Siem­pre pa­gan los mis­mos

Aun­que la subida del IRPF es muy pro­gre­si­va en los suel­dos y pen­sio­nes, una vez más de­ja en se­gun­do plano el mo­do en que afec­ta­rá a las ren­tas del aho­rro, so­bre las que ten­drá un im­pac­to mu­cho me­nor.

Tiempo - - TURNO DE PALABRA -

al re­ci­bir la nó­mi­na de es­te pa­sa­do mes de fe­bre­ro so­mos mu­chos quie­nes nos he­mos lle­va­do una sor­pre­sa que, aun­que anun­cia­da, ha si­do bas­tan­te des­agra­da­ble. Y es que la en­tra­da en vi­gor de la subida del IRPF apro­ba­da por el Go­bierno a prin­ci­pios de año se ha de­ja­do no­tar con un re­cor­te me­dio de ca­si 20 eu­ros en los suel­dos y pen­sio­nes de cer­ca de 17 mi­llo­nes de es­pa­ño­les.

Pa­ra va­lo­rar la con­ve­nien­cia o no de es­ta me­di­da pa­ra ga­ran­ti­zar unos in­gre­sos ex­tra con los que com­ba­tir el dé­fi­cit, con­vie­ne ha­cer una re­fle­xión so­bre el mo­do en que se ha lle­va­do a ca­bo. ¿Es pro­gre­si­vo? ¿Es equi­ta­ti­vo? ¿Quién es­tá car­gan­do real­men­te con la subida de im­pues­tos? Se­gún nues­tras es­ti­ma­cio­nes, los más de nue­ve mi­llo­nes de asa­la­ria­dos y pen­sio­nis­tas en el tra­mo más ba­jo de in­gre­sos -equi­va­len­te a un suel­do me­dio de 682 eu­ros men­sua­les- ape­nas se ve­rán afec­ta­dos por es­ta me­di­da, ya que la re­ten­ción so­lo su­birá unos dos eu­ros al mes.

No obs­tan­te, el im­pac­to co­men­za­rá a no­tar­se de for­ma más cla­ra en­tre los cin­co mi­llo­nes de tra­ba­ja­do­res con in­gre­sos men­sua­les en el en­torno de los 1.550 eu­ros, cu­yo re­car­go al­can­za­rá ya los 14 eu­ros men­sua­les. Al­go si­mi­lar ocu­rri­rá con ca­si dos mi­llo­nes de em­plea­dos del si­guien­te tra­mo, que co­bran de me­dia 2.370 eu­ros men­sua­les, pues en su ca­so es­te re­cor­te ex­tra se ele­va­rá has­ta los 41 eu­ros.

Que­da cla­ro, por tan­to, que la subida del IRPF es muy pro­gre­si­va, tres ve­ces más pro­gre­si­va que la pro­pia ta­ri­fa del IRPF, au­men­tan­do pro­por­cio­nal­men­te con­for­me lo ha­cen los in­gre­sos del tra­ba­ja­dor y me­no­res son sus car­gas per­so­na­les y fa­mi­lia­res, has­ta lle­gar al pun­to en el que los más afor­tu­na­dos -aque­llos con una nó­mi­na su­pe­rior a los 14.500 eu­ros men­sua­les- de­be­rán afron­tar un des­cuen­to me­dio de 1.350 eu­ros al mes, equi­va­len­te a to­do un suel­do pa­ra el común de los tra­ba­ja­do­res.

Es­te re­par­to pro­gre­si­vo del es­fuer­zo es, a prio­ri, una bue­na no­ti­cia, ya que ayu­da a que ha­gan un ma­yor es­fuer­zo pre­ci­sa­men­te aque­llos que más tie­nen. Es­te prin­ci­pio que­da con­fir­ma­do al com­pro­bar que la mi­tad de la re­cau­da­ción ex­tra -el 50,2% del to­tal- pro­ce­de­rá de las ren­tas in­fe­rio­res a 53.000 eu­ros anua­les, quie­nes su­po­nen el 94,6% de los de­cla­ran­tes. Sin em­bar­go, la pro­gre­si­vi­dad que­da en en­tre­di­cho al com­pro­bar que so­lo el 5,4% de los ciu­da­da­nos de­cla­ran ganar más de 53.000 eu­ros. De los cua­les, ape­nas un 0,8% de­cla­ra ganar más de 120.000 eu­ros anua­les. Es de­cir, el gra­va­men es muy pro­gre­si­vo, pe­ro fal­tan mu­chos de­cla­ran­tes de gran­des for­tu­nas pa­ra apli­car esa pro­gre­si­vi­dad.

Pe­ro es­te no es el úni­co pro­ble­ma en el plan­tea­mien­to de la subida del IRPF, y es que una vez más se de­ja en un se­gun­do plano el mo­do en que afec­ta­rá a las ren­tas del aho­rro, so­bre las que ten­drá un im­pac­to mu­cho me­nor en com­pa­ra­ción.

Con­cre­ta­men­te, se es­ti­ma que un 76,7% de lo que re­cau­da­rá es­ta me­di­da re­cae­rá una vez más so­bre los au­tó­no­mos, tra­ba­ja­do­res, pen­sio­nis­tas y per­so­nas que ha­yan que­da­do en si­tua­ción de des­em­pleo (4.111 mi­llo­nes de eu­ros), mien­tras que el gra­va­men so­bre los in­gre­sos más vin­cu­la­dos a los gran­des patrimonios, los pro­ce­den­tes del ca­pi­tal, tan so­lo apor­ta­rán el 23,3% res­tan­te (1.246 mi­llo­nes de eu­ros).

Aun­que es­te gra­va­men so­bre las ren­tas del aho­rro es tam­bién muy pro­gre­si­vo y se ha me­jo­ra­do la par­ti­ci­pa­ción de las ren­tas del ca­pi­tal en la subida im­po­si­ti­va, por des­gra­cia las gran­des for­tu­nas sa­ben bien có­mo evi­tar pa­gar a Ha­cien­da a tra­vés de he­rra­mien­tas co­mo las so­cie­da­des pa­tri­mo­nia­les o si­cav. Es­to no es nin­gu­na no­ve­dad, ya en las an­te­rio­res subidas del IRPF -apro­ba­das en 2010 y 2011- fue el ciu­da­dano de a pie quien tuvo que car­gar con los ma­yo­res es­fuer­zos. La his­to­ria se re­pi­te.

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