“Lo bueno es in­ter­ve­nir a los ban­cos ma­los”

Tiempo - - ECONOMÍA - POR M.C.

Us­ted vi­vió en pri­mer plano la cri­sis ban­ca­ria de los ochen­ta. Aho­ra te­ne­mos otra muy gra­ve... Es­ta es ex­ten­sa y pro­fun­da, y no so­lo en España, es in­ter­na­cio­nal. Se pue­de ha­blar de cri­sis sis­té­mi­ca. Otro ele­men­to di­fe­ren­cial de es­ta es la ac­tua­ción de los go­bier­nos au­to­nó­mi­cos, con am­plia ju­ris­dic­ción so­bre las ca­jas de aho­rros, que cons­ti­tu­yen el meo­llo –aun­que no la to­ta­li­dad- de la cri­sis. Es­to ha di­fi­cul­ta­do un tra­ta­mien­to ade­cua­do. ¿So­lo esa es la di­fe­ren­cia? Hay otra. No se ha re­co­no­ci­do des­de el prin­ci­pio el diag­nós­ti­co real del sis­te­ma. Se ha pues­to el én­fa­sis en re­du­cir el nú­me­ro de en­ti­da­des pa­ra ganar efi­cien­cia y no en la re­cons­truc­ción del ca­pi­tal y los re­sul­ta­dos. A es­to ha­bría que aña­dir el pro­ble­ma de Gre­cia y la cri­sis de la deu­da so­be­ra­na. Hay quie­nes no en­tien­den có­mo de­cía­mos tener la me­jor ban­ca del mun­do y que aho­ra sea un se­rio pro­ble­ma. Las dos co­sas son verdad, pe­ro en mo­men­tos his­tó­ri­cos di­fe­ren­tes. Te­nía­mos una ex­ce­len­te su­per­vi­sión y re­gu­la­ción y un ex­ce­len­te sis­te­ma fi­nan­cie­ro. Pe­ro la eu­fo­ria de los pri­me­ros años del si­glo, pro­vo­ca­da por el ex­ce­so de li­qui­dez in­ter­na­cio­nal, lle­vó a des­cui­dar la ca­li­dad del cré­di­to, tan­to por la con­cen­tra­ción en el in­mo­bi­lia­rio co­mo en ries­go. Sin em­bar­go, los su­per­vi­so­res cre­ye­ron que era un pro­ble­ma pa­sa­je­ro y que los pre­cios in­mo­bi­lia­rios se re­cu­pe­ra­rían rá­pi­da­men­te. Y aho­ra, ¿cuál se­rá el pre­cio?. Na­die sa­be cuál se­rá el cos­te úl­ti­mo de la cri­sis. El de­cre­to-ley di­ce que no se pa­ga­rá con di­ne­ro del con­tri­bu­yen­te y se com­pren­de en la ac­tual co­yun­tu­ra. Pe­ro he tra­ba­ja­do en unos 30 paí­ses en es­tos te­mas y no he vis­to que el con­tri­bu­yen­te de­je de apor­tar bue­na par­te del cos­te. Hoy es­tá prohi­bi­do por de­cre­to. En el fu­tu­ro ya se ve­rá. En es­ta cri­sis, us­ted no ha creí­do nun­ca en la crea­ción de un ban­co ma­lo... No me gus­ta la ex­pre­sión. De­fien­do me­ca­nis­mos co­mo el Fon­do de Ga­ran­tía, que sa­neó las en­ti­da­des com­pran­do los peo­res ac­ti­vos con ma­yo­res pér­di­das y asu­mien­do las pér­di­das re­sul­tan­tes de la li­qui­da­ción de esos ac­ti­vos. Pe­ro en España tam­bién ha ha­bi­do un pro­ble­ma de ima­gen, ¿no? Los ban­cos fran­ce­ses, ale­ma­nes y de otros paí­ses, que di­je­ron a Bru­se­las des­de el prin­ci­pio que te­nían ca­sos de in­sol­ven­cia, fue­ron au­to­ri­za­dos a ca­pi­ta­li­zar las en­ti­da­des. Y los dos o tres años que han ga­na­do se no­tan, aun­que si­gan con pro­ble­mas. ¿Cree que aca­ba­rá to­do con es­ta se­gun­da ola de fu­sio­nes? Yo lo lla­mo el pe­núl­ti­mo sa­nea­mien­to. La fór­mu­la bue­na es in­ter­ve­nir pron­ta­men­te un ban­co ma­lo, com­pro­bar las pér­di­das reales y ven­der­lo a un ban­co sano y fuer­te, que pue­da ha­cer­se con la ges­tión y que nos ol­vi­de­mos del pro­ble­ma. Esa idea es bue­na siem­pre que al ban­co bueno se le dé un apo­yo tal que im­pi­da su pro­pio de­te­rio­ro, por con­ta­mi­na­ción del ma­lo. Lo que es ma­lo es la fu­sión de dos ban­cos ma­los, que es lo que es­ta­mos vien­do.

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