Ra­fa Na­dal

Tiempo - - SUMARIO - POR SEBASTIÁN FEST (DPA)

a un me­tro de dis­tan­cia, es­ti­rán­do­se en una si­lla no pre­ci­sa­men­te có­mo­da y con los ojos en­tre­ce­rra­dos, Ra­fael Na­dal pa­re­ce un jo­ven más, esa per­so­na co­mún que su­til­men­te la­men­ta no po­der ser. El te­nis­ta más gran­de de to­dos los tiem­pos so­bre tie­rra ba­ti­da, y uno de los más exi­to­sos de la his­to­ria en ge­ne­ral, es­tá ahí, con la al­moha­da aún pe­ga­da a su ros­tro en un me­dio­día de sá­ba­do en Londres, don­de trans­cu­rre la en­tre­vis­ta. La idea es ha­blar de to­do, de lo que lo­gró y no lo­gró en 2011, de las ra­zo­nes de ello, pe­ro so­bre to­do de lo que in­ten­ta­rá que su­ce­da en 2012.

Tras ca­si una dé­ca­da co­mo pro­fe­sio­nal, tras ha­ber ga­na­do to­do aque­llo con lo que sue­ña un te­nis­ta, Na­dal es­tá an­te una en­cru­ci­ja­da de­ri­va­da de una pa­ra­do­ja: su éxi­to, mu­cho ma­yor que el que él mis­mo soñó, lo fuer­za a pe­dir más, a es­tar dis­con­for­me cuan­do un año se cie­rra co­mo 2011.

“Es­to es tam­bién el pre­cio de lo que uno ha con­se­gui­do an­tes... Na­da es su­fi­cien­te, ¿no? No pa­ra los de­más, sino pa­ra uno mis­mo”, ex­pli­ca el nú­me­ro dos del mun­do. 2011 fue un año de re­gus­to amar­go: ga­nó un Grand Slam, sí, pe­ro per­dió las otras dos fi­na­les que ju­gó, par­te de las seis que lo vie­ron, en to­tal, in­cli­nar­se an­te el ser­bio No­vak Djo­ko­vic, el hom­bre que en ju­lio le arre­ba­tó el nú­me­ro uno del mun­do. “Al fin y al ca­bo uno no siem­pre es­tá con la mis­ma ilu­sión, la mis­ma in­ten­si­dad men­tal”.

El te­ma de la “in­ten­si­dad men­tal” vol­ve­rá una y otra vez en la en­tre­vis­ta: Na­dal di­ce que su men­ta­li­dad no fue es­te año la que acos­tum­bra­ba ser, pe­ro re­cha­za la po­si­bi­li­dad de tra­ba­jar con un psi­có­lo­go, al­go que mu­chos de­por­tis­tas de pri­mer ni­vel sí ha­cen.

Us­ted vie­ne in­sis­tien­do en que su men­ta­li­dad no fue en 2010 la de otras épo­cas. Eso es fun­da­men­tal en un jue­go

co­mo el su­yo, en el que se pue­de de­cir que la men­te es el me­jor “gol­pe”. En los úl­ti­mos siete años mu­cho se ha ha­bla­do de que es­ta­ba le­sio­na­do, que no sé qué. Mu­cho. Es ver­dad que he te­ni­do pro­ble­mas fí­si­cos, evi­den­te­men­te, pe­ro si hu­bie­ra te­ni­do al­gún pro­ble­ma fí­si­co se­rio no hu­bie­ra po­di­do es­tar du­ran­te siete años con­se­cu­ti­vos en­tre los dos pri­me­ros del mun­do.

¿Su es­ti­lo de jue­go le exi­ge más en lo fí­si­co que a otros ju­ga­do­res? No, pe­ro, a lo me­jor, mi con­cen­tra­ción tie­ne que ser ma­yor que la de un Fe­de­rer, un Mu­rray o un Djo­ko­vic, por­que ellos tie­nen la fa­ci­li­dad de te­ner un gol­pe mu­cho más de­ci­si­vo que los míos.

Hay, en­ton­ces, un ma­yor des­gas­te pa­ra us­ted que pa­ra otros. Es­to tie­ne un des­gas­te men­tal, aunque los otros en al­gún mo­men­to se pa­ran. Pe­ro tam­bién ten­go la ilu­sión de su­pe­rar es­tos úl­ti­mos me­ses, que no han si­do po­si­ti­vos. A la ho­ra de com­pe­tir me ha fal­ta­do un po­co más de pa­sión por el jue­go, ma­yor in­ten­si­dad en mis gol­pes, en mis pier­nas y men­tal. Lo más im­por­tan­te que fal­ta es la in­ten­si­dad men­tal, que es la que lle­va a to­do lo de­más.

¿Le mo­les­ta que se di­ga que su men­te es su me­jor gol­pe? No me mo­les­ta, pe­ro la gen­te es­tá muy equi­vo­ca­da cuan­do di­ce que soy un ju­ga­dor fí­si­co. Hay mu­cha gen­te que co­rre más que yo.

Pe­ro la ca­be­za es un plus... Es evi­den­te que si es­tás can­sa­do de ca­be­za eso se no­ta, pe­ro si tie­nes un gol­pe de­ci­si­vo, co­mo Fe­de­rer, el can­san­cio men­tal se di­si­mu­la. Ten­go que es­tar bien men­tal­men­te, ese ha si­do uno de los fuer­tes a lo lar­go de to­da mi ca­rre­ra. Bo­ris Bec­ker di­ce que en 2011 us­ted ju­gó tác­ti­ca­men­te bien has­ta las fi­na­les, pe­ro que en las seis que per­dió con Djo­ko­vic su error fue in­sis­tir­le con el dri­ve cru­za­do al re­vés, por­que ese es el me­jor gol­pe del ser­bio. Creo que no es así. Yo no he es­ta­do al ni­vel es­te año y con­tra él no he ju­ga­do co­mo otras ve­ces. Que mi gol­pe de de­re­cha no ha­ce da­ño con­tra su re­vés... bueno, ha he­cho da­ño en el pa­sa­do, en In­dian Wells ha­cía da­ño. Lo veo más un te­ma men­tal.

In­sis­te una y otra vez en el as­pec­to men­tal. ¿Pen­só en con­tra­tar un psi­có­lo­go? No lo hi­ce ja­más y la ver­dad es que no lo pien­so ha­cer. Res­pe­to el tra­ba­jo de un psi­có­lo­go, evi­den­te­men­te, pe­ro pa­ra ju­gar al te­nis, no.

Hay al­go que lla­ma la aten­ción: en el US Open de 2010, que us­ted ga­nó, sa­ca­ba muy bien, pe­ro lue­go ese ser­vi­cio se fue es­fu­man­do, y es­ta tem­po­ra­da ya no sa­ca tan bien. No, he sa­ca­do bien du­ran­te mu­chos mo­men­tos de 2010. Em­pe­cé 2011 sa­can­do bien. Con el sa­que ten­go un pro­ble­ma, y es que me voy per­dien­do. Ten­go una coor­di­na­ción más com­pli­ca­da, y ten­go que tra­ba­jar y em­pe­zar

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