Ci­ne y Co­ca-co­la

Tiempo - - HISTORIAS DE LA HISTORIA -

Co­mo una vuel­ta de tuer­ca a es­ta his­to­ria, Selz­nick de­ci­dió es­tre­nar su mí­ti­ca pe­lí­cu­la en Atlan­ta. La ga­la tu­vo lu­gar en el Loew’s Grand Thea­ter de esa ciu­dad, el 15 de di­ciem­bre de 1939, 75 años y un mes des­pués del in­cen­dio, y una mul­ti­tud en­tu­sias­ma­da re­ci­bió a las es­tre­llas mien­tras una ban­da to­ca­ba Di­xie, el himno de la Con­fe­de­ra­ción. Pe­ro en reali­dad Atlan­ta no era ya una tí­pi­ca ciu­dad del Sur. En 1886, en la far­ma­cia Ja­cobs, se ha­bía in­ven­ta­do una be­bi­da me­di­ci­nal lla­ma­da Co­ca-co­la. Co­mo se­de de la mul­ti­na­cio­nal más fa­mo­sa del mun­do, era en el si­glo XX una ciu­dad di­ná­mi­ca y pro­gre­sis­ta, sin na­da que ver con los tó­pi­cos nos­tál­gi­cos del Sur. En 1963 el al­cal­de Allen fue el úni­co re­gi­dor de una ciu­dad del Sur que se de­cla­ró en el Con­gre­so de EEUU a fa­vor de las le­yes de in­te­gra­ción ra­cial, y de Atlan­ta sa­lió el gran lu­cha­dor por la igual­dad de los ne­gros Mar­tin Lut­her King.

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