“Quiero ha­cer más pe­lí­cu­las en es­pa­ñol”

Tiempo - - CULTURA - POR GLO­RIA SCO­LA

es­tre­lla de ci­ne, ac­tor de tea­tro -el pa­sa­do 4 de no­viem­bre es­tre­nó en Ma­drid la obra Pur­ga­to­rio-, poe­ta, pin­tor, fo­tó­gra­fo... y una de las ce­le­bri­da­des más in­tere­san­tes y ama­bles de la ac­tua­li­dad. Ese es Vig­go Mor­ten­sen (Nue­va York, 1958), un po­li­fa­cé­ti­co ar­tis­ta que de­bu­tó en la gran pan­ta­lla con Úni­co tes­ti­go, don­de ha­cía de gran­je­ro amish, y que al­can­zó la fa­ma co­mo Ara­gorn en la tri­lo­gía de El se­ñor de los ani­llos. A las ór­de­nes de Da­vid Cro­nen­berg, que le di­ri­gió en Una his­to­ria de vio­len­cia, ob­tu­vo la no­mi­na­ción al Os­car al me­jor ac­tor por Pro­me­sas del Es­te. Aho­ra re­pi­te con el rea­li­za­dor ca­na­dien­se en Un mé­to­do pe­li­gro­so, pe­lí­cu­la aplau­di­da en los fes­ti­va­les de Ve­ne­cia y Toronto y que na­rra las re­la­cio­nes afec­ti­vas y pro­fe­sio­na­les en­tre Sig­mund Freud (Mor­ten­sen), Carl Jung (Mi­chael Fass­ben­der) y la pa­cien­te de am­bos Sa­bi­na Spiel­rein. Aquí in­ter­pre­ta al mis­mí­si­mo Freud. ¿Con qué teo­ría se iden­ti­fi­ca más, con la de él, que tie­ne con­no­ta­cio­nes más se­xua­les, o con la de Jung, en la que hay más ten­sión mi­to­ló­gi­ca y es­pi­ri­tual? Hmm. An­tes de ha­cer la pe­lí­cu­la es­ta­ba más in­for­ma­do so­bre Jung. Ha­bía leí­do co­sas, aunque tam­bién de Freud. Freud en reali­dad es­ta­ba in­clu­so más in­for­ma­do en te­mas de mi­to­lo­gía. Si ves sus es­tu­dios, son egip­cios, ro­ma­nos y grie­gos, con sím­bo­los mi­to­ló­gi­cos y ma­te­rial re­li­gio­so. Te­nía una bi­blio­te­ca in­creí­ble. En reali­dad las di­fe­ren­cias en­tre am­bos no ver­sa­ban so­bre su in­te­rés o in­for­ma­ción, sino so­bre su for­ma de apro­xi­mar­se a ese ma­te­rial. En reali­dad no ten­go que ele­gir. Creo que Freud sen­tía que te­ne­mos que ser rea­lis­tas y que te­ne­mos que ha­cer po­si­ble que la per­so­na ten­ga con­cien­cia de los obs­tácu­los que tie­ne y quién es, pe­ro que uno se mien­te a sí mis­mo si cree que va a cam­biar la na­tu­ra­le­za de al­guien. Na­die va a cam­biar quién eres, pe­ro, qui­zá ha­blan­do, dos per­so­nas pue­den ayu­dar­se mu­tua­men­te, y en eso es­toy de acuer­do. Y de­pen­de de uno mis­mo lo que uno ha­ga con eso. La teo­ría de Freud da mu­cha li­ber­tad. Se di­ce que era muy rí­gi­do, pe­ro yo pien­so que no, él da­ba a la gen­te la li­ber­tad de en­con­trar su pro­pio ca­mino. Él no cu­ra, sino que le da a la gen­te las he­rra­mien­tas pa­ra que pue­dan ser ellos mis­mos. ¿Qué re­tos le su­pu­so ha­cer es­te per­so­na­je? Mu­chos, por­que me en­can­tó que tu­vie­ra tan­to diá­lo­go. Nor­mal­men­te mis per­so­na­jes son me­nos ver­ba­les, se ex­pre­san más a tra­vés de ges­tos fí­si­cos, así que fue al­go muy in­ten­so des­de el pun­to de vista men­tal. Ade­más, ¡Freud fu­ma­ba 20 pu­ros al día! Pe­ro vol­ver a tra­ba­jar con Da­vid [Cro­nen­berg] ha si­do un pla­cer. Lo que más me gus­ta de él es su in­te­li­gen­cia y su sen­ti­do del hu­mor. Oja­lá ha­ga­mos una se­cue­la de Pro­me­sas del Es­te. ¿Y qué tal con Kei­ra Knightley y Mi­chael Fass­ben­der? Se pre­pa­ran de una for­ma muy dis­tin­ta, pe­ro en am­bos ca­sos los re­sul­ta­dos son buenos. Ten­go más es­ce­nas con Mi­chael y la ver­dad es que nos lle­va­mos muy bien. En cuan­to a Kei­ra, creo que ha­ce una ac­tua­ción ex­ce­len­te. Us­ted sal­tó a la fa­ma con El se­ñor de los ani­llos. ¿Le cam­bió su vi­da? Sí, des­de un ni­vel prác­ti­co cam­bió mi vi­da pro­fe­sio­nal­men­te y pu­de tra­ba­jar con Cro­nen­berg la pri­me­ra vez, por­que el es­tu­dio ja­más me hu­bie­ra apro­ba­do pa­ra Una his­to­ria de vio­len­cia si no hu­bie­ra si­do por eso. Tam­po­co hu­bie­ra po­di­do ha­cer Ala­tris­te, que era una gran res­pon­sa­bi­li­dad, y mu­chos otros per­so­na­jes, así que cam­bió mu­chas co­sas. Y co­mo ex­pe­rien­cia de vi­da fue una eta­pa re­la­ti­va­men­te lar­ga tra­ba­jan­do en la mis­ma his­to­ria. Lo dis­fru­té. Nue­va Ze­lan­da me re­cor­da­ba a al­gu­nas par­tes de Ar­gen­ti­na [don­de se crió] y me gus­ta es­tar fue­ra. Fue una gran ex­cu­sa pa­ra es­tu­diar co­sas que ha­bía apren­di­do de ni­ño y ex­plo­rar la mi­to­lo­gía. Ha­bla­ba de Ala­tris­te, ro­da­da en es­pa­ñol. Aho­ra ha­ce tea­tro en es­pa­ñol y ha ro­da­do en Ar­gen­ti­na To­dos te­ne­mos un plan. Sí, es un th­ri­ller psi­co­ló­gi­co, una pe­lí­cu­la muy di­fí­cil que he he­cho en Ar­gen­ti­na, y en cier­ta for­ma me hi­zo pen­sar en Un mé­to­do pe­li­gro­so, por­que in­ter­pre­to a dos ge­me­los, así que en­glo­ba la idea de co­no­cer a al­guien, de pen­sar por él, de ex­pe­ri­men­tar. Son dos ge­me­los, uno se mue­re y el otro se ha­ce pa­sar por él. Al prin­ci­pio le pa­re­ce fá­cil, por­que vi­ve en el cam­po, pe­ro se da cuen­ta de que ca­da per­so­na que le ve, le di­ce: “¡Ho­la!”, y él no sa­be si los co­no­ce o no. ¿So­mos ami­gos? ¿Ese pe­rro es mío? Cuan­do uno se po­ne li­te­ral­men­te en los za­pa­tos de otro, su ro­pa, su ca­sa, su vi­da... hay tan­to que no sa­bes... Co­no­cien­do a su her­mano apren­de mu­cho de sí mis­mo, y creo que eso ocu­rre cuan­do es­cu­chas y afec­ta en el psi­coa­ná­li­sis. ¿Se­gui­rá ha­cien­do pe­lí­cu­las en es­pa­ñol? Sí, es­toy se­gu­ro. Me en­can­ta.

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