en­tre­vis­ta

Icíar Bo­llaín

Tiempo - - TIEMPO - POR GLO­RIA SCO­LA FO­TO: PA­CO LLA­TA

con su voz sua­ve y muy agra­da­ble al oí­do, Icíar Bo­llaín (Ma­drid, 1967) en­ga­ña. En­ten­dá­mo­nos. En­ga­ña por­que man­da mu­chí­si­mo. En un ro­da­je sa­be per­fec­ta­men­te lo que quie­re y has­ta que no lo con­si­gue, no pa­ra. Di­ce Ve­ró­ni­ca Eche­gui, la pro­ta­go­nis­ta de Kat­man­dú, un es­pe­jo en el cie­lo, que es du­ra. Tan du­ra co­mo bue­na y efi­caz sa­can­do lo me­jor de un ac­tor. Re­cuér­de­se que la pro­pia ci­neas­ta tam­bién es ac­triz -Víc­tor Eri­ce la des­cu­brió sien­do una ni­ña pa­ra El Sur (1983)- y aun­que se nie­ga a di­ri­gir­se a sí mis­ma, sí uti­li­za sus co­no­ci­mien­tos guian­do a otros. En la Ci­ne­te­ca del Pa­seo de la Cho­pe­ra (ci­ne­te­ca­ma­drid.com) la di­rec­to­ra de Ho­la, ¿es­tás so­la?, Flo­res de otro mun­do, Te doy mis ojos, Ma­taha­ris y Tam­bién la llu­via ha­bla con Tiem­po de su úl­ti­ma crea­ción, que opta el 19 de fe­bre­ro a dos pre­mios Go­ya: me­jor ac­triz (Ve­ró­ni­ca Eche­gui) y me­jor guión adap­ta­do (Icíar Bo­llaín con la co­la­bo­ra­ción de Paul La­verty). Kat­man­dú, un es­pe­jo en el cie­lo es­tá ins­pi­ra­da en las vi­ven­cias de Vic­to­ria Su­bi­ra­na, Vicky Sher­pa, una maes­tra que mon­tó una es­cue­la en las cha­bo­las de Kat­man­dú en los años 90. Us­ted mez­cla fic­ción y reali­dad pe­ro, ¿có­mo le lle­gó la his­to­ria? Por uno de los pro­duc­to­res, Larry Le­ve­ne, ami­go per­so­nal de la maes­tra. Que­ría lle­var ade­lan­te el pro­yec­to y me lo plan­teó. Me dio el li­bro es­cri­to por ella, Una maes­tra en Kat­man­dú, en­con­tré elementos muy atrac­ti­vos pa­ra con­tar en una pe­lí­cu­la y creo que pa­ra el es­pec­ta­dor es­pa­ñol es muy atrac­ti­vo. A mí, que me sien­ten en una bu­ta­ca y me lle­ven a Kat­man­dú me ape­te­ce mu­cho. Es us­ted muy va­lien­te. Un ro­da­je en in­glés, en Kat­man­dú, don­de ima­gino que no se ha ro­da­do nin­gu­na otra pe­lí­cu­la... Es­pa­ño­la, no. Ahí ro­dó Ber­to­luc­ci co­sas de El pe­que­ño Bu­da, pe­ro no co­mo si fue­ra Kat­man­dú. ¿Y no es di­fí­cil ro­dar allí? ¿Los per­mi­sos, por ejem­plo? Bueno, pen­sá­ba­mos que allí ha­bía una in­dus­tria más desa­rro­lla­da, y es bas­tan­te bá­si­ca. Ha­bía que lle­var mu­chas co­sas de fue­ra: téc­ni­cos, ma­te­rial eléc­tri­co, cá­ma­ras... To­do. Y aun­que sí rue­dan, no ha­cen ro­da­jes de la en­ver­ga­du­ra de los nues­tros. Y eso que es­ta es una pe­lí­cu­la muy sen­ci­lla. Cuan­do les de­cía­mos que te­nía­mos que cor­tar las ca­lles, lo fli­pa­ban, por­que ellos no cor­tan na­da. Rue­dan [ri­sas], y el que pa­se por de­lan­te, pa­só. O cuan­do cam­biá­ba­mos car­te­le­ría -por­que la his­to­ria ocu­rre ha­ce 20 años- se que­da­ban fas­ci­na­dos. “¡Nos vais a qui­tar co­sas!”. A ve­ces te da­ban un per­mi­so pa­ra ro­dar al­go, pe­ro no sa­bían que te lo ha­bían da­do. Y cuan­do ya lo des­cu­brían, lo fli­pa­ban y se en­fa­da­ban. “¡Pe­ro si les he­mos di­cho que va­mos a cor­tar la plaza do­ce ho­ras!”. “Ah, no, no” [ríe]. Ha­bía mu­chos ma­len­ten­di­dos y lost in trans­la­tions. ¿Qué es lo que más le lla­mó la aten­ción de Ne­pal? ¿La po­bre­za ex­tre­ma, qui­zá? No, y no es tan po­bre. Quie­ro de­cir, es un país po­bre con in­fra­es­truc­tu­ras muy bá­si­cas, pe­ro me lla­mó la aten­ción que las cha­bo­las son muy pe­que­ñi­tas, no tie­nen el tamaño de las de la In­dia, y vas tran­qui­lí­si­mo por ahí. Hay ce­ro in­se­gu­ri­dad ciu­da­da­na. Es un país sú­per­se­gu­ro, co­ges ta­xis por la no­che y lo que sí sue­le pa­sar es que se pierda

“En Kat­man­dú a ve­ces te da­ban un per­mi­so pa­ra ro­dar al­go, pe­ro no sa­bían que te lo ha­bían da­do”

el ta­xis­ta, pe­ro no lo ha­ce pa­ra abrir­te la ca­be­za. Yo vol­ví va­rias no­ches so­la y pen­sa­ba: “Es­te me sa­ca aquí y me ha­ce lo que quie­ra”. Por­que ade­más es una ciu­dad en pe­num­bra, no tie­ne la ilu­mi­na­ción que hay aquí, y na­die sa­bía que es­ta­ba en un ta­xi. La gen­te es muy pa­cí­fi­ca, tran­qui­la, a pe­sar de que mu­chos vi­ven bas­tan­te re­gu­lar. Pe­ro tam­po­co hay una po­bre­za co­mo la que te­ne­mos en men­te con la In­dia. No. Yo creo que la red fa­mi­liar y la red co­mu­nal fun­cio­nan mu­cho. Sí que hay po­bre­za en el sen­ti­do de que cuan­do te me­tes en las ca­sas de la gen­te ves que hay un so­lo vá­ter pa­ra va­rias fa­mi­lias, o que no hay agua co­rrien­te o que se la suben. Pe­ro no te va­cu­nas de na­da. Es una po­bre­za co­mo es­truc­tu­ral. Es un país sin in­dus­tria. No pue­des be­ber el agua, por­que se mez­cla el agua de los po­zos con el agua de ellos. Ellos sí la be­ben, pe­ro a ti te afec­ta. La po­bre­za la ves más en la educación. Es una educación muy an­ti­gua, si­guen con el pa­lo, si­guen re­pi­tien­do las co­sas... Y si quie­res una bue­na educación tie­nes que pa­gar­la muy ca­ra. En eso es don­de ves que es po­bre. ¿La mo­ra­le­ja de la pe­lí­cu­la es: “p’alan­te”? Por­que a la pro­ta­go­nis­ta no de­jan de fas­ti­diar­la y le pa­sa de to­do, pe­ro ella si­gue en su em­pe­ño. P’alan­te co­mo los de Alicante [ríe]. Sí, pa­ga un pre­cio por el es­fuer­zo que ha­ce. ¿Y us­ted es op­ti­mis­ta? Sí. Ha ro­da­do con ac­to­res no pro­fe­sio­na­les ne­pa­le­ses, ni­ños, 3.000 ex­tras... La úni­ca ac­triz pro­fe­sio­nal de la pe­lí­cu­la es Ve­ró­ni­ca Eche­gui y me ha con­fe­sa­do que es us­ted du­ra, aun­que lue­go se en­ten­die­ron muy bien. Por cier­to, que me re­cuer­da un po­co a Pe­né­lo­pe Cruz. Y en el tono de voz, a us­ted. Sí, pue­de ser lo de la voz. Y sí, Ve­ró­ni­ca

“A la gen­te que no ha tra­ba­ja­do nun­ca hay que dar­le mu­chí­si­ma con­fian­za, pa­cien­cia y ca­ri­ño”

tie­ne un fí­si­co que a ve­ces re­cuer­da a di­fe­ren­te gen­te. Hay un plano que a mí me re­cuer­da a Ai­ta­na [Sán­chez Gi­jón] por­que es­tá man­za­ni­ta, son­ro­ja­di­ta, y a Pe­né­lo­pe... pue­de ser.

¿Por qué le gus­tó Ve­ró­ni­ca? Creo que le hi­zo prue­bas pa­ra el pa­pel.

Sí. Por­que tie­ne una es­pe­cie de en­tu­sias­mo vi­tal, y eso no es­ta­ba en el guion. El per­so­na­je es muy ca­be­zo­ta, con mu­cho te­són... No la ha­bía vis­to en

Yo soy La Jua­ni y me vino bien, por­que así la vi fres­ca. La ha­bía vis­to en El pa­tio

de mi cár­cel, un tra­ba­jo muy bo­ni­to, y po­co más. Trans­mi­te mu­cha verdad, mu­cho en­tu­sias­mo, tie­ne una na­tu­ra­li­dad es­plén­di­da, una ca­pa­ci­dad emo­cio­nal im­pre­sio­nan­te...

¿Y por qué di­ce ella que es us­ted du­ra?

¡Po­bre! Por­que, o ella es­tá bien, o no hay pe­lí­cu­la. Te­nía un per­so­na­je muy di­fí­cil, con mu­chas es­ce­nas muy arri­ba de emo­ción, un re­par­to en el que es la úni­ca pro­fe­sio­nal, ella ro­da­ba todos los días, so­lo des­can­sa­ba uno, es­tá en to­das las se­cuen­cias, ro­dan­do en in­glés y en Ne­pal, sin ac­to­res es­pa­ño­les... To­do eso es un es­fuer­zo... Todos esos elementos le hi­cie­ron el tra­ba­jo di­fí­cil. Y en cuan­to a mí, mi ra­ción de pa­cien­cia la gas­ta­ba con los no pro­fe­sio­na­les, por­que lo que le tie­nes que dar a la gen­te que no ha tra­ba­ja­do nun­ca es mu­chí­si­ma con­fian­za, pa­cien­cia, ca­ri­ño, pa­ra que ha­gan su tra­ba­jo sin aver­gon­zar­se. Yo gas­ta­ba mi pa­cien­cia y ener­gía con todos ellos. Y con Ve­ró­ni­ca era: “¡Ven­ga, Ve­ro! Que tú eres pro­fe­sio­nal y a ti no ten­go que de­cir­te na­da”. Y no, se­ño­res, ¡tam­bién hay que de­cir­le [ríe]! La po­bre. Pe­ro yo tam­bién lo sé.

Por úl­ti­mo, us­ted ha si­do vi­ce­pre­si­den­ta de la Aca­de­mia de Ci­ne. ¿Ha he­cho ya las pa­ces con Álex de la Igle­sia?

¡Ya las hi­ce en­ton­ces!, antes de man­dar na­da [ríe]... Esa his­to­ria fue to­da un po­co de lo­cos.

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