hay en el mun­do, tie­nen un vino mag­ní­fi­co, la vi­da allí es ge­nial; me enamo­ré de to­do eso. Y el fút­bol tam­bién es bueno.

¿Real Ma­drid o Li­ver­pool?

Siem­pre Li­ver­pool. Nun­ca Real Ma­drid. Re­cien­te­men­te ha ro­da­do una pe­lí­cu­la pa­ra te­le­vi­sión en la que ha­ce de He­ming­way. ¿Le gus­ta co­mo es­cri­tor? Me en­can­ta. Pa­ra pre­pa­rar­la lo leí to­do de él. Me di la ex­cu­sa de que es­ta­ba bien ha­cer­lo, por­que era pre­pa­ra­ción [ríe]. No es el ti­po de per­so­na­je que pue­des pre­pa­rar­te en dos se­ma­nas y em­pe­zar a ro­dar. Ni­co­le Kid­man ha­ce de Mart­ha Gell­horn, y el di­rec­tor es in­creí­ble, Phi­lip Kauff­man. Un gran guión, un pro­yec­to es­tu­pen­do.

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