El co­lor jon­do del ar­te

La Ne­gra desafía ca­te­go­rías y ad­je­ti­vos. Im­por­tan las can­cio­nes y la ma­ne­ra de can­tar­las.

Tiempo - - CULTURA - J.M. GÓ­MEZ

la ne­gra na­ció en alicante y ha re­co­rri­do mu­cho pla­ne­ta, así que se ha que­da­do con pin­ce­la­das de flamenco, aro­mas de jazz y at­mós­fe­ras del rock in­die. Tie­ne un tono de voz de emo­cio­nes es­cu­rri­das en un com­pás que nos re­sul­ta tan fa­mi­liar co­mo sor­pren­den­te, y es que La Ne­gra no se pa­re­ce a na­die, le po­ne voz al Black trom­bo­ne de Ser­ge Gains­bourg, co­lo­ca si­len­cios so­bre las cuer­das e in­tro­du­ce de­ta­lles afri­ca­nos. Pro­vo­ca el mis­mo res­pe­to y adic­ción que las di­vas del jazz y la can­ción cuan­do pier­den los ma­la­ba­ris­mos de la voz pa­ra en­trar en otra di­men­sión. La Ne­gra se apo­ya en el gui­ta­rris­ta cor­do­bés Juan Fer­nán­dez, el Panky, que re­clu­ta a mú­si­cos de rock cre­pus­cu­lar co­mo Ho­we Gelbb. Pue­de que los oyen­tes se que­den en el con­tras­te en­tre el co­lor de su piel y el de su voz: que bus­quen los pun­tos en común con la Bui­ka o que cie­rren los ojos y mi­ren ha­cia den­tro.

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