“No tie­ne sen­ti­do es­con­der lo que es­tá ocu­rrien­do”

Go­ya Toledo (Arre­ci­fe, Is­las Ca­na­rias, 1969) ha co­men­za­do 2012 con buen pie: su pa­pel en la pri­me­ra pe­lí­cu­la de Paco Aran­go, ‘Mak­tub’, le ha co­lo­ca­do co­mo can­di­da­ta al pre­mio Go­ya. Así pues, los pe­rio­dis­tas in­ge­nio­sos qui­zás ten­gan una bo­ni­ta opor­tu­ni­dad

Tiempo - - LA ÚLTIMA - GO­YA TOLEDO AC­TRIZ

Mak­tub es de esas pe­lí­cu­las en las que es fá­cil rom­per a llo­rar… Sí, es una pe­lí­cu­la que te lle­ga al co­ra­zón. Es una his­to­ria en la que hay mu­cho de co­me­dia, pe­ro no de­ja de ser un dra­ma.

Mak­tub sig­ni­fi­ca en ára­be “lo que es­tá es­cri­to”. ¿Us­ted cree en el des­tino? Sí, y ca­da vez más. Y creo que creer en el des­tino te da cier­ta paz. ¿De ver­dad cree que hay al­go o al­guien que mue­ve los hi­los de es­te mun­do? Sí, creo que hay una fuer­za o ener­gía o co­mo que­ra­mos lla­mar­lo que mue­ve mu­chos hi­los. ¿Qué ¿Quién cree sa­be? que Es hay un des­pués mis­te­rio. de Na­die la muer­te? lo ha po­di­do Vol­va­mos con­tar a la pe­lí­cu­la. to­da­vía. Es la his­to­ria de un ni­ño con cán­cer que, a pe­sar de que sa­be que va a mo­rir, en­ca­ra la vi­da con mu­cho op­ti­mis­mo. Sor­pren­de tan­ta inocen­cia… Sí, pe­ro es cier­to. La pri­me­ra vez que fui a un hos­pi­tal pa­ra vi­si­tar a al­gu­nos ni­ños en­fer­mos me lla­mó la aten­ción que allí to­do era ale­gría. La ver­dad es que les en­tien­do por­que, si no se lo to­man de for­ma po­si­ti­va, es im­po­si­ble que sal­gan ade­lan­te. En la pe­lí­cu­la los ni­ños ha­blan del cán­cer sin ta­pu­jos. ¡Qué hi­pó­cri­tas so­mos a ve­ces los adul­tos con es­tas co­sas de hos­pi­ta­les! Sí, de­be­ría­mos ha­cer lo mis­mo que ellos. No tie­ne sen­ti­do es­con­der lo que es­tá ocu­rrien­do. Hay mu­chas co­sas en la vi­da que no ha­bla­mos por te­mor a re­co­no­cer que van mal. Las co­sas hay que ha­blar­las. Es­ta es la pri­me­ra pe­lí­cu­la de Paco Aran­go. ¿Có­mo es co­mo di­rec­tor? Es fan­tás­ti­co, a mí me sor­pren­dió mu­chí­si­mo. Ha con­se­gui­do con­tar una his­to­ria de for­ma sim­ple y des­de los sen­ti­mien­tos.

Ha­ce de ca­na­ria y re­cu­pe­ra su acen­to. Sí, lo que pa­sa es que yo soy de Lan­za­ro­te y en la pe­lí­cu­la in­ten­té igua­lar mi acen­to con el de mi hi­jo, que tie­ne un acen­to muy pro­nun­cia­do de Las Pal­mas. ¿Es ver­dad que al lle­gar a Ma­drid se lo tu­vo que qui­tar pa­ra po­der tra­ba­jar? Sí, a no ser que bus­ca­ran a un ca­na­rio, me de­cían que me qui­ta­ra el acen­to pa­ra te­ner más po­si­bi­li­da­des de tra­ba­jar.

¿Le re­sul­tó di­fí­cil? Mu­cho, yo creo que es más fá­cil apren­der un idio­ma des­de ce­ro. Me ima­gino que, a pe­sar de ello, cuan­do va a Ca­na­rias se le pe­ga­rá en­se­gui­da… No ne­ce­si­to via­jar, se me pe­ga en cuan­to ha­blo por te­lé­fono con mis her­ma­nas.

¿Cuán­do le va a lla­mar Pe­dro Al­mo­dó­var? Cuan­do él quie­ra. Se­ría un sue­ño, pe­ro me pon­dría su­per­ner­vio­sa. Su­pon­go que me tem­bla­rían las pier­nas. Me en­can­ta su ci­ne y oja­lá al­gún día lle­gue, pe­ro yo no soy de las que in­sis­ten, lla­man, le ti­ran de la cha­que­ta…

¿Le ob­se­sio­na tra­ba­jar en Holly­wood? No me des­agra­da, pe­ro soy rea­lis­ta. Mi si­tio aho­ra es­tá aquí.

¿Y us­ted por qué no ha­ce tea­tro? Me en­can­ta y he te­ni­do opor­tu­ni­dad, pe­ro las ofer­tas siem­pre me han coin­ci­di­do con otros tra­ba­jos. Hay ac­to­res que di­cen que has­ta que no ha­cen tea­tro no se que­dan a gus­to. ¿Tie­ne esa mis­ma sen­sa­ción? Yo es­tu­dié tea­tro du­ran­te cua­tro años, así que ya sé lo que es, no me ob­se­sio­na tan­to ha­cer tea­tro.

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