El es­pas­mo

Tiempo - - OPINIÓN -

pues no, no era así. España no ha cam­bia­do tan­to. En su ima­gen de la reali­dad, la vic­to­ria aplas­tan­te no te­nía que ver con la de­fec­ción mos­tra­da por los vo­tan­tes an­te la in­cohe­ren­cia de los so­cia­lis­tas. Iba más allá. Era pro­duc­to de un gi­ro de­ci­si­vo, el fin de la so­cio­lo­gía de iz­quier­da, de ese país que no re­co­no­cen co­mo su­yo. Era por tan­to irre­ver­si­ble e ineludible. Iba a avan­zar has­ta co­par todos los res­qui­cios y a man­te­ner­se fir­me y con­ti­nua­da en el tiem­po por irre­le­van­cia del con­tra­rio. Lle­gan aho­ra los an­da­lu­ces y les de­vuel­ven la fo­to real. Les in­di­can cla­ra­men­te que hay mu­cho apo­yo co­yun­tu­ral, de sal­va­vi­das, que no ha re­sis­ti­do los in­cum­pli­mien­tos de pro­me­sas, el re­cor­te a los de­re­chos y li­ber­ta­des, la con­tra­rre­for­ma es­bo­za­da o la ame­na­za de esos pre­su­pues­tos sus­pen­di­dos por mo­ti­vos de in­te­rés. Los da­tos ya es­ta­ban ahí. En el úl­ti­mo tri­mes­tre del año pa­sa­do los da­tos re­fle­ja­ban que un 43,6% de los es­pa­ño­les

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